Ismael Monzón Roma

“Estás en un país maravilloso”, recuerdan periódicamente los carteles instalados en las autopistas italianas. El arte, la gastronomía, la historia, los paisajes, el clima… son algunas de las armas básicas de una nación que debería contar con matrícula de honor en el arte de la promoción. Según los datos de la patronal Confturismo, el año pasado visitaron Italia más de 56 millones de extranjeros. No es algo exclusivo del Bel Paese, aunque seguramente esté a la cabeza en cuanto al número de ciudades que ya mueren de éxito.

La última en defenderse de la invasión ha sido Florencia, a través del manguerazo preventivo. El ayuntamiento de la capital toscana ha decidido regar con agua y jabón las escalinatas de plazas e iglesias para que el turista no pueda sentarse en ellas. “Queremos evitar que la gente coma, beba y ensucie las calles como si estuviera en un restaurante. No pretendemos ser duros con las multas, sino que preferimos medidas más amables que creemos que pueden ser eficaces”, dijo el alcalde, Dario Nardella.

Un trabajador da un manguerazo en Florencia

Un trabajador da un manguerazo en Florencia EFE

Desde el consistorio señalan que estudian más medidas de este tipo para convivir con los fugaces visitantes de la Galeria de los Uffizi o el David de Miguel Ángel. Florencia, a unos 90 kilómetros del mar, es parada tradicional de los cruceros por el Mediterráneo, por lo que cada año recibe más de nueve millones de turistas. Asociaciones como la Sociedad Italiana para la Protección de los Bienes Culturales advierten de que el patrimonio “no es un bien de usar y tirar”, sino que requiere “seguridad y tutela”.

El presidente del colectivo, Roberto Conforti, opina que “el turismo de masas crea problemas” y no siempre representa un maná, ya que “aumenta la necesidad de la vigilancia, de ciertos servicios que en lugares sensibles como los yacimientos arqueológicos no se pueden instalar o amenazan el valor del entorno en caso de construirlos”. Desde el colectivo, que cuenta con dos décadas de historia –antes de que las aerolíneas low cost comenzaran a formar parte del vocabulario popular- aseguran que se cita a menudo el ejemplo de Florencia, Roma o Venecia, pero en los últimos tiempos otros lugares como Puglia (al sur) o Cerdeña sufren las mismas consecuencias.

Queremos evitar que la gente coma, beba y ensucie las calles como si estuviera en un restaurante. No pretendemos ser duros con las multas

En efecto, si hay un icono en Italia del turismo desmedido es Venecia. Una ciudad en la que la población local no deja de disminuir, hasta 56.000 personas en el centro histórico según datos de la oficina estadística de su ayuntamiento, por los cerca de 33 millones de turistas que recibe anualmente. Tan histórica es la reivindicación para que los cruceros no entren casi literalmente en el corazón de la ciudad a través de la Gran Laguna, que una agrupación llamada ‘No a las Grandes Naves’ ha convocado un referéndum popular para el próximo 18 de junio.

Aunque para la administración regional la eterna letanía es establecer un cupo máximo de personas que puedan acceder a la ciudad. Una bravata sin vistas de prosperar, que de cuando en cuando suelta el gobernador de la provincia del Veneto, el derechista Luca Zaia. Desde el ayuntamiento veneciano, la consejera de Turismo, Paola Mar, responde a este diario que esa hipótesis ni siquiera se maneja, ya que “no se puede impedir el libre tránsito en el espacio público”. “Distinto es el caso de la plaza de San Marco, considerada como lugar monumental, por lo que se podría cerrar en momentos puntuales”, señala la responsable, que aclara que una decisión de este tipo debería contar siempre con el consenso de las fuerzas de seguridad y la curia encargada de la basílica de San Marco.

Según la consejera, ya se han tomado algunas medidas como dar prioridad a los venecianos para subir al vaporetto –el servicio de transporte que recorre los canales- y se están estudiando otras encaminadas a proteger el decoro de la ciudad –“Venecia no es un lugar para ir en bañador”-, ofrecer más información al turista, aumentar la vigilancia con 170 agentes adicionales o favorecer la gastronomía local.

La ciudad ha dejado de ser habitable para sus vecinos, ya que además hay una presión enorme sobre los recursos

“Además todas las residencias particulares que pretendan convertirse en alojamientos hoteleros deberán contar con la aprobación de la administración”, sostiene Mar. La funcionaria adelanta que en la reunión prevista en las próximas semanas con la Unesco, el organismo retirará la amenaza que pesaba sobre Venecia de entrar en una “lista negra” ante la sobreexplotación turística.

La mano dura contra los alojamientos fuera de la ley que proliferan en el casco histórico es otra de las batallas de agrupaciones como Reset Venezia o We are Here Venice. La directora de esta última organización, Jane Da Mosto, subraya que por este motivo “la ciudad ha dejado de ser habitable para sus vecinos, ya que además hay una presión enorme sobre los recursos”.

Venecia también planea prohibir la construcción de más hoteles en el centro, aunque expertos como Antonio Pezzano, coordinador del programa Destinos Europeos de Excelencia (EDEN), dependiente de la Comisión Europea, recuerdan que estas experiencias no siempre son exitosas. En su blog Officina Turistica, escribe que a mitad de los ochenta Mallorca estableció un límite para la construcción de nuevos establecimientos hoteleros, que al final provocó la proliferación de “formas de alojamiento alternativas”.

Los turistas abarrotan la Fontana di Trevi.

Los turistas abarrotan la Fontana di Trevi. EFE

Consultado por este periódico, Pezzano también pone el ejemplo de Barcelona, cuyas manifestaciones de rechazo al turismo también van en línea de la “reacción exagerada propia del pensamiento italiano”. El coordinador de EDEN admite que el turismo de masas genera problemas, aunque considera que éstos “explotan en ciudades mal gestionadas y que ven cómo se incrementan ante un mayor número de personas”.

Pezzano pone como ejemplo urbes como Roma, donde también es frecuente el debate sobre limitar el aforo a ciertos monumentos. Según el experto, “medidas de este tipo deben ser bien estudiadas y planificadas con antelación”, para evitar que si alguien reserva un viaje le comuniquen a última hora que no puede visitar un lugar determinado. En este sentido, desde la capital italiana han sugerido hasta el momento impedir que los turistas se detengan en puntos como la Fontana de Trevi. Las soluciones que aporta Pezzano pasan por aumentar el precio de los lugares de interés en función del número de turistas o hacer campañas para intentar redistribuir el flujo de visitantes a lo largo del año.

Iniciativas que van en consonancia de lo planteado también en el Parque Nacional de Cinque Terre, una estrecha franja entre el mar y la montaña ubicada en el noroeste de Italia, en la que se extienden cinco bellísimos pueblos de casas de colores y foto de postal. El presidente del parque, Vittorio Alessandro, detalla en conversación telefónica que ya este año han instalado un “sistema para contar a las personas que entran en los senderos, de modo que cuando se sobrepasa un límite, el resto tiene que esperar”. Para evitar viajes en balde, a través de una aplicación de móvil será posible conocer el aforo en tiempo real.

Es necesaria una mayor implicación política para limitar el número de visitantes donde el turismo deja de ser sostenible

“Además de intentar garantizar el disfrute y mantenimiento del parque natural, pensamos que una excesiva presencia no garantiza la seguridad”, añade el presidente. Por la zona pasan al cabo del año 2,5 millones de turistas, una cifra que Alessandro calcula que puede ser gestionable si no se concentra únicamente en los meses de verano. El responsable del enclave se muestra defensor de “un turismo de calidad”, que no arruine “un lugar de frágil equilibrio natural”.

Para el vicepresidente de la Asociación Italiana de los Guías Ambientales Excursionistas, Filippo Camerlenghi, “es necesaria una mayor implicación política para limitar el número de visitantes donde el turismo deja de ser sostenible, aunque los casos deben estudiarse de forma individual”. En este ámbito particular, las Cinque Terre presentan un ratio de 640 turistas por cada habitante, mientras que en el caso de Venecia es de uno a 526. “Presumir de ser un lugar pequeño y delicado son ingredientes de la belleza”, sostiene Vittorio Alessandro. Estar, además, escondido es cada vez más difícil.