El último CIS que se ha publicado en nuestro país revela que el 82,5% de los españoles está preocupado por los "efectos del cambio climático sobre el turismo". Pero muchos no sabrán que los usos y costumbres están cambiando y que hay ciudades, como Madrid o Barcelona, que tienen claro que no cierran ni de día ni de noche.
Y es que ha surgido una nueva forma de viajar, el fenómeno del noctourism, o nocturismo, que ha dejado de ser una simple alternativa obligada en verano en sitios de mucho calor para convertirse en una de las transformaciones más profundas en el sector de los viajes.
En los últimos años, y tras el innegable impacto de las olas de calor cada vez más extremas en muchas partes del planeta, más del 60% de los viajeros confiesa su intención de realizar escapadas centradas en actividades que surgen con la puesta de sol y después de ella.
Observación de un eclipse.
Tradicionalmente, España era un buen destino al caer la noche. Pero los expertos aseguran que el noctourism va mucho más allá de la clásica oferta de ocio nocturno, de música y discotecas. Lo que ahora se busca son experiencias diferentes.
Según datos que maneja el sector a nivel global, el mercado mundial del turismo nocturno generó el año pasado más de 75.500 millones de euros en todo el mundo y mantiene una tasa de crecimiento anual compuesta del 7,2%.
Europa representó el segundo segmento de noctourism más grande con el 28,7% de los ingresos, impulsado sobre todo por la inversión de muchas ciudades, entre las que se encuentran Madrid y Barcelona, en la puesta en valor de su patrimonio arquitectónico y en la creación de recorridos a pie con ambiente único al caer el sol, además del desarrollo tradicional de las zonas de ocio.
La catedral de Tarazona podrá visitarse de noche en una innovadora experiencia con espectáculos de luz y sonido.
A nivel europeo podemos destacar iniciativas como los mercados nocturnos de Bruselas, Praga y Viena; el Paris Night Tour, aperturas extraordinarias de museos hasta más tarde de su cierre habitual, la apuesta por el astroturismo y hasta los safaris fotográficos nocturnos si nos movemos a otras partes del mundo que se han puesto muy de moda bajo la fuerza magnética de la Luna.
En España, el auge de esta nueva tendencia de viaje se debe básicamente a un intento por huir del estrés térmico, dejando la playa o la piscina para las horas de más calor e impulsando a los viajeros a realizar otro tipo de actividades cuando baja el sol y las temperaturas.
Pero el noctourism está creciendo como una búsqueda intencionada de bienestar y desconexión digital, apostando por experiencias nocturnas diferentes que evitan la masificación de algunos espacios monumentales y naturales que al anochecer registran una afluencia notablemente menor y mejoran la calidad de la experiencia.
Panorámica nocturna de Pontevedra.
De hecho, lo curioso del noctourism en España es que no sólo ha echado raíces en las grandes ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia, sino que también ha creado adeptos en otras zonas de interior e incluso más frescas pero que cuentan con una geografía privilegiada para hacer observaciones astronómicas libre de contaminación lumínica, paseos o cenas a la luz de la luna, navegaciones bajo las estrellas o rutas de ecoturismo para descubrir la fauna nocturna, entre otras actividades.
De esta forma, nuestro país se ha convertido en los últimos años en un referente internacional en esta disciplina y hasta ha podido renovar el perfil de sus viajeros añadiendo al tradicional turista cultural o de sol y playa, el que busca esa España a la luz de las velas o de las estrellas.
A diferencia de décadas anteriores, las actividades nocturnas se están alejando de las asociadas casi en exclusiva al consumo de alcohol o al ocio festivo, y ahora los análisis de tendencias muestran que las nuevas generaciones (Generación Z y Millennials) prefieren invertir su tiempo, y presupuesto, en algo más saludable, cultural y de naturaleza.
Visita nocturna por el Parque Arqueolóxico de Arte Rupestre de Campo Lameiro
De esta forma, la industria hostelera española está siendo capaz con estas nuevas tendencias de consumo de viajes no sustituir al turismo tradicional, sino redistribuir los flujos de visitantes, aliviar la presión diurna en las ciudades e impulsar un desarrollo económico sostenible durante las 24 horas del día.
