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Los amigos de Edith Vane-Tempest-Stewart, marquesa de Londonderry, la conocían directamente como Circe la Hechicera. Su poder mágico era con las plantas, que las hacía crecer y florecer a su alrededor como si siguieran un conjuro. Hoy los jardines de su casa están considerados uno de los 10 más bellos del mundo.

Además de un poco bruja, Lady Edith fue una de las mujeres más influyentes en la sociedad inglesa de principios del siglo XX y su paraíso lo tenía en Irlanda del Norte, concretamente en la que está considerada la mejor mansión del país, Mount Stewart.

Cuando su marido heredó la finca y se convirtió en el séptimo marqués de Londonderry, Edith tuvo claro que los jardines tenían que ser el lugar perfecto para crear un mundo mágico que respondieran más a sus ideales míticos, feministas y hedonistas que a la realidad que se vivía en esa Europa de entreguerras.

El Dodo Terrace es uno de los espacios míticos más mágicos del jardín de Mount Stewart. DescubreIrlanda

Y no se equivocaba al elegir ese terreno entre las tres casas más que poseía. Los científicos y botánicos han explicado décadas después que, por un cruce de factores climáticos casi milagroso, dentro de la finca hay un microclima perfecto para que florezcan plantas exóticas y árboles de kiwis o plataneras, imposibles de ver en su plenitud en otra parte de Irlanda.

Quizá por eso, Lady Edith aprovechó cada uno de sus ansiados viajes para traerse semillas de cualquier parte del mundo y construir al lado de su casa un elegante jardín italiano, un jardín español que huele a Mediterráneo puro, el curioso jardín de la Flor de Lis y la mágica Dodo Terrace, un homenaje a la imaginación con estatuas de dinosaurios, monos y los míticos dodos (un ave extinta que sólo vivía en Isla Mauricio) que representan a cada uno de los miembros de su club secreto: el Ark.

Edith Vane-Tempest-Stewart fue una adelantada. Wikipedia

La que fuera la primera mujer en asumir un cargo militar dentro de la realeza inglesa, ya que fue nombrada dama comandante de la Orden del Imperio Británico en la División Militar, se jactaba de tener entre sus amigos más cercanos a personas tan influyentes e importantes como Winston Churchill, el poeta WB Yeats o el Príncipe Alberto.

De hecho, el comedor amarillo de esta impresionante mansión fue el escenario de encendidas e influyentes conversaciones con invitados muy relevantes y hasta las 22 sillas que rodean la larga mesa tienen su propia historia: fueron usadas en el Congreso de Viena de 1815. En el respaldo conservan marcado el escudo de la persona que debía de sentarse en ella.

El folclore gaélico

El amor de Lady Edith por las leyendas gaélicas le llevó a construir unos espacios naturales donde el apodo de Circe la Hechicera tenía todavía más sentido. Junto al lago, la marquesa de Londonderry levantó su propio Tír na nÓg, la legendaria tierra irlandesa de la eterna juventud, que es el cementerio familiar.

Cerca del lago, lady Londonderry construyó el panteón familiar. DescubreIrlanda

Los jardines de Mount Stewart son un espectáculos de colores ocres en otoño. DescubreIrlanda

La entrada está custodiada por unas torres de piedra y una imponente estatua de un ciervo blanco, considerado por los celtas como el guardián y el mensajero del otro mundo. Una garantía de que el alma de los Londonderry seguía el camino correcto.

Uno de los aspectos más llamativos de este jardín tan especial es que huye de la belleza ornamental típica de muchas fincas victorianas de la región y apuesta por tendencias más místicas y viajeras que muchos tomaron como excentricidades de Lady Edith y ahora son toda una revolución viva.

Así podemos disfrutar de la elegancia italiana de sus comedores, las habitaciones con nombres de sugerentes ciudades de la época en sus puertas como Venecia o Sebastopol; la mitología griega en la decoración y las pinturas o el ingenio morisco que se siente en las flores y los parterres.

Con este imaginario nuevo para la alta sociedad británica, es fácil de entender cómo Mount Stewart se convirtió en un exótico reclamo que muchos aristócratas querían visitar para entender bien su misterio.

El exterior de la mansión cuenta con un jardín italiano, otro español y la Dodo Terrace. DescubreIrlanda

Y es que sentarse a la mesa de quien era una de las fundadoras del Club del Automóvil para Mujeres o la coronel en Jefe de la Reserva Voluntaria Femenina, que reemplazó a los hombres en sus trabajos durante la I Guerra Mundial, era un espectáculo social que luego tenía su reflejo en los paseos por los jardines.

Dependiendo de la estación, el exterior de esta mansión se convertía en un capricho de marrones y dorados, una mezcla mágica de verdes intensos o la floración de frutas exóticas y esencias muy variadas.

Uno de los caminos que cruzan este inmenso regalo de la naturaleza y de una mente maravillosa lleva hasta un montículo donde se reza al mar más increíble de Irlanda: el Strangford Lough, una lengua de agua salada que entra en el interior del condado de Down por una estrecha puerta, The Narrows, pero que está llena de pequeñas islas y de más de 2.000 especies animales, incluidas sus famosas focas.

En la Dodo Terrace hay figuras de monos, de dinosaurios y del mítico dodo. DescubreIrlanda

Este mar interno protagoniza una de las vistas panorámicas más bellas en Mount Stewart desde el Templo de los Vientos, un pabellón octogonal de estilo neoclásico que hacía las funciones de salón de banquetes y que se inspira en el mítico Templo de los Vientos de Atenas.

Desde allí el atardecer asume el protagonismo y uno puede imaginarse las tardes que la marquesa de Londonderry pasó entre esos lares con un libro de fantasía, mitología o política internacional en sus manos.

Un personaje como Lady Edith, que sigue viva entre jardines y setos, no podía librarse de las fantasías románticas de su época por su gran amistad con el que fue dos veces primer ministro de Reino Unido, Ramsay MacDonald.

Aunque nada hace pensar que los rumores tuvieran una base real, este político laborista de orígenes humildes se entendió a las mil maravillas con la aristócrata rebelde de ideas revolucionarias. Algo de eso también podemos respirar en el jardín.