Si al lanzar la moneda hubiera salido cara y no cruz, la ciudad de Nueva York hubiera tenido el rascacielos más grande de la época con la firma y la esencia de Antonio Gaudí.
Era el año 1908 cuando dos empresarios estadounidenses, de los que nunca hemos llegado a conocer su identidad, ofrecieron al arquitecto catalán hacer el edificio más alto de la ciudad neoyorquina en ese momento: 360 metros de altura.
Gaudí hizo los bocetos del Hotel Attraction, como llamó al proyecto, en lo que parecía ser una catedral laica en plena City. Un cuerpo central más alto en forma de parábola se elevaba hacia el cielo rematado con una estrella, frente a ocho cuerpos laterales donde el arquitecto planeó abrir museos, auditorios y galerías de arte.
Un diseño muy parecido a la Casa Milá pero lleno de mosaicos de colores en la fachada y con la grandiosidad que la futura ciudad de los rascacielos le iba a permitir llevar a cabo.
Así iba a ser el Hotel Attraction que diseñó Gaudí para Nueva York.
Este sueño incumplido podría haber marcado la diferencia en la arquitectura de hierro y cristal posterior de Nueva York, tal y como la conocemos ahora.
La idea de Gaudí era crear cinco salones de 14 metros de altura con el nombre de los cinco continentes, plantas para residencias, habitaciones hasta la azotea para huéspedes, un recibidor teatral y cuatro entradas principales. Y todo eso hace más de un siglo.
Ahora sólo podemos imaginar cómo hubiera sido semejante obra o acudir a la nueva exposición inmersiva en el Espai Imagina de Barcelona donde podemos sentir cómo sería la entrada triunfal en este superhotel cinco estrellas centenario y algunas de sus estancias, si la moneda hubiera salido cara.
Pero el Hotel Attraction no fue el único proyecto que Antonio Gaudí dejó entre sus carpetas tras su repentina muerte.
Código Gaudí aprovecha la realidad virtual para recrear los espacios que se quedaron en la mente de Gaudí.
La Cátedra Gaudí de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) participa como comisariado científico en esta exposición con tecnologías inmersivas y ha apostado por rescatar ideas como las Misiones Franciscanas de Tánger, la monumental Fuente de la plaza Catalunya o el Paraninfo de la Universidad de Barcelona.
Bajo el nombre Código Gaudí, busca una nueva mirada dentro del Año Gaudí para descubrir cómo funcionaba la mente del genio catalán y cómo eran algunos de los edificios que imaginó pero nunca llegó a construir.
Las recreaciones han cuidado hasta el último detalle que aparece en los bocetos de Gaudí.
Geometría, funcionalidad y simbolismo forman parte del proceso de creación del arquitecto que llegó a convertirse en una de las mentes más transformadoras de los siglos XIX y XX y que ahora encaja perfectamente con aspectos como realidad virtual, realidad aumentada, realidad mixta e instalaciones audiovisuales.
En la muestra podemos manipular formas geométricas para entender cómo encajaban en las maquetas, fijarnos en su trabajo con la luz y descubrir herramientas que desarrolló sólo para resolver los desafíos arquitectónicos que sus propios diseños le provocaban.
Pero lo mejor, sin duda, es poder visualizar cómo serían esos edificios que se quedaron en su cabeza, aunque sólo sea por un momento y por la gracia de unas gafas mágicas. Algo es algo porque hasta ahora sólo podíamos mirar un dibujo.
El complejo que diseñó Gaudí para Tánger incluía una iglesia, un hospital y una escuela.
Misiones Franciscanas de Tánger
El diseño de 1892 de este proyecto presidía el taller de Antonio Gaudí en la Sagrada Familia. Era una idea que le ilusionaba y que encontró el respaldo económico en los Marqueses de Comillas pero que nunca llegó a realizarse, seguramente, por la situación política que se vivía en Tánger en aquellos años.
El encargo venía del padre José María Lerchundi y consistía en un conjunto fortificado, una especie de alcázar, con una iglesia, un convento, un hospital y una escuela. Algunos estudiosos posteriores aseguran que todas las medidas se basaban en el número 12, los apóstoles, puesto que el recinto ocupaba 120 metros de diámetro y la altura alcanzaba los 24 metros en el perímetro circundante.
El simbolismo de Gaudí le llevó a diseñarlo con cinco cruces potenzadas, la seña de los misioneros franciscanos de Marruecos, y 17 torres, con la central, más alta y dedicada a Jesús, cuatro a los evangelistas y 12 para los apóstoles. De nuevo el doce.
El Paraninfo de la Universidad de Barcelona fue el proyecto fin de carrera de Gaudí.
Paraninfo de la Universidad
El proyecto de reválida de Antonio Gaudí como arquitecto en 1878, lo que ahora sería su proyecto fin de carrera, fue un Paraninfo universitario. En ese diseño ya se apuntaban las bases de sus obras: geometría, imaginación, libertad y simbolismo.
Lo curioso es que los profesores le dieron un simple aprobado por mayoría, la nota más baja. Cuentan las malas lenguas que el presidente del tribunal era Elías Rogent, el autor de la Escuela de Arquitectura de Barcelona y de un paraninfo muy diferente al de Gaudí.
La fuente proyectada por Gaudí para la Plaza de Catalunya que no llegó a construirse.
Fuente monumental en la Plaza de Catalunya
Esta fuente de casi 50 metros de altura y 66 de diámetro que pretendía crear chorros de agua voladores para pasear por debajo sin mojarse fue otro proyecto de la etapa universitaria de Antonio Gaudí.
Por suerte, este plano, junto con otros de su etapa de estudiante, fueron reclamados por la universidad para una muestra y se libraron del incendio en la Sagrada Familia en 1936. Así fue cómo sobrevivieron.
En más de un siglo de vida, alguna vez se ha planteado hacer realidad este impresionante diseño en la ciudad, aunque nunca muy en serio.
