Polémica en Guadamur

¿Devolvió Himmler las coronas de Guarrazar?

El regreso del tesoro visigodo junto con la Dama de Elche y la Inmaculada de Murillo, fruto del interés arqueológico del infame jerarca nazi.

Himmler en su visita a España, ante la réplica de la Dama de Elche, en el Museo Arqueológico.

Himmler en su visita a España, ante la réplica de la Dama de Elche, en el Museo Arqueológico.

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Guadamur se ha visto sacudido este fin de semana por la exaltación realizada, en un espectáculo audiovisual sobre los muros de su castillo, de las gestiones del dictador Francisco Franco ante Heinrich Himmler, mano derecha del führer Adolf Hitler, y uno de los personajes más siniestros de su régimen, para la devolución a España, en 1941, de parte del tesoro de Guarrazar, compuesto por seis coronas (la más destacada, la de Recesvinto), y que actualmente se exponen en el Museo Arqueológico Nacional (MAN). Una entrega que, además, estuvo acompañada de obras tan importantes como la Dama de Elche o la Inmaculada de Murillo.

Himmler manifestaba un interés especial por la arqueología. Pero no se trataba de una vocación meramente cultural, sino que albergaba un fuerte componente político: quería demostrar no sólo la superioridad aria y cómo ésta se hundía en la noche de los tiempos. Además, fue uno de los fundadores de la Ahnenerbe, una sociedad dedicada a buscar por todo el mundo objetos llenos de supuesto poder esotérico, y no sólo de forma figurada: los jerarcas nazis involucrados en la Ahnenerbe creían sinceramente que sus ejércitos serían invencibles si lograban hacerse con el Santo Grial, la lanza de Longinos o el Arca de la Alianza (un interés que, Indiana Jones mediante, ha dado grandes momentos de gloria a los cinéfilos).

Himmler, pasando revista a las tropas a su llegada a la Estación del Norte de Madrid.

Himmler, pasando revista a las tropas a su llegada a la Estación del Norte de Madrid.

Himmler llegó a España el 19 de octubre de 1940, unos días antes de la entrevista de Hendaya, en la que Hitler presionaría a Franco para que España abandonase su apariencia de neutralidad e involucrarse plenamente en la guerra junto a las potencias del Eje. En ese sentido, su periplo, que comenzó con su paso por Irún, San Sebastián y Burgos para luego bajar a Madrid, cumplió con los requisitos de ultimar los detalles del encuentro y firmar un acuerdo de colaboración con el Gobierno español para que la Gestapo pudiese operar sin ninguna cortapisa en nuestro país en la persecución de enemigos y disidentes del régimen alemán.

Dama de Elche

Sin embargo, un vistazo al resto de la agenda de su visita no deja de llamar la atención: de todas las cosas que podía hacer en Madrid, reservó tiempo para visitar el Museo del Prado y el Museo Arqueológico. En este último, manifestó un intenso interés por conocer todo lo referente a los pueblos prerromanos hispanos, y se detuvo de manera especial ante la réplica de la Dama de Elche (la original se encontraba en ese momento en el Louvre). Al parecer, tenía un especial interés por conocer las esencias del pueblo íbero, que consideraba de raza aria.

Himmler, en el Museo del Prado.

Himmler, en el Museo del Prado.

Después, visitó El Escorial, Toledo (con especial atención al Alcázar, cuyo asedio fue objeto de un gran despliegue propagandístico por parte de la oficina de Goebbels, y en cuya visita ejerció de cicerone el mismísimo general Moscardó), pero luego no siguió viaje con Serrano Súñer hacia la frontera francesa: se desvió hacia Barcelona (donde al parecer le fue sustraída una cartera que contendría planos de cuevas diseminadas por el Pirineo) y se dirigió casi directamente hacia Montserrat. La abadía ya había sido señalada por los wagnerianos como una de las fuentes de inspiración del ciclo de los Nibelungos, y Himmler tenía como principal objetivo buscar el Santo Grial, por el que habría preguntado también en Toledo.

Los monjes, que le ofrecieron una fría recepción debido a la persecución que su orden estaba sufriendo en Alemania, se limitaron a decirle que no sabían nada sobre aquello. Como plan B, el alemán manifestó su interés en que La Moreneta pudiera ser trasladada al Reich, probablemente por considerarla también una obra de arte ario (además, compartió con los monjes su idea de que el propio Jesucristo era ario, no judío, ante lo que los religiosos guardaron un discreto silencio).

La estancia de Himmler en España (en la que observó, además, que los vascos parecían atesorar una interesante pureza racial) se saldó, al final, con un fracaso absoluto. No sólo en lo político (Hitler no consiguió involucrar a Franco), sino también en lo arqueológico. Pero al parecer el jerarca habría influido sobre el Gobierno títere de Vichy para que procediera a devolver a España el lote de obras el 8 de febrero de 1941, a cambio de otras menores depositadas en nuestro país. Entre ellas, iba su obsesión: la Dama de Elche.

Ya en la serie de El Ministerio del Tiempo jugaban con las consecuencias de su visita a Montserrat, pero si finalmente la Segunda Guerra Mundial hubiese sido ganada por Alemania, probablemente la siguiente visita nazi no se habría limitado al mero turismo arqueológico, y hoy Berlín sería el lugar donde hubiese que peregrinar a contemplar gran parte de los tesoros de nuestro pasado.