Matemáticas

Matemáticas contra la conspiración

Un investigador tiene la ecuación para desmontar el rumor que se difundió ayer en la oficina. En resumen, un secreto no puede ser guardado por demasiada gente durante mucho tiempo.

Buzz Aldrin en la Luna, misión Apollo XI.

Buzz Aldrin en la Luna, misión Apollo XI.

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En cuestiones de veracidad, internet se parece mucho al Lejano Oeste y, como dijo aquel editor en El Hombre Que Mató a Liberty Valance (1962), "cuando la leyenda se convierte en realidad, imprime la leyenda". Los rumores y conspiraciones encuentran en las redes su lugar natural, pero ahora David Grimes -físico e investigador del cáncer en la Universidad de Oxford- ha llegado al Lejano Oeste para terminar con las especulaciones. ¿Su arma? Una ecuación que calcula cómo de viable es una conspiración.

Este científico no entra ni siquiera a valorar si una conspiración es cierta o no, simplemente en si es viable que suceda. Por ejemplo, ese rumor de que las farmacéuticas en realidad han encontrado una cura para el cáncer, pero lo mantienen en secreto para ganar mucho más dinero. O ese otro de que en realidad no llegamos a la Luna en 1969, sino que el icónico paseo de Armstrong fue una producción de Stanley Kubrick. O que las vacunas en realidad son peligrosas pero se oculta esa información. O, por qué no, el rumor -persistente en algunos círculos- de que el cambio climático es un fraude.

Al respecto, Grimes comenta a EL ESPAÑOL que "hay un cuerpo bastante convincente de evidencias psicológicas que sugieren que tenemos una disposición hacia el sesgo de confirmación", es decir, creemos más fácilmente aquello que confirma nuestras creencias previas y desechamos la información que pueda contradecirlas. "Si alguien está muy metido en un punto de vista, es más fácil para ellos asumir que hay una conspiración antes que considerar la posibilidad de que sus creencias son incorrectas", dice el físico.

Lo que la fórmula calcula es, básicamente, la posibilidad de guardar un secreto cuando hay miles de personas implicadas. Si el alunizaje de 1969 fue un montaje, alguna de las 411.000 personas empleadas en la NASA en aquella época lo habría desvelado. Por otro lado, Grimes calculó también cuánto tiempo sería necesario para que alguien se fuera de la lengua y la conspiración se desinflara. El resultado es que pocas pueden sobrevivir a los tres años.

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El argumento científico o médico siempre suele aparecer en estos rumores, bien como una fuente de autoridad o como un mundo opaco con intereses oscuros y lucrativos. "La ciencia, curiosamente, se malinterpreta", dice Grimes. "Sin duda le ha dado forma a nuestro mundo y mejorado nuestras vidas, pero quizás, como es considerada compleja y difícil hay equívocos muy extendidos sobre ella".

Decía Carl Sagan:

Hemos preparado una civilización global cuyos elementos más cruciales dependen profundamente de la ciencia y la tecnología. También hemos organizado las cosas de manera que nadie entienda la ciencia y la tecnología. Es una receta para el desastre.

Y el investigador de Oxford cree que lleva toda la razón. "La ciencia es una herramienta para comprender el mundo a nuestro alrededor, no se preocupa ni una micra de nuestras creencias, religiosidad o politiqueos", explica Grimes, "y quizá por esta mala interpretación, por eso, mucha gente ve a la ciencia como algo similar a una religión, con los científicos como sacerdotes".

Esa forma de ver la ciencia hace más probable caer en conspiraciones, al imaginar que un gran número de científicos en el mismo campo están metidos en el ajo. ¿Pero cuántos serían necesarios, y durante cuánto tiempo? El estudio, que aparece esta semana en PLOS, también se ha encargado de esto.

También hay leyendas que han acabado siendo ciertas, pero en este caso porque eran viables. Como ejemplo, el espionaje de los internautas de la NSA. En este caso, Edward Snowden fue la pieza que bailó en el engranaje.

Pero más allá de unos ejemplos aislados, las conspiraciones son complicadas de mantener al principio, dado que poca gente las convertiría en irrelevantes pero demasiada gente las haría inviables. Lo curioso es que todos estos cálculos sirven también para esos secretos que contamos en la intimidad con el epílogo pero no se lo digas a nadie. Cuando se supera un determinado umbral de conspiradores, todo el mundo se acaba enterando.

"Por supuesto, podría ser aplicado perfectamente a esto", reconoce Grimes, "funciona con las mismas reglas".