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Cuando ya no queden periódicos, el papel volverá

Ríanse, ríanse, pero la celulosa se perfila para ser uno de los materiales del futuro. Eso sí, no se parecerá en nada al papel tal y como lo conocemos hoy.

Un rollo de papel con transistores insertados.

Un rollo de papel con transistores insertados.

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No, el papel no ha muerto. Salvo si se dedica usted a escribir noticias en un diario. Entonces sí.

Higiene, cosmética, etiquetado, paquetería... para todos los demás usos de este material, y son muchos, las posibilidades son enormes. Eso sí, no hablamos del mismo papel sino de una especie de cyborg, una capa de celulosa con circuitos: un papel inteligente.

Los portugueses Rodrigo Martins y Elvira Fortunato, ingenieros en la Universidade Nova de Lisboa, empezaron hace 15 años a imaginar el futuro del papel. Fundaron una empresa llamada YDreams para desarrollar su sueño: electrónica basada en celulosa. Recibieron una beca de 2,5 millones de euros del European Research Council, la más cuantiosa entregada nunca a un científico portugués. Hoy, su invento, transistores hechos de papel, son la punta de lanza de una prometedora industria, la de los transistores bipolares y de efecto campo, cuyo mercado se espera que crezca un 12% anual hasta los 10.500 millones de euros en 2021, de acuerdo con datos de la consultora Research and Markets.

Elvira Fortunato y Rodrigo Martins, junto a su transistor de papel.

Elvira Fortunato y Rodrigo Martins, junto a su transistor de papel.

"La idea era dar una nueva vida a lo que hoy entendemos básicamente como un soporte para la tinta", dice Martins a EL ESPAÑOL. El papel como material ha acompañado al ser humano durante buena parte de su historia. En realidad, si hay una historia que contar de nuestra especie es gracias al papel. Los más antiguos jamás encontrados, en China, datan del siglo II a.C.

La evolución del papel refleja también los avances tecnológicos humanos. "Primero añadimos aditivos al papel para blanquearlo, polvo de alúmina, porque antes no era blanco", relata Martins. "Luego, hubo que dotarlo de una red de fibras que le diera una consistencia mecánica y neutralizara el efecto magnético de los minerales que contenía". "Básicamente, esto ha sido el papel en el pasado".

El nuevo papel que Martins y Fortunato están construyendo está basado en fibras de celulosa orientada, que les da la posibilidad de conducir o almacenar electricidad. "Porque cuando cruzas dos fibras, tienes un transistor", dice el portugués.

Así, el papel deja de ser un mero soporte de tinta para convertirse en algo diferente, en un componente activo. "Puedes tener un papel pintado en la pared y que sea al mismo tiempo una fuente de iluminación de bajo consumo", dice Martins, quien dicho sea de paso, es bastante proclive a la ensoñación, algo quizá imprescindible para la empresa en que se ha embarcado. "De poca potencia, pero daría suficiente luz porque la superficie sería grande y, al mismo tiempo, podrías cambiar el color del interior de tu casa y cuando estés cansado del papel, lo quitas y lo cambias".

Celulosa, el nuevo oro

En los noventa, Finlandia fue una superpotencia tecnológica gracias a Nokia y otras empresas de I+D. Ahora que hace tiempo que perdió su sitio en el podio, el país trata de agarrarse a la innovación en tecnologías sostenibles como el hidrógeno para retornar. Dentro de estos planes, la celulosa ocupa para ellos un lugar central. Quieren convertirla en el supermaterial del futuro. "La madera, el 'oro verde' de Finlandia, es una materia prima renovable y la celulosa puede convertirse en una oportunidad única si encontramos nuevas aplicaciones de alto valor añadido más allá de las industrias tradicionales del papel y la pulpa", dice Johanna Buchert, coordinadora del proyecto DWoC, centrado en la celulosa, del centro de investigación nacional VTT.

Incluso a día de hoy, la idea de que el papel pueda volver a recuperar el terreno perdido frente al silicio, el material del que están hechos los circuitos y las pantallas, resulta propia de nostálgicos. Sin embargo, este material lleva asociados numerosos impactos medioambientales. Por ejemplo, en el proceso metalúrgico de purificación se pierde hasta un 80% del silicio extraído. O el hexafluoruro de azufre, un gas de efecto invernadero usado en el proceso, es 25.000 veces más potente que el CO2.

"La idea que teníamos hace 20 años es que si queríamos mandar un mensaje usábamos papel y si queríamos escribir algo usábamos papel, pero ya no es válida", insiste Martins. "Ahora usamos el e-mail o el e-book, tenemos que imaginar de nuevo qué hacer con el papel, y lo primero es hacerlo inteligente".

Parecen pegatinas, pero son transistores.

Parecen pegatinas, pero son transistores.

Y dentro de esa inteligencia, está la eficiencia. Crear un billete de avión de papel inteligente que mutara cada vez que uno coge un nuevo vuelo sería más sostenible que usar billetes de papel reciclado, e incluso más verde que usar un billete electrónico, teniendo en cuenta todo el ciclo de vida del dispositivo. "Incluso al final de la vida útil del ticket inteligente, podrías reciclarlo si quieres, porque la cantidad de materiales que estamos metiendo es incluso menor que los que antes contenía", dice el portugués.

Lo próximo es obtener celulosa sin plantar un sólo árbol. "¿Sabe que en el vinagre hay una bacteria que, al oxidar, crea una fina película? Eso es celulosa, y lo que hemos visto en nuestros laboratorios es que podemos enseñar a algunas bacterias a construir fibras", dice Martins. "Les lleva cinco días crear la misma cantidad de celulosa que a un árbol cinco años". 

El papel del futuro, hoy

Estos transistores de papel ya existen, aunque su uso aún no ha despegado. Actualmente se limitan a etiquetas inteligentes, ya que tienen una limitación. Como son de papel, no pueden alcanzar temperaturas muy altas porque, de momento, el papel todavía arde. Es uno de los principales escollos para que este papel electrónico, basado en celulosa, pueda aspirar a más aspiraciones. "El flujo de calor puede darnos problemas", reconoce el inventor, "en lo que estamos pensando para resolverlo es en funcionalizar las fibras para que puedan transferir ese calor en el interior del papel". Esto es algo que ya se hace, y funciona, en los circuitos impresos. "Creemos que también funcionará aquí, la idea es pensar el papel de una manera diferente, plantillas donde las fibras tengan funciones".

Ahora, una de las innovaciones más en boga son los nanotubos de carbono, que podrían elevar la capacidad de conducir electricidad del papel sin detrimento de sus propiedades.

Pero la gran pregunta a estas alturas del artículo sigue siendo: ¿Para cuándo un diario de papel electrónico? Rodrigo Martins levanta las cejas y dice algo sorprendente: "¿Conoce usted ese periódico de las historias de Harry Potter? Es como una pantalla en papel, las noticias pueden leerse de forma interactiva".

Sin duda se refiere al Daily Prophet. "Está en nuestro punto de mira", afirma, "y es algo que nos da bastantes dolores de cabeza, creemos que podrá ser realidad pero primero tenemos que desarrollar la prueba de concepto".

"Siendo realista", continúa Martins, "no creo que pueda estar listo antes de cinco años, ya que si quieres llevar en el bolsillo una hoja de papel que tenga muchas funciones, tendremos un problema en la disipación de la energía ya que la memoria de ese periódico andará en torno a varios microvatios..."

El ingeniero que puede cambiar la industria de los periódicos para cuando los periódicos ya no existan sigue divagando. Como dijimos, es un hombre propenso a la ensoñación y pronto, otra pregunta vuelve a lanzarle a las estrellas: Oiga, ¿y entonces un avión de papel electrónico se convertiría en un dron?

"¡Oh! En un futuro cercano sí, aunque necesitarías supercondensadores, y también un motor piezoeléctrico..."