Ciclismo

Mikel Landa, el escalador inexplicable derrota otro virus

El español del Sky, adalid del futuro del ciclismo patrio, participa en la Vuelta al País Vasco con el Giro d’Italia en el horizonte tras superar una misteriosa enfermedad.

Mikel Landa rueda con el Sky.

Mikel Landa rueda con el Sky. @TeamSky

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Las cuevas donde tienen eco los rumores se denominan a sí mismas mentideros. Admiten implícitamente que en ellas vale hablar por hablar y, con ello, incurrir en la media verdad o en la completa mentira.

"Eso es absurdo", responde un técnico de Sky cuando se le consulta sobre un rumor de mentidero en torno a Mikel Landa. El eco dice que la transición desde Astana, de espíritu tradicional y latino, al conjunto británico, moderno y anglosajón, tecnológico y férreo, se ha hecho pelota al alavés. Los más atrevidos "amigos de" dicen que Dave Brailsford, máximo responsable deportivo de Sky, está arrepentido de su fichaje.

"Absurdo". El hecho que desata la especulación es el constante retraso de su debut, previsto para principios de febrero en la Volta a la Comunitat Valenciana y pospuesto hasta la Ruta del Sol para, según el equipo, "trabajar en la contrarreloj". Tampoco se presenta en la ronda andaluza ni en la siguiente carrera de su calendario, Tirreno-Adriático.

Volvemos al mentidero y escuchamos una historia sorprendente. Durante un entrenamiento en una de las largas concentraciones invernales de Sky, Landa se sintió tan débil que tuvo que subirse al coche de equipo. ¿Tal vez un virus ha atacado sus defensas, como ocurrió el invierno pasado? "No", niega flemático uno de sus directores deportivos, Dario Cioni, en la salida de una etapa de la Ruta del Sol; "sólo fue un resfriado, lo normal en esa época del año".

La figura

Mikel Landa (1989, Murguía) ha sido el favorito de los mentideros estos meses. Partamos de un aire de superclase evanescente sembrada en la ya lejana Vuelta a Burgos de 2011, en la que sorprendió imponiéndose a los buenos en las míticas Lagunas de Neila, y crecida en el pasado Giro d'Italia, cuando se reveló con dos victorias de etapa y un podio pese a estar supeditado a la lucha por la 'maglia rosa' de su entonces líder, Fabio Aru, con Alberto Contador.

Sumemos las expectativas de que tome el testigo del mentado Contador y otros ídolos como Alejandro Valverde o Purito Rodríguez con su habilidad escaladora. Añadamos las explicaciones poco convincentes de su equipo. Como guinda pongamos un carácter fuerte, atractivo para el público, que le lleva lo mismo a llorar frustrado por ver escaparse una victoria a raíz de unas órdenes de equipo que a saltárselas a la torera para ganar una etapa que le apetecía.

Efectivamente, Mikel Landa es una figura. Un personaje genial. Un talento inexplicable. "Un corredor único en su especie", dice de él su antiguo director Stefano Zanini. "Tiene la rara cualidad de mantenerse tranquilo en los momentos de máxima presión. Ya es un gran corredor y será aún más grande". Uno que le conoce desde hace tiempo, su antiguo coequipier y actual amigo Jorge Azanza, dice que se le ponen "los pelos de punta" de pensar hasta dónde puede llegar. Él dice de sí mismo que no sabe sus límites.

La genética

La gran pregunta sin responder en torno a Landa es: ¿Por qué no destacó hasta el pasado Giro? ¿Por qué no siguió una progresión lineal en el Euskaltel de sus comienzos, donde deseaban verle explotar? Contesta Azanza: "Porque siempre se ha tomado la bicicleta como un juego que se le daba bien. Desde joven se le veían mucho desparpajo y gran confianza en sí mismo y sus pruebas físicas arrojaban los datos de los elegidos. Pero fue en Astana donde maduró y se hizo ciclista".

"Lo mío es genética", sintetizó Landa en una entrevista con MARCA. "No lo sé, no encuentro una explicación, no controlas todo, ni para mal ni, como en este caso, para bien", decía cuando se le inquiría por cómo logra una condición física competitiva tan pronto. Donde otros invierten cinco o seis meses de concentraciones y carreras, a él le basta con tres.

Así ocurrió con el pasado Giro. Un citomegalovirus le tuvo parado hasta marzo. A primeros de abril anotó una etapa en la Vuelta al País Vasco. En mayo estaba con los mejores en las Dolomitas. El mismo truco quiere repetir este año.

La recuperación

Entonces, ¿qué ha pasado estos meses con Landa? "No lo sé", responde el interesado en AS. "Un virus que llegó y para cuando pudimos dar con él, ya se marchó". Sea como fuere, el alavés pudo pasar unas semanas de marzo entrenando en Alicante y debutó con los colores de Sky a finales de mes en la Settimana Coppi e Bartali, una modesta ronda italiana en la que inmediatamente se vio competitivo: ensayó una fuga en la última jornada y acabó 11º en la general final.

Su gran objetivo del año es claro: el Giro d'Italia. Espera llegar "justo", pero tiene "confianza" tras la experiencia del año pasado. Sus ambiciones son las máximas posibles: disputar la 'maglia rosa' con Vincenzo Nibali, Alejandro Valverde e Ilnur Zakarin. Para ello tendrá a sus órdenes al todopoderoso Sky, con König, Kennaugh y los también vascos Intxausti y López como escuderos principales.

Su siguiente parada antes del Giro es la Vuelta al País Vasco, que inició este lunes con victoria de Luis León Sánchez (Astana) ganando la mano a otro cachorro de Manolo Sáiz, Dani Navarro (Cofidis). Fue un apretado sprint de un pelotón selecto en el que figuraba el inexplicable escalador alavés.

El martes hay un final en alto, Garrastatxu, que Landa tiene entre ceja y ceja. También serán propicios para su lucimiento el jueves, reedición de la etapa que ganó el año pasado con el muro de Aia, y el viernes, tradicional final en alto en Arrate. No lo tendrá fácil con una nómina de competidores encabezada por Alberto Contador (Tinkoff) y Nairo Quintana (Movistar). Pero Landa es Landa. Ha sorprendido tantas veces que nada de lo que haga sorprenderá.