Durante décadas, elegir dónde pasar las vacaciones o una escapada de pocos días parecía tener unas reglas bastante claras. Había lugares que había que visitar, monumentos delante de los que hacerse una foto y ciudades que aparecían, casi obligatoriamente, en cualquier lista de destinos pendientes.
Sin embargo, algo está cambiando en la forma de viajar de los españoles. Frente a las playas abarrotadas, las colas o los centros históricos saturados, cada vez son más los viajeros que buscan precisamente lo contrario: lugares donde todavía sea posible sentirse lejos de todo.
Esta tendencia tiene un nombre: undertourism. Un concepto que propone alejarse de los destinos sometidos a una elevada presión turística para descubrir pueblos, pequeñas ciudades, espacios naturales y territorios que permanecen fuera de los grandes circuitos.
Turista en un pueblo gallego.
Y los datos empiezan a demostrar que no se trata únicamente de una moda pasajera. El 63 % de los turistas españoles evita deliberadamente aquellos destinos que percibe como masificados, según el estudio Travel Trends elaborado por la consultora Simon-Kucher.
El rechazo llega incluso a modificar las vacaciones. El mismo estudio, realizado a partir de las respuestas de más de 7.000 viajeros, señala que un 29 % de los españoles ha llegado a cancelar o cambiar sus planes debido a problemas relacionados con la masificación turística.
El 83 % quiere destinos poco conocidos
El fenómeno también aparece en las decisiones sobre dónde viajar. Según datos publicados por Skyscanner, el 83 % de los españoles se muestra dispuesto a explorar destinos menos conocidos y seis de cada diez prefieren evitar las rutas turísticas tradicionales para buscar alternativas menos populares.
Incluso el calendario empieza a cambiar. Un 40% de los viajeros españoles se propone evitar las semanas con mayor afluencia, una decisión que permite encontrar mejores precios, pero también disfrutar de los destinos con mayor tranquilidad.
Detrás del undertourism hay, por tanto, algo más que la necesidad de escapar de las multitudes. También aparece la búsqueda de autenticidad, de una mayor conexión con el lugar que se visita y de unas vacaciones que permitan desconectar del ritmo cotidiano.
Y España tiene un escenario especialmente interesante para que esta nueva forma de viajar pueda crecer. Mientras determinadas ciudades y zonas costeras concentran millones de visitantes, una parte enorme del territorio se enfrenta desde hace años al problema contrario: cada vez vive menos gente.
Más de 3.400 municipios en riesgo de despoblación
La llamada España vaciada sigue extendiéndose por el mapa con pueblos que pierden habitantes, servicios que desaparecen y municipios que encuentran cada vez más dificultades para mantener actividad económica durante todo el año.
Según datos recogidos en un informe de la Universidad de Zaragoza a partir del Informe Anual 2020 del Banco de España, más de 3.400 municipios se encontraban en riesgo de despoblación. Aplicando criterios de pérdida de población y baja densidad, el problema alcanzaba aproximadamente al 42% de los municipios españoles.
Son territorios que reúnen alrededor de un millón de habitantes, aproximadamente un 2,3% de la población nacional, pese a extenderse por una enorme superficie de la Península.
Una realidad que adquiere todavía otra dimensión con los últimos datos disponibles. Un estudio publicado en 2026 por la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie) ha calculado la distribución de la población utilizando cuadrículas de apenas 100 por 100 metros.
El resultado es sorprendente: únicamente el 2,6% del territorio español está realmente ocupado por población residente. Dicho de otra manera, el 97,4% del territorio aparece demográficamente vacío con esta metodología.
Además, la concentración continúa incluso dentro de las zonas habitadas. La mitad de la población española vive en apenas el 6,1% de las celdas donde existe población, mientras que la otra mitad se distribuye por el 93,9% restante.
El undertourism sigue sumando adeptos
Es precisamente ahí donde el undertourism abre una posibilidad diferente. No se trata simplemente de sustituir un destino masificado por otro hasta terminar provocando el mismo problema, sino de repartir los viajes de una manera más amplia por el territorio y durante más meses del año.
Porque viajar a un pequeño pueblo, dormir en un alojamiento rural, comprar productos locales o comer en un establecimiento familiar puede tener un impacto especialmente significativo allí donde mantener abiertos esos negocios durante todo el año resulta cada vez más complicado.
El reto estará en encontrar el equilibrio. Que esos destinos sigan conservando precisamente aquello que empieza a buscar el viajero: tranquilidad, identidad, naturaleza y una experiencia que todavía no haya sido diseñada alrededor de las multitudes.
Quizás por eso el próximo gran destino turístico no tenga que ser necesariamente un lugar nuevo. Puede ser simplemente uno que siempre estuvo ahí, pero al que hasta ahora casi nadie había mirado.
