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La cuadrícula perfecta de su planta convierte a Dubrovnik en un destino fácil de recorrer. Ivan Ivankovic

Antes de tomar tierra, la vista desde el avión ya desvela la promesa de aterrizar en un cuento. Los torreones, las murallas y el aire medieval que se percibe desde las alturas te predisponen.

Su sobrenombre, la perla del Adriático, también aporta un toque de exotismo extra. Al recorrer sus calles tendrás la sensación de haber viajado en el tiempo y que los siglos se superponen aquí como las capas de un milhojas.

Una historia como pocas

El paso de distintas culturas, la mezcla de sangres y credos diversos y la adopción de diferentes formas de gobierno han dado a Dubrovnik una identidad mestiza, rica y fascinante. Bizantinos, normandos y venecianos ansiaban hacerse con esta pequeña urbe de poco más de 1 km² cuyo puerto, ya en el siglo XIV, valía su peso en oro.

De hecho, su estratégica ubicación geográfica, la riqueza de sus costas y la belleza de sus tierras han jugado siempre un papel clave en su desarrollo.

Recorrer la costa a bordo de esta Karaka, réplica de los barcos mercantes del siglo XVI, es como viajar en el tiempo. Hector John Periquin

Su lema, "la libertad no se vende por nada del mundo", ha marcado desde hace siglos su carácter y el de sus gentes. En 1358 logró su ansiada independencia y ya para entonces sus marineros eran respetados en todo el Mediterráneo, ganándose una reputación a la altura de las estirpes italianas de Amalfi, Génova o Pisa.

La ciudad se amuralló en el siglo XII para tener mayor capacidad defensiva, pero la armada veneciana se hizo con ella durante más de un siglo y medio. Míticas fueron las alianzas para lograr la protección de sus vecinos, como la sellada con el sultanato otomano, considerada la primera entre un país musulmán y un estado cristiano.

Renacer, una y otra vez

De lo que no pudo defenderla el sultán fue de la mortífera peste negra, frente a la que el gobierno de Ragusa decretó, en 1377, la primera cuarentena de la historia. Las habilidades comerciales y negociadoras de sus dirigentes le permitieron alcanzar tal esplendor que se ganó el sobrenombre de la Atenas Dálmata. Pero en 1667 un gran terremoto asoló la ciudad y mermó en un tercio su población.

Stradun, es la calle peatonal principal del casco antiguo de Dubrovnik. Famosa por su pavimento de piedra caliza, el campanario del monasterio Franciscano y la Torre del Reloj. Kellie Benz

Napoleón, conocedor de su fama, la anexionó al Imperio y, en 1815, los Habsburgo tomaron el control. Se sucedieron décadas de esplendor y oscuridad hasta el fin de la I Guerra Mundial, cuando la ciudad mudó su nombre: de Ragusa a Dubrovnik. Tras la II Guerra Mundial llegaron los años de Tito y el oscuro conflicto de 1991. Hoy, la nueva Dubrovnik es el resultado de una recuperación y restauración admirables.

El acceso a las murallas no es barato (40€), pero las vistas y las fotos que harás son espectaculares. Datingjungle

Pasado y futuro a pocos pasos

En su cuadriculado y pequeño centro histórico no hay pérdida, pero merece la pena deambularlo con la intención de perderse. Sus iglesias son un recorrido por el Renacimiento, el Barroco y el Gótico. Sus nobles palacios y sus imponentes monasterios completan un casco antiguo rodeado por murallas medievales a orillas del mar.

Dubrovnik no es una belleza vacía: los orígenes del idioma croata y su literatura clásica comenzaron aquí y, hoy en día, sigue siendo un epicentro cultural, científico y artesanal. Intramuros encontrarás estudios de artistas locales y talleres de orfebrería tradicional.

Entre lo imprescindible: el paseo por las murallas que bordean el casco antiguo con vistas únicas a la costa (especialmente al atardecer). El Palacio del Rector, del siglo XV y antigua residencia del gobernante de la República, alberga hoy el Museo de Historia Cultural en una arquitectura que fusiona gótico y renacentista.

La Iglesia de San Blas es una visita obligada y, más aún, en los recorridos nocturnos. Persnickety

Por la noche, la ciudad cobra un aspecto aún más etéreo. Los edificios, iluminados con maestría teatral, se recortan sobre un cielo negro y las calles se tiñen de dorado a la luz de las farolas. Pasear reparando en los detalles de su arquitectura ecléctica mientras disfrutas de un helado artesanal de la Dolce Vita es un recuerdo que no querrás perderte.

El hotel Bellevue es una de las apuestas más cool de la ciudad, a un paseo de diez minutos del centro histórico. Adriatic Luxury Hotels

Dónde dormir, comer (y bailar)

El Hotel Bellevue es un balcón sobre el Adriático. Posado sobre un acantilado, su fachada de cristal alberga algunos de los balcones más deseados de la ciudad. A quince minutos andando del casco histórico, ofrece acceso a playa privada, spa con vistas y el restaurante Vapor —con estrella Michelin—, donde la chef Sasa Računica fusiona cocina regional con ingredientes mediterráneos y técnicas contemporáneas.

Una piscina bañada por el Adriático, la ciudad amurallada al fondo y un Spa único es la puesta del hotel Excelsior. Adriatic Luxury Hotels

Como huésped, podrás disfrutar también de las instalaciones del Dubrovnik Palace y del Excelsior, inaugurado en 1913, con piscina exterior sobre el Adriático y vistas espectaculares de la ciudad vieja.

Más información: www.adriaticluxuryhotels.com

A la hora de comer, es mejor ir avisados: la oferta es mayoritariamente internacional con pocas opciones locales y auténticas. Por eso, apunta estas referencias. Sensus, en el hotel Excelsior, ofrece las mejores vistas sobre la ciudad amurallada y una carta de clásicos mediterráneos reinterpretados con creatividad.

Los soportales del muelle albergan restaurantes en los que podrás comer pescado en todas sus formas. Adrián Valverde

Arsenal, junto a los atraques, sirve los mejores pescados y mariscos en un espacio de diseño con alma histórica. Lucin Kantun es la apuesta más local: una taberna con raíces locales en un precioso callejón. Es difícil de reservar, pero sus tapas (que se han hecho virales) lo justifican.

Y si quieres hacer algo especial, no te pierdas estas tres recomendaciones… Para bailar hasta el amanecer: el Culture Club Revelin ofrece sesiones de DJ internacionales dentro de las murallas. Si quieres una excursión de día, no te pierdas un crucero por las islas Elaphiti, un archipiélago al noroeste de Dubrovnik con aguas color menta y cuevas marinas.

Y, si buscas una escapada solitaria en la naturaleza, reserva una ruta en bici y recorre sin prisa el valle de Konavle. Ahí descubrirás la Toscana croata.