Salud pública

Holger Hinrichsen: "Cualquiera puede tener hepatitis C y no saberlo"

El hepatólogo alemán cree que los nuevos tratamientos deberían aplicarse desde el principio y que son los políticos los que lo impiden.

El hepatólogo alemán, en Barcelona.

El hepatólogo alemán, en Barcelona.

Cuando el médico alemán Holger Hinrichsen terminó sus estudios en 1990 en la Christian Albrechts University, el conocimiento sobre la hepatitis C estaba tan en pañales que la enfermedad sólo acababa de obtener un nombre propio, tras ser denominada durante años hepatitis no A no B. En aquellas épocas, recuerda, era sólo esto lo que se podía decir a los pacientes, a los que no se podía ofrecer ningún tratamiento. Después vinieron años agridulces, en los que se desarrollaron fármacos con una eficacia limitada: hasta el 50% de los enfermos podía curarse, tras terapias de más de seis meses de duración con importantes efectos secundarios, que hacían a mas de uno tirar la toalla.

El hepatólogo, que visita Barcelona esta semana, presenta un estudio sobre la eficacia en la vida real de una combinación de fármacos, unas de las varias que han revolucionado el panorama de la enfermedad en 25 años. Unos medicamentos que saltaron a la prensa por su elevado precio y la consecuente negativa de los gobiernos a financiarlos, pero a los que finalmente van teniendo acceso casi todos los afectados. Más del 90% de ellos se curan a los tres meses. De estos fármacos, y de los nuevos que vienen, se habla estos días en el congreso anual de la Asociación Europea para el Estudio del Hígado (EASL), que se está celebrando en Barcelona.

Aunque estamos en un momento de calma en lo que se refiere a la hepatitis y parece que los tratamientos van llegando a todos los pacientes, es inevitable recordar toda la polémica que hubo al principio respecto a su precio, sobre todo cuando salió la primera alternativa, el sofosbuvir, a un precio de alrededor de 100.000 euros por terapia. ¿Cree que se hicieron mal las cosas?

Si me pregunta como parte de la población que tiene que pagar por ello, yo diría que sí, que el precio era muy alto. Pero si uno se fija en cualquier otra enfermedad en el área de Medicina Interna y mira los nuevos tratamientos, los de la hepatitis C fueron realmente revolucionarios. Yo traté a todos mis pacientes durante 25 años durante 48 y hasta 72 semanas con unas tasas de curación del 40%. Si se analiza el precio de los fármacos que usaba (interferón y ribavirina) al principio y se calcula a cuánto salía la curación, el precio no era tan diferente y esta terapia dura tres meses. Si una empresa saca un coche nuevo, como acaba de hacer Tesla y me pregunta si me gastaría 200.000 euros por ese modelo, le diría que no, pero se trata de una revolución.

Yo creo que Gilead, el fabricante de sofosbuvir, cometió un gran error poniendo un precio tan alto, porque al final los políticos iban a tener algo que decir y era que no podían gastar ese dinero.

Pero ¿considera que la situación actual es mejor?

Sí. Creo que es necesario, porque si los precios siguen siendo tan altos no seríamos capaces de tratar a la mayoría de nuestros pacientes y, como hepatólogos, necesitamos ser capaces de erradicar el virus de la hepatitis C. Esta situación sólo se puede dar si se trata a la mayoría de los pacientes, lo que sólo se logra bajando los precios. Cuando empezamos a usar las nuevas opciones en Alemania en enero de 2014, el tratamiento costaba 100.000 euros y ahora alrededor de 50.000. En dos años, el precio ha caído a la mitad.

Aunque se ha hablado de las excelentes tasas de curación que se consiguen con los nuevos medicamentos, ¿los pacientes se olvidan de su médico y su hígado cuando acaba el tratamiento?

Si hacemos caso a las recomendaciones de la EASL y tratamos primero a aquellos pacientes con enfermedad hepática avanzada, con fibrosis de grado 3 y 4, y un estado previo a la cirrosis, ocurrirá lo siguiente: sí, erradicas el virus en el 90% de los casos, pero los pacientes estarán todavía unos años en riesgo de desarrollar una descompensación hepática y cáncer de hígado. Es decir, están curados de la infección, pero no de la enfermedad. O sea, durante cinco o diez años tendrán que estar en seguimiento. Por otra parte, en mi país sí está permitido tratar a pacientes con un grado mucho menor de enfermedad, fibrosis 0 o 1. En ese caso, sobre todo si son pacientes jóvenes, y el tratamiento funciona, el enfermo no volverá a estar en riesgo. Por esta razón, pienso que es mejor tratar a los afectados por las formas más leves de la enfermedad, porque resuelves el problema para siempre.

Su consejo sería entonces tratar a un paciente en cuanto se le diagnostica una hepatitis C crónica [en España no se trata a los pacientes hasta que alcanzan el grado 2 de fibrosis hepática].

Sí. Si lo haces vas a resolver los problemas de estos individuos para todo el futuro. De otra forma, tendrás que esperar. Todos los hepatólogos dirían lo mismo, que se trate lo antes posible. El problema es el dinero, si se tiene suficiente para tratar a todo el mundo, pero también es cierto que puede suponer un ahorro a la hora de tratar futuras complicaciones. Pero claro, están los políticos, y lo que ellos miran es lo que va a pasar a final de año, no en cinco o diez o 20 años.

La hepatitis C es una enfermedad más común entre las personas de la denominada generación baby-boom, las que tienen alrededor de 60 años pero ¿hay más gente que puede tener la enfermedad y no saberlo o adquirirla actualmente?

La mayoría de los pacientes enfermos y no diagnosticados son aquellos que contraían la hepatitis tras una transfusión sanguínea, que no son conscientes de que tienen un factor de riesgo de la enfermedad y se asombran cuando descubren que la tienen. Pero actualmente los que se diagnostican con infección reciente son exdrogadictos, al menos en mi país. Otro factor de riesgo son los tatuajes que no están hechos por profesionales, y también la transmisión sexual, especialmente en homosexuales que no utilizan preservativo y están coinfectados con el VIH. Es un grupo que está creciendo. Otro grupo son los inmigrantes de países del Este, porque vienen de lugares con sistemas sanitarios donde los controles a productos sanguíneos no están tan establecidos y aún pueden tener riesgos.

Entonces, si una persona tiene menos de 50 años, no ha usado drogas por vía parenteral y no se ha hecho tatuajes en un sitio sin garantías, ¿se puede olvidar de la hepatitis C?

Como hepatólogo, yo diría que todo el mundo está en riesgo de tener hepatitis C. Yo recomendaría a cualquier persona, con independencia de su edad y sus factores de riesgo, que si acude al médico a hacerse un chequeo, pida que le miren las enzimas hepáticas, las transaminasas. Si las tienes elevadas, puedes tener varias cosas, pero también hepatitis C.

¿Y cree que usted qué tanto los pacientes como los médicos de familia son conscientes de esta situación?

Hay de todo. Yo creo que hay médicos que sólo se preocupan por mirar el colesterol y nada más. Y claro, la enfermedad hepática no produce dolor, el paciente no muestra signos de enfermedad por lo que, como médico, hay que ser muy bueno a la hora de hacer preguntas. Por ejemplo, hay que hacer la pregunta: ¿Recibió productos sanguíneos antes de 1990? Pero, además, hay que añadir que estos productos no son sólo transfusiones. Por ejemplo, las inmunoglobulinas.

La hepatitis C es una enfermedad que va en muchos casos ligada al estigma. ¿Cree que tiene algún sentido?

En absoluto. Los pacientes pueden hacer una vida completamente normal, como si tuvieran diabetes o cualquier otra enfermedad. Pero vemos ese estigma. Por ejemplo, una abuela que ha sido diagnosticada porque pertenece a ese grupo de edad que tiene más riesgo sin saberlo se enfrenta a la situación de que no le dejen coger en brazos a su nieto. Sólo responde al pánico, no tiene ningún sentido. Por eso, muchas veces recomiendo a mis pacientes no contarlo. Excepto a sus parejas sexuales, a esos sí se lo tienen que contar.

Aunque los nuevos tratamientos son muy eficaces, todavía hay un pequeño porcentaje de pacientes que no responde. ¿Qué opciones hay para ellos?

Por muy buenos que sea los fármacos, nunca se obtendrá un éxito del 100%. Tenemos mutaciones vírales, que hemos visto desde el principio, y que desarrollan resistencia. En este congreso vamos a describir algunos casos. Para el 85% de esos pacientes, tendremos una segunda opción. Hay otro grupo en el que los tratamientos pueden no funcionar y son aquellos con la enfermedad muy avanzada, con cirrosis descompensada. Este es un problema importante, porque a lo mejor no hay que tratarlos, ya que al tener el hígado muy descompensado puede que el fármaco no actúe sobre todo el órgano y no funcione. Por eso es un debate abierto: ¿para quién es demasiado tarde para tratarse? En esos casos, a lo mejor habría que plantearse trasplantar primero el hígado y luego dar la terapia. Por último, hay un tercer grupo en el que no funcionan las terapias, que es el de aquellos pacientes que, sencillamente, no se las toman. Se les olvidan, no quieren, no aguantan los tres meses... Son los llamados no adherentes.

¿Y ve posibilidad de que se desarrolle una vacuna frente a la hepatitis C?

Sinceramente, no. Al menos, no en los próximos 20 años. Es un virus que puede cambiar en poquísimas horas, no da tiempo al sistema inmune a prepararse.