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Desde hace años, la culmen del turismo de lujo se vive en la Costa del Sol. Marbella, Estepona y alrededores se han convertido en objeto de deseo y todo el mundo quiere su trocito de gloria y de playa. Pero el territorio es el que es. Así que a veces, la mejor fórmula es hacerse con parte de un cielo apagado y darle luz.

Eso han debido de pensar en Meliá que se ha colado en esta gran fiesta con una invitación por todo lo alto: el Hacienda del Mar member of The Meliá Collection, inaugurado el pasado mes de junio, aunque lleva desde marzo trabajando bajo un ruido silencioso.

Este hotel, que imita a un pueblo andaluz en su estructura en terracota y arcilla, fue el primer 5 estrellas que se abrió en Estepona cuando lo exclusivo buscaba expandirse más allá de las concurridas fronteras de Marbella.

El hotel cuenta con 45.000 metros cuadrados de jardines y una almenara del siglo XVI. E. E:

Fue la cadena Kempinski quien encargó el edificio al boliviano Melvin Villarroel Roldán, uno de los arquitectos más influyentes en el dibujo actual de la Costa del Sol tras levantar el hotel Puente Romano y el creador de la llamada arquitectura orgánica en la región.

Era el año 1999 y la inauguración del mítico Kempinski Hotel Bahía situaba a Estepona de pronto en la casilla de salida de la lista de lugares del mundo más buscados por el turismo de lujo, sobre todo entre los huéspedes que venían de Alemania, uno de los grupos más apreciados entonces.

La idea que marcó la construcción y la división de las habitaciones es que todas tuvieran vistas al mar. Un privilegio que The Meliá Collection también ha mantenido en una reforma perfecta (y en tiempo récord, menos de un año), que ha eliminado lo sobrante para quedarse solo con la esencia.

La obsesión del hotel es que todos los huéspedes tengan vistas al mar desde sus habitaciones. E. E.

El nuevo hotel de la cadena española en Málaga cuenta con 131 habitaciones, de las cuales 60 son suites, una proporción casi del 50% que es toda una declaración de intenciones de lo que Hacienda del Mar ofrece a sus huéspedes: el espacio y el diseño como lujo esencial.

La apuesta para el éxito de The Melia Collection no sólo pasa por estas habitaciones más grandes (45 metros de media) sino también por una piscina de diseño donde tomar el sol; el mar por todos lados y, de propina, los 325 días de sol que hay de media al año en Estepona.

Buenos ingredientes para acabar convirtiendo el hotel en un destino en sí mismo, que es lo que buscan sus responsables.

De las 131 habitaciones, 60 son suites, y todas tienen una media de 45 metros de grande. E. E.

Ayuda también que el cliente se sienta bien, coma mejor y duerma como un lirón.

Para eso, clases de yoga frente al mar, un spa inspirado en la fuerza mitológica de Maia y 45.000 metros cuadrados de jardines frente a la playa del Padrón podrían ser suficientes para encontrar el bienestar en la Hacienda.

El Buladero es un homenaje al restaurante que Meliá abrió en el Gran Colón de Sevilla. E. E.

En cuanto a la mesa, la apuesta se divide entre el producto y la esencia. El Neguri Beach Club, situado frente al Mediterráneo y decorado como un club náutico, busca una cocina mediterránea donde mandan los arroces. Mientras que Burladero rememora el restaurante que abrió Meliá en su famoso Hotel Colón de Sevilla donde la tradición y el misticismo se marcan en las carnes a la brasa o en las alcachofas salteadas.

Cuando cae la noche, y tras pasar por Umbral, el lobby bar donde el ritmo se desacelera, llega el momento del descanso. The Meliá Collection sigue con la tradición de la compañía de utilizar uno de los colchones más icónicos del mercado, el Dreammaker, diseñado en exclusiva por Pikolin y que aúna la firmeza perfecta y una suave acogida para que caer en los sueños más profundos.

El desayuno se toma en la Almenara, justo la zona del restaurante que está a los pies de la Torre del Padrón. E. E.

La torre del Padrón

Siempre se puede hablar de elegancia, lujo, comodidades, pero lo que distingue a un hotel The Melia Collection del que no lo es, es precisamente la historia que rezuman sus paredes. Su legado. Y eso, en Hacienda del Mar, lo encuentras mires por donde mires.

Podemos empezar por lo más llamativo: el jardín y la altiva y orgullosa almenara del siglo XVI que se erige como un recuerdo vivo de todos los fantasmas que ocuparon esa playa.

En Estepona hay en total siete de estas construcciones circulares, pegadas a la costa, que se levantaron entre el siglo XV y XVI como un sistema de defensa común contra piratas y malhechores.

El hotel acoge a la Torre del Padrón, una de las mejor conservadas, que ha dejado a un lado las armas para convertirse en el mirador perfecto frente al mar y en un lugar ideal para realizar eventos y ceremonias con sus 12 metros de altura.

La conexión entre la piscina y el mar es uno de los elementos arquitectónicos más destacados en Hacienda del Mar. E. E.

El uso de materiales nobles en los espacios comunes hace que todas las miradas vayan al mar. E. E.

La vida de un artista

Pero una torre del siglo XVI no es el único secreto que guarda el hotel. Las cúpulas de los techos de La Hacienda del Mar todavía siguen narrando la historia del artista que pasó cuatro años de su vida buscando la inspiración entre estas paredes y el mar.

Se trata del pintor alemán Stefan Szczesny, una figura clave del movimiento Neue Wilde o "Nuevos Salvajes", que trabajó como director artístico durante la construcción del edificio en su primera etapa como Kempinski y que ha dejado su huella creativa y luminosa en varios rincones.

La idea originaria era que se integrara en el mundo mágico que querían inventar con el primero hotel cinco estrellas de Estepona para empaparse del espíritu de la Costa del Sol: de su luz, del azul del Mar Mediterráneo y del misticismo que rodea las tradiciones y leyendas andaluzas.

Una de las cúpulas de Szczesny, el artista que vivió cuatro años en el hotel. E. E.

Szczesny creó una colección colosal de piezas hechas a medida exclusivamente para paredes, suelos o techos de La Hacienda del Mar que siguen marcando el pulso artístico de este refugio.

La reforma del hotel no ha hecho más que intensificar la obra de este artista alemán y aún podemos detenernos frente a sus grandes murales cerámicos, en los azulejos pintados a mano en los baños y en pinturas opulentas de gran formato.

Pero también podemos disfrutarlos de una manera más limpia puesto que, en la gigantesca entrada al hotel, se ha apostado por suelos de madera noble, tonos arenas y mobiliario de líneas limpias que dirigen toda la atención a las vistas al mar.

Unos materiales nobles para un edificio noble, con nobles intenciones.