Tenis

Errani, el triunfo del sufrimiento

La italiana, que exprime como pocas sus virtudes para compensar los defectos, logra el título más importante de su carrera al vencer en la final de Dubái a Barbora Strycova

Errani, con el trofeo tras ganar el torneo de Dubái.

Errani, con el trofeo tras ganar el torneo de Dubái. EFE

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Todavía es posible ganar títulos sin medir dos metros. Llevándose los brazos a la cabeza, Sara Errani celebró (6-0 y 6-2 a Barbora Strycova) el título más importante de su carrera en Dubái, el prestigioso torneo de categoría Premier con una histórica lista de ilustres ganadoras. La italiana, que hasta ahora solo había podido sumar un trofeo en pista rápida (Portoroz 2008), cerró con victoria una semana que empezó empinada como una cuesta y acabó de una forma impensable para ella.

Errani es una jugadora a contracorriente en la era del tenis de fuerza. La número 22 compite siendo consciente de sus limitaciones porque su planta (1,64m) está lejos de los 1,88m de Maria Sharapova, 1,83m de Victoria Azarenka o 1,82m de Garbiñe Muguruza y Petra Kvitova, por ejemplo. A diferencia de ellas, que pueden ir de la mano del combo más determinante en el circuito moderno (velocidad y potencia), la italiana tiene que suplir la falta de envergadura recurriendo a otras cosas, como la intensidad o la colocación.

“Hay jugadoras que cuentan con un coche más potente que Errani”, explicó Pablo Lozano, el técnico de la italiana, refiriéndose al físico de su pupila en comparación a la mayoría de las tenistas actuales. “Ella no tiene un coche tan potente, pero consigue hacer una conducción majestuosa. Quizás, hay otra gente que no tiene esa capacidad de conducir tan bien, pese a poseer un coche mejor“, prosiguió el entrenador español. “Como piloto se tiene que exigir al máximo y ser muy inteligente para estudiarlo todo al milímetro. Otras jugadoras, que tienen un gran coche, no consiguen ejecutarlo de esa forma”.

El símil de Lozano describe a la perfección cómo la italiana ha sabido exprimir al máximo sus virtudes para compensar lo que la genética le ha negado. Así, y buscando equilibrar sus problemas con el saque, Errani se ha convertido en una de las mejores restadoras del circuito (en 2016 gana el 42% de los juegos que disputa al resto y convierte un 50% de las pelotas de rotura que se procura). Además, y aunque no se puede medir estadísticamente, su inteligencia táctica está fuera de cualquier debate. En consecuencia, está claro que no puede competir a dos tiros, apuntando a las líneas como las grandes pegadoras, pero no hay jugadora que lo equilibre mejor, sumando en otros aspectos del juego.

“No puede querer lo que no puede tener”, reflexionó Lozano. “Por eso, intenta hacer con lo que tiene todo lo que puede”, prosiguió el entrenador, con frecuencia alabado por Errani gracias a su trabajo en la sombra. “Que sea buena tácticamente no es mérito mío, es mérito suyo. Yo le puedo decir lo mismo que muchos otros entrenadores”, explicó, quitándose importancia. “La capacidad que tiene de entenderlo y ejecutarlo es cosa completamente suya. Hay jugadoras a las que preguntas cuánto es dos más dos y es muy difícil que lo resuelvan. A Errani le haces una raíz cuadrada con multiplicación y división y te contesta con una obra de arte”.

En la final, la italiana firmó un comienzo apabullante (4-0 en 15 minutos y 6-0 en menos de media hora) que noqueó a Strycova, lejos del nivel que le permitió vencer a Ana Ivanovic en los cuartos de final. En cualquier caso, la italiana tuvo mucha culpa: peleó cada pelota con fiereza, estuvo brillante al resto y no perdió el nervio ni un segundo, impidiendo a la checa entrar a pelear por el trofeo. Lo hizo tras jugar sin encontrar su mejor nivel durante los partidos previos, por lo que tiene doble mérito.

“Son muchas semanas al cabo del año y la mayoría de los partidos no los afrontas con las mejores sensaciones, ritmo o confianza”, recordó el técnico de la 21 mundial, que corrió a abrazarle nada más terminar la final. “Hay que adaptarse a eso. Errani no llegaba a Dubái con muchos partidos encima y seguramente con un poco de presión por temas de ránking”, continuó sobre su pupila, eliminada a la primera en el Abierto de Australia y derrotada en sus dos partidos de Copa Federación ante Francia (con Italia jugándose el pase a semifinales). “Le tocaba sufrir. Y realmente ha sufrido. No es positivo por los partidos ganados, por los puntos o por la clasificación. Lo es porque ha conseguido sufrir, teniendo la oportunidad de ganar y volver a sufrir al día siguiente. Todo eso sin estar en las mejores condiciones. Ha sufrido mucho y por eso ha tenido premio”, se despidió el técnico, que mañana volará junto con la italiana a Doha, donde desde el lunes se juega el segundo torneo de la gira por Oriente Medio.

Antes, en cualquier caso, un título que sabe a gloria: ganar sufriendo siempre tiene valor doble.