Conservación

El futuro del rinoceronte, un asunto de cuernos

La próxima conferencia de la Convención de Especies Amenazadas abrirá el debate sobre la legalización del comercio internacional de cuerno de rinoceronte, prohibido desde 1977.

Un rinoceronte blanco en el Parque Nacional de Meru, Kenia.

Un rinoceronte blanco en el Parque Nacional de Meru, Kenia.

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Cada vez que un millonario vietnamita se emborracha, muere un rinoceronte. El estilo de frase que ha inspirado tantos memes se aproxima bastante a la realidad en este caso: la mayor demanda mundial de cuerno de rinoceronte, un material ilegal obtenido de la caza furtiva, se localiza hoy en Vietnam, y se basa en la absurda creencia de que el polvo obtenido de él alivia diversos males; sobre todo, la resaca.

Lo anterior puede llegar de sorpresa para algunos: ¿no se supone que el cuerno de rinoceronte es un ingrediente clásico en la medicina tradicional china? ¿Y que sirve como afrodisíaco? Lo primero ha sido cierto durante unos 1.800 años. Pero ya no lo es. Cuando China se sumó como país firmante de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) en 1993, sacó el cuerno de rinoceronte de su farmacopea oficial. Tampoco fue una gran pérdida: según contó a Nature el presidente de la Asociación de Medicina Tradicional China de Reino Unido, Huijun Shen, su uso era raro, ya que su prescripción principal, la infección febril, se trata también con otros remedios más asequibles.

En cuanto a lo segundo, no, los chinos no creen en el poder vigorizante del apéndice nasal del rino, como tampoco que este material cure el cáncer o la resaca. Y sin embargo, son estas aplicaciones las que mueven hoy el grueso del tráfico de un producto que se vende a razón de hasta 100.000 dólares el kilo, más caro que el oro, los diamantes o la cocaína. Pero no tanto en China, sino en Vietnam. Y no tanto por la impotencia o el cáncer, sino por las borracheras.

Lujo sangriento

Las razones de todo esto son algo oscuras. La versión común cuenta que hace unos años se propagó en Vietnam el rumor de que un expolítico local se había curado del cáncer tomando polvo de cuerno. El salto desde ahí a la resaca es aún más ignoto, pero lo cierto es que el material es ahora allí un codiciado artículo de lujo. Según cuenta a EL ESPAÑOL Richard Thomas, coordinador global de comunicación de la red de vigilancia de comercio de fauna salvaje Traffic, "consumir cuerno de rinoceronte se ha convertido en un símbolo de estatus, un medio de ostentación para los nuevos ricos". Y por supuesto, todos sus presuntos efectos son sólo un inmenso placebo: el cuerno de rinoceronte posee las mismas propiedades que el pelo o las uñas, ya que los tres están compuestos por el mismo ingrediente, la queratina.

Lo cierto es que esta moda vietnamita ha sido determinante en la evolución del mercado negro del cuerno y de la tendencia en las matanzas de rinocerontes. Estos animales fueron objeto de caza indiscriminada en tiempos históricos, hasta tal punto que allá por 1900 apenas quedaba una cincuentena de rinocerontes blancos, la especie africana más mansa. Durante el siglo XX, los intensos esfuerzos de recuperación lograron reflotar la especie hasta sus actuales casi 20.000 ejemplares, el 90% de ellos en Suráfrica. Por el contrario, el más agresivo rinoceronte negro sufrió un destino opuesto; de 1960 a 1995 su población se redujo un 97,6% hasta los 2.410 ejemplares. Hoy su población se limita a unos 5.000.

Cuernos de rinoceronte confiscados.

Cuernos de rinoceronte confiscados.

El veto del CITES al comercio internacional del cuerno de rinoceronte (que no se aplica a la venta local en cada país) entró en vigor en 1977. Como consecuencia de ello, en la década de 1990 la red Traffic, establecida el año anterior por el Fondo Mundial de la Naturaleza (WWF) y la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (IUCN), detectó una reducción sustancial del mercado negro de cuernos. Sin embargo, el tráfico ilegal repuntó a partir de 2008 por el fenómeno vietnamita. A partir de aquel año, las matanzas de rinos a manos de furtivos comenzaron a duplicarse cada año.

Por el camino se han quedado al menos dos subespecies: el rinoceronte negro occidental desapareció en 2011, y el blanco septentrional está "posiblemente extinguido en la naturaleza", según la IUCN. Las tres especies asiáticas que sobreviven, el rinoceronte indio, el de Java y el de Sumatra, están al borde de la extinción. Los expertos advierten de que el mastodóntico herbívoro de cuernos sobre el morro podría ser sólo un recuerdo en un par de décadas.

¿Una historia de éxito?

Pero por encima de los vaivenes, la conclusión general de Thomas es que "los rinocerontes son probablemente la mayor historia de éxito del CITES". El portavoz de Traffic apunta que la Convención se creó en parte para proteger a estos animales que en los años 70 estaban "en la cuerda floja". "Desde aquellos días, el rinoceronte blanco ha crecido en cifras desde un puñado de animales a decenas de miles", valora. Para Thomas, la actual crisis de furtivismo es "un subproducto del fenómeno de la repentina demanda vietnamita, no un resurgimiento de la vieja demanda".

De la misma opinión es Peter Knights, director de WildAid, una organización dedicada a la promoción de campañas para reducir la demanda de productos de fauna salvaje. Knights estima que el veto fue eficaz antes del reciente fenómeno de Vietnam, y que la vía para que continúe siéndolo pasa por acciones a varios niveles, desde la reeducación de la demanda y la lucha contra la corrupción y el mercado negro, hasta la persecución de "los conocidos miembros de alto nivel de los sindicatos [del crimen] en Suráfrica y Mozambique", precisa a EL ESPAÑOL. "Actualmente sólo se está persiguiendo el pequeño furtivismo", agrega.

Con todo lo anterior, parecería evidente que la prohibición dictada por el CITES debería mantenerse. Y sin embargo, no todos opinan así. El próximo 24 de septiembre, dos días después del Día Mundial del Rinoceronte, se inaugurará en Johannesburgo (Suráfrica) la 17ª Conferencia de las Partes del CITES. En la reunión el reino de Suazilandia, un pequeño país incrustado en la República Surafricana, presentará una propuesta para levantar el veto.

La noticia de la proposición de Suazilandia ha causado conmoción entre las organizaciones conservacionistas y las autoridades de otros países favorables al veto, que han acusado al gobierno suazi de ser una marioneta manejada por intereses surafricanos. En Suráfrica existen numerosos ranchos privados de cría de rinocerontes. Dado que los cuernos de estos animales recrecen si se cortan sin herirlos, los rancheros disponen de amplios stocks que desean vender. Aunque actualmente los responsables del gobierno surafricano se oponen a ello, la postura oficial del país varía en función de los bandazos de poder. De hecho, se esperaba que aquel país liderara la presentación de una propuesta al CITES para regular el comercio de cuernos, lo que finalmente no ha ocurrido.

Traffic resume los motivos para su oposición en que la propuesta es vaga y su aprobación podría estimular la demanda y multiplicar el comercio ilegal. "No está claro qué beneficios o riesgos conllevaría este cambio para la conservación de la especie considerando el contexto actual de las tasas relativamente elevadas de furtivismo en los principales Estados del área de distribución, los fuertes flujos de comercio ilegal desde África a Asia a manos de redes de delincuencia organizada y la dinámica imprevisible de la demanda en los mercados destinatarios", concluye la organización en su comunidado de rechazo a la propuesta suazi.

Cuernos y sucedáneos

Ajena a las críticas, Suazilandia explica sus motivos: el levantamiento de la prohibición les permitiría recaudar 9,9 millones de dólares de la venta de su stock de 330 kilos de cuernos, a lo que se añadirían otros 600.000 dólares anuales por la venta de 20 kilos cosechados de los ejemplares vivos cada año. La propuesta precisa que el material se vendería "a un pequeño número de distribuidores con licencia en el Lejano Oriente", y que los beneficios se destinarían a la protección y la conservación de la población local de rinos.

No obstante, en la reunión del CITES no habrá sorpresas: según el experto en África Keith Somerville, profesor de la Universidad de Kent, investigador del Instituto de Estudios de la Commonwealth de la Universidad de Londres y autor del libro de próxima publicación Ivory: Power and Poaching in Africa (Hurst, 2016), Namibia y tal vez Zimbabue podrían apoyar la propuesta, pero de ninguna manera ésta concitará los votos favorables de las dos terceras partes de los 182 países firmantes, como sería obligado para su aprobación.

Y a pesar de todo, la apertura de un espacio para el comercio legal de cuerno de rinoceronte cuenta también con apoyos entre los expertos independientes. "Una cosa está clara, y es que el veto de 1977 no está funcionando; en los últimos años, sólo en Suráfrica se han matado más de 5.700 rinocerontes", explica Somerville a EL ESPAÑOL. El investigador opina que la legalización del comercio reduciría el furtivismo, ya que los consumidores preferirían un producto legal más barato y menos arriesgado. "La demanda sólo aumentaría si el precio fuera enormemente inferior; un precio alto, pero menor que el furtivo, alimentaría el mercado sin elevar la demanda".

Por su parte, el ecólogo surafricano de la Universidad de Queensland (Australia) Duan Biggs, que ha trabajado para organizaciones como BirdLife International o WWF, considera también que la legalización es "una buena idea". Biggs destaca que la inyección de fondos procedente del comercio regulado ayudaría a costear la cada vez más cara protección de los rinocerontes en países económicamente asfixiados, y que esto podría lograrse en un contexto de producción sostenible: "Un rino puede dar hasta 13 cuernos durante su vida. Con el veto son masacrados, y un rino sólo produce un cuerno", detalla a EL ESPAÑOL. El ecólogo asegura que no existen pruebas concluyentes de que el comercio legal incremente la demanda: "La gente en Portugal temía esto mismo cuando se despenalizaron las drogas en 2000, y no ocurrió".

Mientras el debate prosigue, algunos aprovechan para pescar en río revuelto tratando de abrir una nueva vía: el cuerno de rinoceronte sintético, producido mediante cultivo e impresión en 3D. Compañías como Pembient o Rhinoceros Horn provocaron un terremoto en el mundo de la conservación cuando anunciaron sus intenciones de fabricar cuernos artificiales con el propósito de satisfacer la demanda. La idea ha cosechado el rechazo de WildAid, Save the Rhino e International Rhino Foundation, entre otras entidades conservacionistas. Por el contrario, Traffic ha respondido con más cautela: "Sería insensato descartar la posibilidad de que el comercio de cuerno sintético de rinoceronte pudiese desempeñar un papel en futuras estrategias de conservación", sugiere un artículo publicado por la organización.

Sin embargo, aún habrá que esperar para saber si estos sucedáneos llegarán a existir. Según aclara a EL ESPAÑOL el ecólogo portugués de la Universidad Estatal de Georgia (EEUU) Diogo Veríssimo, "a fecha de hoy no hay cuerno sintético de rinoceronte en el mercado". El experto entiende que "estas compañías no han hecho ningún avance sustancial" y que la cuestión permanece "abierta". Tanto como el complicado futuro de los propios rinos: Cathy Dean, directora de Save the Rhino International, una organización que aún no se ha pronunciado definitivamente sobre un posible levantamiento del veto, lo resume a este diario con ingenio: "No hay una única bala de plata que vaya a resolver la crisis de las matanzas de rinocerontes".