Tan pronto como apreciamos que el paisaje se llena de montañas frondosas, que los ríos serpentean entre desfiladeros, y pequeños poblados de casitas de madera hacen su aparición, sabemos que estamos llegando a nuestro destino.
Un enclave que, en los últimos años, se ha hecho más popular entre los viajeros que ansían conocer esa otra China, una que se aleja por completo de las ciudades de altos rascacielos y carteles de neón, para ahondar en su versión más rural.
Furong y Fenghuang forman parte de esta otra cara del país. Dos joyas colmadas de interesante patrimonio, pero también especiales por regalar estampas absolutamente espectaculares y narrar su pasado de fronteras, intercambios culturales y antiguos modelos de vida.
Las casas tradicionales sustituyen a las construcciones más urbanitas de las ciudades.
Dos pueblos con historia
Antes de arrancar la ruta, conviene conocer a quienes han dado forma cultural a este rincón del oeste de Hunan. Porque estamos en Xiangxi, una prefectura autónoma de las etnias Tujia y Miao enclavada entre las montañas Wuling, en el extremo occidental de la provincia.
La presencia de ambas comunidades queda plasmada en la arquitectura tradicional, en las fiestas, la música, y en los vistosos trajes de extraordinaria tradición artesanal.
Los Miao, por su parte, poseen una historia muy ligada a los movimientos migratorios de sus antepasados. Esa memoria se conserva especialmente bien en la platería que elaboran y lucen, que ha funcionado como una forma de conservar recuerdos a través de generaciones.
Collares, pendientes, tocados y adornos de plata de todo tipo realizados a mano que incorporan motivos relacionados con la naturaleza y con la propia historia del pueblo Miao, convirtiéndose en pequeñas obras de arte consideradas Patrimonio Cultural Inmaterial Nacional.
Aparte de lo estético, también poseen celebraciones tradicionales que recrean el papel del cortejo: durante determinadas fiestas y encuentros, los jóvenes entonan canciones como una forma popular de expresar sus sentimientos.
La artesanía popular es un símbolo que muchos portan con orgullo.
Por otro lado, se hallan los Tujia, cuya relación con el territorio está especialmente patente en la arquitectura de madera, en las tradiciones agrícolas y, al igual que ocurre con los Miao, en sus canciones y en las danzas. Una de sus manifestaciones más conocidas es la Baishou Dance, una danza colectiva cuyos movimientos están vinculados a actividades de la vida cotidiana, al trabajo y a la celebración de las cosechas.
Pero, si hay algo especialmente relevante en su cultura, son sus icónicas casas construidas sobre pilotes y adaptadas al terreno montañoso y a los cursos de agua. Son, sin duda, seña de identidad absoluta de esta etnia y uno de los aspectos más fotografiados.
Aquí, los habitantes se mezclan con el paisaje en su esencia más 'bruta' y natural.
Fenghuang, entre el río y las montañas
Y, ahora sí, arrancamos el viaje. La mejor manera de empezar a conocer Fenghuang es junto al Tuojiang, el río que atraviesa la ciudad antigua y su auténtica columna vertebral. A un lado y al otro, se alzan, imponentes, las diaojiaolou, esas casas tradicionales de madera construidas sobre pilotes que se asoman al agua mientras las montañas de Fenghuang, y las murallas de arenisca rojiza, completan la estampa.
Entre ambas orillas, un claro protagonista: el Hongqiao, el puente cubierto que, además de servir de paso sobre el río, es un magnífico mirador.
En Fenghuang podemos ver estampas que poco tienen que ver con rascacielos y neones.
Desde aquí merece la pena caminar sin demasiada prisa por las dos orillas, paseando por los tramos más concurridos, pero también dejando tiempo para curiosear por las pequeñas callejuelas que se internan en el casco antiguo. Es precisamente aquí donde Fenghuang revela su verdadera esencia.
Aparecen sus edificios residenciales, en cuyos bajos se han ido asentando, en los últimos tiempos, todo tipo de negocios enfocados al turismo. No faltan las cafeterías y restaurantes, las tiendas de recuerdos y las de artesanía hecha en plata.
Sin embargo, hay un tipo de locales que llaman poderosamente la atención: las tiendas de alquiler de trajes que ofrecen, en su servicio, peluquería, maquillador y estudio de fotografía, brindando todos lo necesario a los viajeros para que puedan transformarse, durante unas horas, en personajes de otra época. Una moda que se ha convertido en una auténtica industria local: en apenas unos años, el número de estos negocios pasó de 20 a más de 100.
Las tiendas permiten que todo el mundo se convierta, con elementos reconfigurados del pasado, en personajes de antaño.
Por esto es de lo más común toparse, en las zonas más atractivas de la localidad —sobre todo al caer la noche—, con turistas de todo tipo de procedencia vestidos con los trajes típicos y posando en plena sesión fotográfica.
Desde el río continuamos hacia la Puerta Norte, que forma parte de las antiguas fortificaciones de la ciudad. El casco histórico conserva edificios de las épocas Ming y Qing y numerosos elementos relacionados con las diferentes comunidades que han habitado la región.
Una parada obligada es la antigua residencia de Shen Congwen, uno de los escritores chinos más importantes del siglo XX, que se encuentra en Zhongying Street, donde nació y pasó parte de su infancia. Su interior conserva la estructura de un tradicional patio de Xiangxi y alberga manuscritos, fotografías y otros objetos relacionados con su vida y obra.
Para finalizar, otro espacio dedicado al arte: las entrañas de la antigua residencia de Chen Baozhen, que hoy forma parte del conjunto del Museo de la Ciudad Antigua de Fenghuang, alberga Lei Yutian Art Gallery, donde se expone una colección privada de arte chino de lo más interesante.
Entre las calles de Fenghuang, también se encuentran puntos históricos.
Furong, la vida sobre una cascada
Si hay una certeza absoluta en este segundo pueblo del corazón de Hunan, es que en él todo gira alrededor del agua que cae desde la montaña. Sus calles se extienden como raíces sobre un terreno escarpado a orillas del río Youshui, mientras que, en pleno corazón del casco histórico, una cascada de unos 30 metros de altura y más de 20 de anchura, se precipita: basta caminar por las antiguas callejuelas de piedra para escuchar su estruendo.
En la estampa, de nuevo, las tradicionales diaojiaolou, esas casas construidas en equilibrio sobre pilotes, que aparecen descolgándose por las laderas y asomándose al curso del agua. Entre ellas se reparten calles empedradas, escaleras y pequeños pasadizos que van cambiando de altura según se avanza.
En Furong, cada espacio cerca del agua también se aprovecha para vivir.
Antes de ser Furong, este enclave se llamaba Wangcun, cuya historia se remonta más de dos mil años atrás. Su importancia estuvo ligada durante siglos a los Tusi, los jefes locales a los que los emperadores chinos concedían autoridad para gobernar determinados territorios y comunidades del suroeste. Llegó a albergar el palacio de los Tusi de Xizhou y fue, durante siglos, uno de los centros políticos del mundo Tujia de Xiangxi.
Ya en el siglo XX, su destino volvió a cambiar de manera radical cuando se convirtió en escenario de una película muy popular en China, Hibiscus Town (1986), protagonizada por Xie Jin. A partir de ahí, el lugar pasó de ser una ciudad discreta, a convertirse en un símbolo cinematográfico de la China rural tradicional.
Una de las mejores maneras de recorrer Furong es dejándonos llevar por sus retorcidas calles, especialmente Wuli Stone Street, la de más solera. A ambos lados, de nuevo, pequeñas tiendas, puestos de artesanía, restaurantes y casas tradicionales reconvertidas en alojamientos.
Es un paseo para realizar sin prisa, admirando los detalles, porque parte del atractivo está precisamente en los cambios de perspectiva: una escalera que conduce a un mirador o una puerta entreabierta que desvela la vida cotidiana de sus habitantes.
Las calles estrechas de Furong se convierten, prácticamente, en los pasillos de las casas.
Y cuanto más se desciende, más presente está la cascada. Una de las grandes sorpresas es que se puede caminar por detrás de la cortina de agua —ojo, siempre mejor cubiertos con impermeable—, siguiendo un sendero que permite contemplarla desde diferentes ángulos.
El agua del río no solo proporciona la imagen más famosa de Furong, sino que, durante siglos, protagonizó los cursos fluviales de Xiangxi, que sirvieron también como vías de comunicación y comercio para su gente.
Pero es al caer la tarde, y el casco histórico y la cascada se iluminan, cuando Furong se transforma. Algunas de sus plazas albergan, entonces, representaciones de danzas tradicionales de las etnias, que introducen a los visitantes en otra dimensión de ese patrimonio. Admirar el espectáculo desde cualquiera de las terrazas de sus restaurantes es un fin de fiesta de lo más espectacular.
