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En la comarca de Guadix, en el corazón de Granada, más de 2.000 viviendas excavadas en la arcilla siguen habitadas. Se trata de uno de los mayores conjuntos de arquitectura troglodítica de Europa en uso.

Es ahí, en el pequeño municipio de Benalúa, donde tres de esas antiguas excavaciones han dado un salto del pasado al presente para convertirse en las Cuevas de Kabila. Un alojamiento que reivindica la arquitectura excavada como forma de lujo silencioso y que funciona, además, como puerta de entrada a uno de los paisajes más singulares del sur de España: el Geoparque de Granada.

Una historia tallada en los cerros

La Hoya de Guadix-Baza se formó hace 8 millones de años, cuando el movimiento de placas tectónicas abrió una depresión que, con el tiempo, se rellenó de arcillas, yesos y limos. Las lluvias torrenciales esculpieron durante milenios los barrancos de tonos ocres, rojizos y verdosos que hoy se conocen como cárcavas. Un paisaje a medio camino entre marciano y lunar con formaciones que desafían la gravedad.

Un paraje como pocos, obra de la mano de la Naturaleza. Cuevas de Kabila

Fue, precisamente, esa tierra blanda la que permitió excavar las primeras viviendas-cueva de la zona, aprovechando una temperatura interior constante de unos 20 grados. A partir de 1489, la población mudéjar y la morisca, multiplicó estas construcciones, añadiendo no solo dormitorios sino silos, corrales y palomares conforme crecían las familias.

El éxodo rural de los años 70 dejó buena parte de estas cuevas vacías durante décadas hasta que, en los últimos años, una nueva generación ha empezado a recuperarlas con la intención de habitar el paisaje de otra manera.

Vista de las tres cuevas en el punto más alto de Benalúa Cuevas de Kabila

Arquitectura vernácula: cuando la cueva manda

En este movimiento regenerativo y comprometido con el entorno encontramos el proyecto de las Cuevas de Kabila, la apuesta de rehabilitación y reacondicionamiento que el emprendedor Carlos Moreno ha llevado a cabo en Benalúa. Sus tres alojamientos-cueva se han convertido ya en todo un referente turístico y caso de éxito en la zona. Moreno resume en una sencilla frase una filosofía de diseño respetuosa con la naturaleza y que evita imponerse a ella: "La cueva manda, tienes que adaptarte a ella”.

Están diseñadas con todo lujo de detalles y piezas de anticuario. Cuevas de Kabila.

¿El resultado? Tres estancias de hasta 150m2, con dos habitaciones, todas las comodidades imaginables y mucho carácter. Las antigüedades y las creaciones de artesanos locales conviven con piezas contemporáneas y establecen un curioso diálogo con las paredes curvas en las que se asoman estratos milenarios.

Los baños cuentan con claraboyas que los inundan de luz natural. Cuevas de Kabila.

Aquí descubres una forma de habitar sin excesos, sin ruido, con un gasto energético sostenible y sin tecnología invasiva. Pero eso no implica renunciar a los pequeños placeres: un baño de sales tras una caminata de varias horas es un privilegio bien ganado.

Las piscinas ofrecen vistas inigualables a Sierra Nevada y atardeceres únicos. Cuevas de Kabila.

Fuera, te esperan tu piscina privada y terrazas con vistas únicas a Sierra Nevada. Las charlas interminables o los momentos de contemplación están asegurados en cualquier época del año.

Vivir y dormir abrazado por la madre Tierra

Los espacios sinuosos y los rincones íntimos crean una atmósfera muy acogedora. Cuevas de Kabila.

Cuando accedes a tu cueva por primera vez hay algo de vuelta al pasado. La sensación de calma, de recogimiento y un cierto asombro va ganando terreno según avanzan las horas. Quizá no lo identifiques claramente al principio, pero esa sensación va tomando cuerpo hasta convertirse en algo más consciente. Y es que alojarte aquí es, también, una forma de volver al origen. A ese tiempo en el que se habitaban estas mismas cuevas y eran el único espacio de seguridad que se conocía.

Los dormitorios son el refugio perfecto hasta para los insomnes. Cuevas de Kabila.

Al irte a dormir es cuando esa sensación cobra todo el protagonismo. Hay algo, quizá la calma uterina de la tierra, que tranquiliza tu sistema nervioso. Te sientes protegido, acogido y con esa sensación placentera de estar a buen recaudo. Antes de que te des cuenta, te habrá vencido el sueño.

Cárcavas, dólmenes y estrellas

Alojarse aquí no es solo vivir una experiencia diferente porque habitas las entrañas del paisaje, sino porque te permite explorar una región tan hermosa como desconocida. Un paisaje esculpido por la erosión durante millones de años, declarado Geoparque Mundial de la UNESCO y que conserva uno de los mejores registros geológicos continentales de los últimos dos millones de años.

Las formaciones rocosas de tonos rojizos son el ADN de esta tierra. Agustin Orduna. iStock.

Un territorio de farallones, badlands, cañones fluviales, miradores naturales y pueblos con historia, moldeado por la erosión durante millones de años. Una Granada diferente, menos expuesta, más silenciosa, más mineral y profundamente ligada a la tierra.

A pocos minutos de las cuevas encontrarás las Cárcavas de Marchal, declaradas Monumento Natural: un laberinto de barrancos multicolor que puedes recorrerse a pie, en bicicleta o a caballo y disfrutar de sus ocho miradores.

En Gorafe, a media hora en coche, se encuentra el mayor parque megalítico de Europa, con necrópoliscomo la de Conquín. Muy cerca de aquí está, también, el paraje de Los Coloraos; un auténtico desierto de arcilla roja que ha servido de escenario de decenas de películas y que culmina en el mirador conocido como El Fin del Mundo.

Lo que no te puedes perder

Tanto si vas en verano como en invierno, en pareja, con familia o amigos hay planes que debes incluir en tu itinerario.

La imponente catedral de Guadix, un ejemplo del rico patrimonio de la zona. Flavio Vallenari. Istock.

Visita a Guadix: Un lugar lleno de sorpresas inesperadas como el barrio troglodita de Santiago o su catedral renacentista, levantada sobre la antigua mezquita mayor. Los restos de su alcazaba árabe son también parada obligada.

Cicloturismo: Las rutas en bicicleta son un must aquí. Ya sea para descubrir el desierto de Gorafe o las cumbres de Sierra. Todo está bien preparado para disfrutar de recorridos sorprendentes.

Sabores locales: Descubre productores de la zona como los jóvenes creadores de la Bodega Toral, quienes recuperan el conocimiento de sus abuelos para hacer vinos artesanos. O disfruta del pan del horno de María Diezma, para el que emplean trigos recuperados que no se usaban desde hace años.

Vuelos en globo: Recorrer estas tierras de interior a vista de pájaro al amanecer, en pleno silencio, no tiene precio. Verás cómo la luz se despliega en decenas de colores y las sombras bailan una canción vieja como las piedras.

Un cielo Starlight: Al caer la noche solo tendrás que elevar tu mirada y verás millones de estrellas flotando sobre tu cabeza en un cielo sin contaminación.