Sólo escuchar "Orient Express" seguro que se nos viene a la cabeza un chacachá del tren muy rítmico o la imagen de un lujoso vagón, con los asientos de terciopelo, una vajilla inglesa blanca con finos adornos dorados para el té, si pasamos por el restaurante, y pequeñas cortinas que dejan entrever el paisaje más remoto que podamos imaginar.
Desde el año 1883, cuando la mítica compañía inauguró su ruta París-Estambul, Orient Express se ha convertido en un sinónimo de elegancia y aventura, siguiendo el camino de sus raíles.
Sin embargo, en esta nueva etapa, Orient Express ha decidido bajarse del tren por un momento para crear sus primeros hoteles estáticos en dos ciudades míticas para el viajero clásico: Roma y Venecia.
Las suites del Orient Express Minerva están decoradas con textiles elegantes y maderas cálidas.
El primer hotel que abrió hace poco más de un año es La Minerva, ubicado en un palacio del siglo XVII en la Piazza della Minerva 69, en pleno corazón de la capital italiana. En sólo unos meses ya se ha colado como uno de los 70 mejores hoteles del mundo.
Y es que este increíble templo del arte no es un edificio cualquiera porque en este palacio, ilustres aventureros y artistas como Stendhal y Melville buscaron en su día inspiración y refugio.
Eso sí, para este nuevo viaje, Orient Express ha buscado a los mejores compañeros de viaje: Arsenale Group, con quien se ha asociado en la gestión de La Minerva, y el visionario artista y arquitecto Hugo Toro, encargado de devolver todo el esplendor a esta joya romana.
Las vistas desde la azotea de La Minerva descubren una Roma mucho más tranquila y serena.
El ambiente recreado recoge la imaginería propia de esos elegantes viajes con referencias temporales y estilísticas que fluyen por todo el espacio y que se plasma en el cielo de Roma que se ha pintado a mano sobre la cama de cada habitación.
Todo en este palacio recuerda a esos legendarios vagones como los baúles hechos a medida, los detalles en madera y hasta la lencería de cama, ya que utilizan las mismas sábanas que en los coches cama del Orient Express, elaboradas por Rivolta Carmignani.
Los baños son un homenaje a esos viajeros ilustres que llenaron el palacio en busca de refugio e inspiración.
Entre sus espacios gastronómicos más apetecibles está La Minerva Bar, situado en el corazón del vestíbulo del hotel, con una impresionante escultura de la diosa de Rinaldo Rinaldi de 1854, y unas columnas de mármol originales que resplandecen suavemente durante todo el día, creando una atmósfera que se transforma desde la luz natural romana hasta una refinada intimidad.
Para los amantes de la Dolce Vita y de las vistas increíbles, Gigi Rigolatto asume una de las azoteas romanas más bonitas con vistas panorámicas de 360° a los tejados y monumentos de la ciudad, incluidos el Panteón, el Vittoriano y la majestuosa cúpula de la Basílica de San Pedro.
Para el diseño del spa, obra y gracia de Hugo Toro, la inspiración se ha sacado de la propia Roma y evoca el espíritu del viaje en el Orient Express pero entendido como un pasaje, una travesía y una experiencia sensorial plenamente inmersiva en tres etapas: tepidarium, calidarium y frigidarium.
Una de las habitaciones del nuevo hotel de la compañía en Venecia.
Venecia
El Orient Express Venezia es el segundo hotel que recién acaba de abrir esta elegante marca de viajeros. Se ubica en la antigua casa del duque de Urbino, un palacio histórico construido en el 1400 que fue renovado en 1800 y que era propiedad de las familias Dona y Giovannelli.
El Palazzo Donà Giovannelli ha encarnado durante mucho tiempo el espíritu de Venecia como encrucijada de cultura e imaginación. Su reforma en el siglo XIX lo llenó de interiores con una profusión neogótica, toques barrocos y la icónica escalera octogonal coronada por una bóveda celeste.
Cuando cae la tarde, la luz atenúa ese brillo y las sombras aparecen como en gran teatro lleno de reflejos e insinuaciones. Lo mismo ocurre en sus 47 habitaciones que mantienen en su decoración la inspiración de esa época oscura y luminosa de una Venecia misteriosa, mítica y aventurera, con vistas a los jardines o los canales de la ciudad.
El Spa del Orient Express Venezia celebra tanto la suntuosidad como la luz de la ciudad.
En los techos abovedados se pueden disfrutar de gloriosos frescos y estucos ornamentados que han sido testigos silenciosos del paso de los siglos. Las paredes han recuperado sus sedas moiré mientras que los terciopelos dialogan con vibrantes mármoles en un homenaje a la estética y el arte veneciano.
Las seis suites del Orient Express Venezia cuentan una historia diferente que tienen que ver con el conde, el teatro, la propia Venecia y Minerva, una diosa que sigue a la compañía en esta aventura italiana.
Entre grandes cortinas podemos encontrar algunos de los secretos del palacio puestos de relevancia como los frescos del siglo XIX dedicados a la diosa Minerva, salones dorados animados por querubines o chimeneas de mármol con conchas esculpidas entre enormes ventanales con unas vistas a los canales.
El lobby del hotel es una inspiración para seguir viajando incluso sin moverse de Venecia.
Tampoco se han olvidado de la comida en este increíble hotel en el barrio de Cannaregio. La cocina está a la altura del espacio en un refinado restaurante gourmet y un animado espacio gastronómico de carácter contemporáneo que abre todo el día.
Ambos respiran de los jardines y patios secretos, con una experiencia interior única.
Si en La Minerva de Roma el spa oscilaba entre los tonos dorados y terrosos que recordaban a las tradicionales termas, aquí, se celebra La Serenísima y su historia marinera como un templo de bienestar en tonos blancos, dorados y poderosos.
