Publicada

Los palacios y castillos siempre consiguen dejar un sentimiento profundo en quienes los visitan. Bien por su misterio, por su grandiosidad, por su historia o por su ubicación. Pero nadie pasa por un castillo o por un palacio y se marcha igual que vino.

En el caso del Castillo de Peñíscola, esa tormenta de sentimientos se produce por varios motivos a la vez. Primero por su ubicación, asentado sobre un tómbolo rocoso que se adentra 64 metros sobre las aguas del Mediterráneo y crea una postal mágica allí donde la piedra y el agua parecen haber firmado una tregua.

Además, esta antigua alcazaba árabe fue un antiguo baluarte templario lleno de señas secretas y una de las tres únicas sedes papales en el mundo, lo que añade misterio e historia a su visita.

El Castillo de Peñíscola está ubicado en un tumulto a 64 metros del agua. iStock

Así que no es de extrañar que haya conseguido posicionarse en el puesto número 21 del prestigioso ranking de los mejores castillos y palacios de Europa por encima de otros iconos del patrimonio nacional como el Alcázar de Segovia o el Castillo de Montjuïc en Barcelona, según el análisis de la plataforma TUI Musement sobre millones de opiniones de viajeros en Google.

Del Temple al Papa Luna

Levantado entre 1294 y 1307 por los caballeros de la Orden del Temple sobre una antigua alcazaba islámica, el Castillo de Peñíscola es una de las muestras más depuradas del gótico y románico tardío en la Península Ibérica.

El Papa Luna fue el que dio al castillo una dimensión mística e internacional. iStock

Sin embargo, su trascendencia histórica dio un salto definitivo a comienzos del siglo XV cuando, tras el Cisma de Occidente, el cardenal Pedro de Luna transformó la fortaleza en su residencia papal y un refugio espiritual en Europa.

Bajo el nombre de Benedicto XIII, el conocido como Papa Luna acogió entre estos muros disputas teológicas, conspiraciones palaciegas y dio muestras de su resiliencia y tenacidad, dando origen a la expresión popular "mantenerse en sus trece".

Pero la fortaleza de Peñíscola no sólo ha conquistado a los turistas que lo han colocado al nivel del Castillo de Neuschwanstein en Alemania o el Palacio de Pena en Portugal, sino también a muchos artistas y directores de cine que supieron ver el aura que rodea este paisaje.

Imagen de la película de El Cid con el Castillo de Peñíscola al fondo. E. E.

Ya en 1961, Anthony Mann y Charlton Heston convirtieron sus murallas en la Valencia del siglo XI para la película clásica de El Cid y recientemente, el castillo se convirtió en la bahía de Meereen durante la sexta temporada de Juego de Tronos.

Los secretos

Si la imagen del castillo ya impresiona antes de llegar, la visita está organizada para que podamos recorrer sus estancias más míticas como el Salón del Cónclave, la Torre de la Guaita o sus sobrias caballerizas. Pero sobre todo para que podamos contemplar una panorámica de 360 grados sobre las murallas renacentistas y las aguas del Mediterráneo, solo reservada para papas y militares.

Además, en nuestro recorrido tendremos que fijarnos en sus pequeños secretos, con leyendas incluidas, que conserva todavía el Castillo de Peñíscola. Algunos siguen presentes físicamente y otros, hay que buscarlos en la historia mítica de esta fortaleza, como si fuera un fantasma.

La Iglesia de Santa María pegada a la zona del castillo de Peñíscola. iStock

La Escalinata del Papa Luna y la huida directa al mar: Sobre el acantilado existe una escalera esculpida en la roca que es conocida como la Escala del Papa Luna. Se dice que fue tallada en una sola noche con la ayuda del mismísimo diablo, aunque en realidad formaba parte de la vía de escape secreta que permitía al pontífice huir hasta los barcos que estaban atracados al pie del acantilado sin que nadie lo viera.

El Códice Maldito: Por muchos es sabido que Benedicto XIII reunió en Peñíscola una de las bibliotecas más valiosas de Europa con más de un millar de manuscritos raros como tratados de medicina innovadores, algunos de alquimia y de astrología. De hecho, se habla de uno muy especial, el Liber Coniurationum o libro de los conjuros, que era considerado un texto de magia negra. Muchos de esos libros se perdieron tras su muerte o fueron confiscados por la Santa Sede. A lo mejor, este manuscrito mágico está ahora bajo manos santas. Quién sabe.

El Castillo estaba diseñado para abastecerse de agua y proteger bien la ciudad del ataque de los piratas. iStock

Simbología templaria oculta y otras marcas: Tanto en el Salón del Cónclave como en la Basílica podemos ver las marcas de los canteros grabadas en los sillares de piedra. Era una forma de contar el trabajo, y por tanto el salario, pero también para dejar su firma de artesano. Además, también podemos descubrir cómo algunos de estos relieves geométricos ocultaban alineaciones solares en los solsticios o símbolos esotéricos muy vinculados a los caballeros del Temple.

El aljibe con filtración marina natural: El problema de esta fortaleza, que se alza sobre una península rodeada de agua salada fue conseguir agua dulce. Los templarios diseñaron un complejo sistema de aljibes subterráneos excavados en la roca para filtrar el agua de la lluvia. Pero había pequeñas entradas de mar, así que establecieron la fórmula para desalinizar y evitar esta contaminación de aguas con capas de arena, carbón y grava.