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Nerea Pena: "No somos la generación perdida, sino la más enriquecida"

EL ESPAÑOL habla con la jugadora internacional de balonmano, a dos semanas para que comiencen los Juegos de Río de 2016.

Nerea Pena lanza a puerta.

Nerea Pena lanza a puerta. EFE

Acogerá al reggaetón como su compañero más fiel de viaje y someterá sus horas de espera –dependiendo de la voracidad con que consuma series– a los dictámenes de Prison Break. El vuelo, confortable, será el camino hacia el edén de sueños que acumula desde hace tiempo Nerea Pena (Pamplona, 1989). Una lesión la dejó sin Juegos en Londres 2012. Ahora, cuatro años después, como jugadora del Ferencvárosi Rail Cargo húngaro, será de la partida en Brasil. Con un nuevo idioma en su maleta, pero sin haber cambiado un mínimo: abusa todavía de la comida basura, pero no somete la conversación con EL ESPAÑOL a la brevedad con que se tritura cualquier fast food. Habla tranquila y serena. Y sólo firma el oro. Está ilusionada, eso no lo puede negar.

¿Qué siente cuando queda tan poco para el debut?

Bueno, hay nervios, pero, sobre todo, hay muchas ganas de que llegue la fecha. Sabemos que se acerca algo muy importante y queremos estar al 100%.

¿Qué ha echado en su maleta?

[Risas] Repelente contra los mosquitos, obviamente… Y, luego, el ordenador y esas cosas que te sirven para estar conectada con el mundo. Pero, sobre todo, muchas ganas e ilusión y todo lo necesario para competir. Queremos estar concentradas al 100% para luchar por las medallas.

Para los aficionados que no la tengan todavía localizada. Usted comenzó en el Itxaco, ¿qué le debe a ese club?

Allí es donde comencé a ser jugadora profesional. Estuve seis años y la verdad es que aprendí muchísimo, pero lo que más le debo es que me diera la oportunidad de ser jugadora, que es lo que soy ahora.

¿Y qué le debe el Itxaco a usted?

Dinero. A mí y a todas. Nos dejaron una deuda bastante 'interesante'. Por eso me fui a Hungría…

Como muchos españoles, tuvo que salir de aquí para trabajar en el extranjero. ¿Se considera parte de la generación perdida?

No somos la generación perdida, sino la más enriquecida. Salir fuera de España es de las mejores cosas que nos ha pasado porque hemos evolucionado muchísimo como jugadoras.

¿A qué le sonaba el Ferencvárosi Rail Cargo (su equipo) cuando llegó Hungría?

La verdad, cuando recibí la oferta, no sabía ni qué equipo era, pero sí que conocía a las jugadoras, y eso fue muy importante a la hora de tomar la decisión. También sabía que iba a jugar la Champions y eso me motivaba. A nivel de balonmano, es uno de los grandes del país.

¿A qué suena el húngaro?

A lo que quieras [risas]. No se entiende nada. Yo pensé que allí podría hablar inglés, pero fue misión imposible. Así que al principio me costó mucho. Me sonaba peor que el chino mandarín. Pero tengo la suerte de no tener vergüenza y me fui defendiendo. Hablaba en inglés a lo 'indio', llamaba a un amigo para que me pudiese traducir… Dentro de la pista era todo más fácil; ir al supermercado era lo complicado.

¿Cómo es posible que en un país como Hungría, en teoría más pobre, sea más fácil vivir del balonmano que en España?

Puede que el nivel de vida, en general, sea más bajo. Pero en la capital, por ejemplo, hay gente que vive bien, aunque es cierto que cuando te vas más lejos te das cuenta de las diferencias… Aparte de eso, lo que ocurre es que el país está volcado con el deporte. Hay mucha gente apoyándolo. Y, luego, el balonmano es el segundo deporte allí y, por lo tanto, hay patrocinadores, dinero…

¿Cómo de 'raros' son los húngaros?

Bueno, yo no diría que son raros, sino diferentes. Tienen otra cultura y, aunque de primeras puedan parecer más cerrados que nosotros y menos serviciales, cuando eres capaz de tener contacto con ellos, lo cierto es que te ayudan a muerte.

¿No se siente extraña ahora al volver a la selección?

[Risas] No, para nada. Al final, volver a la selección es como cuando jugaba en el Itxaco. Aquí tengo a mis amigas y todo eso. Allí estoy para trabajar. Aquí trabajo, pero también tengo otras muchas cosas.

Ya hablando de Río. En su grupo se encontrarán con Noruega, Brasil, Rumanía, Montenegro y Angola. ¿No está mal, no?

Bueno, ambos grupos son complicados y en el nuestro todas las selecciones son muy fuertes. Va a ser difícil, pero vamos a aspirar a ganar el oro y daremos el 100%, aunque casi cualquier rival puede llegar a la final. Aparte de eso, en mi caso particular, lo más complicado será superar el estar en los Juegos. Para mí es un sueño, pero imagino que los primeros días serán un poco de aturdimiento. Tendré que superar eso y concentrarme en la competición.

¿Suena peor el zika o el húngaro?

Bueno, el zika a mí me suena como a cualquiera a raíz de lo que hemos escuchado por televisión. Pero ya está. Sabemos que está ahí y que es uno de los grandes problemas de los Juegos, pero nos han explicado los riesgos y pueden ser muy bajos. Directamente, en cuanto a los efectos que puede tener para la competición, si te pica, los síntomas son parecidos a los de la gripe.

¿Cuál es el objetivo real que se plantean?

Igualar o mejorar lo que se hizo en Londres (ganar el bronce). Pero ojalá podamos llegar a la final y aspirar al oro.

Es una presión añadida el haber quedado terceras en Londres…

No. Es positivo. Por una parte, hay algunas que no estuvimos y no tenemos esa experiencia y, por otro lado, las que estuvieron ya saben lo que es y quieren volver a tener los mismos resultados. No hay problema.

Por cierto, ¿son tan 'guerreras' como dicen?

Sí. Ya te digo que no va a ser fácil jugar contra nosotras. Tenemos las expectativas muy altas y van a tener que luchar.

Si ganan les tocará 'quemar' Río…

Nos pegaremos una buena fiesta, eso seguro.