Ahora que ha venido el buen tiempo, los de la barra del Wake Up nos hemos apuntado a clases de tenis. El otro día fuimos sometidos a un ejercicio llamado “sube y baja”. Consiste en alternar la red con el fondo de la pista. Se suda mucho, pero no tanto como en una conferencia de María Jesús Montero.

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La ministra de Hacienda ha sido la primera ponente de la tarde. Los empresarios, en primera fila, se palpaban los bolsillos. ¿Los impuestos suben o bajan? Pues depende, más o menos igual que en la hierba de Wimbledon. Suben y bajan continuamente. Ella lo llama “modernización del sistema fiscal”.

Con tanto trasiego, para arriba y para abajo, María Jesús se torció el tobillo. Fue el otro día. En la calle del Carmen. Se lo ha dicho al alcalde, que le tocaba turno justo después. En el corrillo, la ministra ha amagado con exigir al Ayuntamiento su “responsabilidad”. Martínez-Almeida, socarrón, le ha contestado: “Revisaremos el pavimento, pero probablemente se debiera a un déficit de financiación del Estado”.

Al mismo tiempo, se debatía en el Congreso de los Diputados. Visto con perspectiva, parece un milagro que fuera una baldosa -y no una entrada del adversario- lo que atacara el tobillo de la ministra. De un tiempo a esta parte, la política en España podría describirse como “tobillismo”. Un amigo de la barra, muy maledicente, sentencia: “La política en España siempre acaba en el adoquín”. 

No sé qué ha debido de pensar Almeida de este foro. Puedo imaginarlo. Su anterior entrevista con EL ESPAÑOL fue en un bar con una copa de por medio. Hoy ha tenido que venir de traje y le han servido un vaso de agua. Al poco de estrecharle la mano, me he disculpado: “Lo siento, José Luis, esto es lo que hay”. 

La ironía de Almeida es un clásico. Sin necesidad de bebidas espirituosas. Vean: cuando le han preguntado si confía en Pedro Sánchez para la gestión de los fondos europeos, ha respondido: “Hombre, confianza… Hay lealtad institucional”. Eso es lo que se prometen las parejas cuando rompen. Y ya saben cómo acaba la cosa. 

A partir de ese instante, el streaming del Wake Up ha robado ipso facto la audiencia a Telecinco. Se ha improvisado aquí, en la Casa de América, la “Isla de los supervivientes”. Han llegado Fernández Mañueco y López Miras, los presidentes de Castilla y León y Murcia, a salvo ya de sendas mociones de censura. Después ha aparecido Fernández Vara, el de Extremadura.

Vara ha dicho que los presidentes autonómicos “visten la misma camiseta”. Se ha quejado, eso sí, de los nacionalismos que dividen “y se quedan con algunas cosas”. Aunque ha sido importante el matiz: “También hay no nacionalistas que buscan quedarse con cosas”.

Yo, si me permite el presidente Guillermo, me quedo con esta “cosa”: ha pedido explorar el impulso del cáñamo medicinal. Según ha explicado, debe de haber un gran cultivo en Extremadura. El “tío la Vara”, que decía José Mota, ya ha movido ficha y ha pedido una reunión a la ministra de Sanidad.

Se ha hablado mucho hoy del “efecto capitalidad” de Madrid en relación a los impuestos. ¿Y qué hay del efecto sensatez de los gestores autonómicos y municipales? ¡Ni rastro de bilis! López Miras, el presidente regional más joven de España, ha llegado a definir a Vara como “uno de sus referentes”. ¡Sólo le ha faltado ofrecerle una consejería para meterlo en el Gobierno de Murcia!

Disculpen que les abandone hoy un poco antes. Mañana, compartirán este salón Irene Montero e Isabel Díaz Ayuso. Y para eso hay que venir muy descansado.