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Planeta Piruleta

La historia más leída del año de vida de este diario es el relato de un montañero en busca de su novia después del terremoto de Nepal. Es una historia emocionante, llena de detalles y contada sin poesías ni artificios. La segunda es España en cifras, un cuidado buscador de datos sobre los municipios, las provincias y las comunidades autónomas. La tercera es otro mapa interactivo con los resultados de las elecciones municipales y autonómicas. La cuarta, la pieza que aclaró durante las primeras horas lo que sabíamos y lo que no sabíamos de los ataques de París. La quinta, la exclusiva de la disputa legal sobre el dúplex del rey Juan Carlos y Corinna zu Sayn-Wittgenstein.

Así sigue la lista. Hasta 10, hasta 50, hasta 100: nuestras historias más leídas son exclusivas, reportajes, explicaciones, especiales de datos y documentales.

No es el “planeta Piruleta”. Es España en 2015 y será España en 2016.

Las más leídas de El País también desmienten a los editores que desprecian al lector español, creyendo siempre que está por debajo de cualquier otro europeo y por supuesto del americano. Los datos dicen que el lector español de periódicos se interesa sobre todo por la información bien hecha. El usuario no sólo reconoce la calidad sino que suele huir de lo mediocre y eso ocurre más que nunca en un mundo de oferta ilimitada y fragmentada. Ya no cuela cualquier cosa.

Los mejores perfiles, las investigaciones con más impacto o los proyectos audiovisuales más trabajados de EL ESPAÑOL están entre lo más leído, lo más compartido y lo más comentado. Incluso piezas sobre asuntos difíciles como el documental interactivo sobre el suicidio.

Pero igual que no se le ha escapado nada de lo bueno, en 2015 el lector ha sido despiadado con las piezas que aportaban poco, que se parecían a las de cualquier otro medio, que eran aburridas o que no se entendían bien.

Un día lluvioso de octubre de 2014, en un café rojizo de París, el periodista Frederic Filloux nos aconsejó un lema para el nuevo medio: “The end of average”. Ahora sabemos, con datos, hasta qué punto tenía razón y cuánto talento y tiempo requiere no ser mediano, no ser mediocre. Es más difícil, pero más apasionante.