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Primero se escucha el silbato. Después llega una nube de vapor que durante unos segundos cubre parte del andén. El revisor lleva uniforme, junto a las vías descansan viejos carros portaequipajes y sobre ellos se apilan baúles como los que acompañaban a los viajeros hace décadas. La cartelería tampoco ayuda demasiado a situarse en el presente. Entonces aparece la locomotora y resulta fácil olvidar que estamos en el siglo XXI. Solo lo recuerda el pago con tarjeta en el TPV de la taquilla.

Estamos en Sheffield Park, una de las cuatro estaciones del Bluebell Railway, la línea histórica que recorre 11 millas —casi 18 kilómetros— de la campiña de Sussex hasta East Grinstead, haciendo parada en Horsted Keynes y Kingscote. Aquí los trenes siguen circulando tirados por locomotoras de vapor, algunas con más de un siglo de historia, y buena parte de los coches que hoy transportan viajeros fueron construidos mucho antes de que este tipo de ferrocarriles pasara a convertirse en patrimonio.

Entre las máquinas de la colección hay auténticas supervivientes. Fenchurch, construida en Brighton en 1872, es la locomotora más antigua de Bluebell. Stepney, de 1875, fue una de las grandes protagonistas del comienzo de esta segunda vida ferroviaria y sigue siendo uno de los nombres más vinculados a la historia de la línea.

El cierre de la línea acabó salvándola

La historia comienza el 1 de agosto de 1882, cuando abrió la línea que comunicaba Lewes con East Grinstead para transportar pasajeros y mercancías por esta parte rural del sur de Inglaterra. Durante décadas pasaron por ella carbón, madera, productos del campo y viajeros hasta que British Railways decidió cerrarla en 1958.

El Bluebell Railway permite recorrer la campiña de Sussex a bordo de locomotoras centenarias Macarena Escrivá

Solo un año después se creó la asociación que lucharía por recuperarla. El primer servicio preservado salió en agosto de 1960 y convirtió a Bluebell en uno de los grandes pioneros del movimiento británico dedicado a salvar ferrocarriles históricos. Desde entonces, el trayecto fue creciendo de nuevo: alcanzó Kingscote en 1994 y finalmente volvió a East Grinstead en marzo de 2013.

Llegar hasta allí supuso superar un obstáculo bastante más prosaico que una locomotora averiada. Parte del antiguo trazado se había convertido durante los años sesenta y setenta en un vertedero municipal. Para recuperar la vía hubo que retirar cerca de 100.000 toneladas de basura doméstica, cubierta durante años por una capa de arcilla. El trabajo y la recaudación necesaria para pagarlo se prolongaron durante años.

Baúles, carros portaequipajes y cartelería antigua forman parte de una ambientación cuidada hasta el último detalle D.R

El 23 de marzo de 2013, 55 años después del cierre, el primer servicio público volvió a conectar la línea con East Grinstead. Nevaba aquel día, pero hubo banda de música, banderas y viajeros celebrando en los andenes. La línea volvía a estar completa.

Cada estación avanza unas décadas

Parte de la gracia del recorrido está en sus estaciones. La ambientación cambia a medida que avanza el tren porque cada una se ha conservado siguiendo un periodo distinto de la historia ferroviaria británica, desde la época victoriana hasta los años cincuenta.

Sheffield Park conserva el aspecto de finales del XIX. Conviene llegar antes de la salida para recorrer sus andenes, visitar el museo y acercarse a los cobertizos donde se guardan y restauran las locomotoras. La antigua oficina de billetes, las maletas, los carros portaequipajes o los anuncios reproducen detalles de aquellos primeros años del ferrocarril.

Horsted Keynes, conservada con el aspecto del Southern Railway de entreguerras, ha aparecido en producciones como Downton Abbey Macarena Escrivá

Una vez en marcha, los campos y bosques del Sussex Weald ocupan buena parte de la ventanilla. Precisamente de uno de esos paisajes procede el nombre de la línea: los bluebells, jacintos silvestres que en primavera forman grandes manchas violetas en los bosques junto a las vías. Durante unas semanas, el propio ferrocarril organiza viajes especialmente pensados para verlos.

Horsted Keynes cambia de escenario y lleva hasta los años del Southern Railway de entreguerras. Tiene cinco andenes y una apariencia tan bien conservada que el cine y la televisión llevan décadas recurriendo a ella. Aquí se han grabado escenas de Downton Abbey, The Woman in Black y Muppets Most Wanted, entre muchas otras producciones.

¿Siguiente parada? Kingscote, ambientada en los años de British Railways posteriores a la Segunda Guerra Mundial, antes de continuar hasta East Grinstead. Allí las vías históricas quedan a pocos pasos de los trenes actuales, lo que permite llegar desde Londres y enlazar directamente con este viaje ferroviario.

El Golden Arrow mantiene la mesa puesta

Hay varias maneras de recorrer esas 11 millas, pero una de las más especiales empieza sentándose a la mesa. Golden Arrow recupera parte del espíritu del célebre servicio que comunicaba Londres y París y utiliza coches Pullman históricos restaurados.

Tres de ellos, construidos entre 1923 y 1928, mantienen la marquetería, el latón, las butacas y las pequeñas lámparas de mesa asociadas a aquella edad dorada del viaje en tren. Durante el recorrido se sirven almuerzos y cenas con servicio de camareros mientras el convoy atraviesa Sussex.

El Wealden Rambler sirve afternoon tea con sándwiches, scones y dulces mientras el tren recorre la campiña de Sussex Bluebell Railway

El Car 54 tiene además una historia reciente. Regresó al servicio en 2024 después de una importante restauración y se convirtió en el primer coche utilizado en el Golden Arrow adaptado para pasajeros en silla de ruedas.

Si hubiera que escoger una segunda experiencia gastronómica, sería el Wealden Rambler. Aquí el viaje se acompaña de un afternoon tea con pequeños sándwiches, scones con clotted cream, dulces y té, servido durante el recorrido. Bluebell mantiene también trenes especiales de fish and chips y otros servicios gastronómicos a lo largo del año.

Algunos viajes incluyen un asesinato

La programación va bastante más allá de los servicios habituales. Una de sus propuestas más populares son las Murder Mystery, veladas en las que actores convierten el tren en el escenario de un crimen y los pasajeros reciben pistas para descubrir al culpable mientras cenan a bordo. Este año, por ejemplo, Murder at Calico Creek traslada la acción a una pequeña localidad del Oeste americano en 1862, en plena resaca de la fiebre del oro.

Las locomotoras de vapor siguen recorriendo las 11 millas que separan Sheffield Park de East Grinstead durante buena parte del año Bluebell Railway

Entre finales de octubre y principios de noviembre, los amantes del misterio tienen otra cita con el tren. Es el momento de The Ghost Train, que en 2026 ha creado una historia propia alrededor de una supuesta tragedia ferroviaria ocurrida exactamente un siglo atrás. El punto de partida es un accidente en Horsted Keynes la noche de Halloween de 1926 y una investigación que, cien años después, reabre el caso.

Y para quien prefiera el ferrocarril sin sustos de por medio, el calendario tiene citas como Giants of Steam, una de sus grandes galas anuales, en la que varias locomotoras de gran tamaño circulan durante un fin de semana con un horario especial. A lo largo del año se suman otras jornadas ferroviarias, experiencias especiales y trenes navideños, de manera que cada época encuentra una excusa diferente para volver a subir a bordo.