Al caer la noche, la banda sonora de Nile Safari Lodge adquiere un tono de lo más singular: el de los rugidos de los hipopótamos que, apostados en la orilla del Nilo, a los pies de las lujosas suites de este hotel boutique, nos permiten saber de su presencia.
Los escucho desde mi terraza privada, desde la que, a estas horas, solo se aprecia oscuridad.
La estampa es muy diferente a la de hace solo unas horas, cuando lo que gobernó el paisaje fue un atardecer de esos que solo África sabe ofrecer: con el cielo teñido de rojo, y una familia de elefantes bañándose en la orilla opuesta, allí donde se extiende el Parque Nacional Murchison Falls, la estampa resultó inigualable.
Y es que, esa es la clave, precisamente, de vivir una estancia en este paraíso del hospitality de solo 8 habitaciones en el que los días transcurren entre mágicas escenas con la Madre Tierra como protagonista.
En el contacto con la naturaleza más salvaje desde un lugar privilegiado. En el placer de vivir y disfrutar de la Perla de África —así se conoce a Uganda, y cuánta razón— desde su lado más exclusivo.
Manada de elefantes recorriendo en libertad la sabana dorada de Uganda.
Aquí entendemos también que, aún hallándonos en un lodge dotado de todas las prestaciones para el mayor confort de sus huéspedes, la sostenibilidad marca la dirección.
Una historia con propósito
Para entender lo especial de este alojamiento, hay que conocer primero su historia. La de Natalie y su hermana, quienes se han encargado de regentar el negocio, de carácter familiar, desde que abriera sus puertas en 2019.
Mitad ruandesas, mitad belgas, sus padres tomaron la decisión de comprar el albergue en el que llevaban hospedándose de vacaciones desde que eran pequeñas cuando este decidió cerrar sus puertas.
Serían sus hijas, jóvenes pero tremendamente inquietas, quienes tomarían las riendas y lo transformarían en lo que es hoy: el primer lodge de verdadero lujo en el país.
Cálida iluminación nocturna, donde la piedra y las estructuras cobran vida bajo el cielo.
Un lujo que es palpable desde el mismo instante en el que se alcanza el lugar, ubicado en una zona remota de la orilla sur del Nilo, lo que le aporta esas vistas espectaculares.
El equipo del hotel anuncia con tambores nuestra llegada antes de que hagamos check-in acomodados en los sillones de su bar, un espacio abierto —como todos los espacios comunes del hotel— abrazado por una inmensa estructura de madera inspirada en las construcciones locales.
Sobre la mesa, un cóctel de bienvenida. A nuestro lado, un equipo que esboza la mayor de las sonrisas. Nos hablan entonces, ahora largo y tendido, de sostenibilidad.
Porque resulta que, a la hora de dar forma al proyecto, del que se encargaron los arquitectos de Localworks, se tuvieron en cuenta que ningún árbol ni planta se viera afectado por la nueva construcción, sino que esta se adaptara a la vegetación ya existente.
Solo se utilizaron materiales locales y naturales, así como piezas de mobiliario elaboradas con maderas nobles procedentes de Ruanda, Congo y Uganda, incluido el diseño de sillón más cómodo del mundo, elaborado por Rampel Designs.
Desayuno privado al borde de los rápidos, una experiencia gastronómica frente al río.
Más de un centenar de baterías solares proporcionan la energía suficiente para el buen funcionamiento del hotel, mientras que una depuradora se encarga de transformar el agua del propio río en potable.
Agua que, además, surte a las comunidades locales. De vuelta al interiorismo, los tonos cálidos abrazan los textiles en un nuevo homenaje a la Tierra.
Dispersos tanto por el restaurante del lodge, como en sus camas balinesas semiescondidas en el paisaje, o en la intimidad de las habitaciones, dan ese punto de elegancia diferencial que nos hace sentirnos como en casa.
Una infinity pool con vistas, una vez más, al Nilo, regala una de las joyas de la estancia, ese lugar en el que refrescarnos y olvidarnos de la vida real: esta, algo más onírica, es la que nos convence.
Algo más abajo, literalmente a los pies del río y rodeado de cortinas de lino que se agitan suavemente con la brisa, una barcaza atracada conforma la zona de tratamientos y masajes.
Aguas turquesas y hamacas bajo la sombra, el descanso en plena naturaleza.
Objetivo: olvidarse del mundo
Un puñado de vervet monkeys, unos pequeños y simpáticos primates, escogen la hamaca de la terraza privada de mi habitación como parque de atracciones y me regalan una de las escenas más divertidas del viaje.
Ver cómo juegan, saltan y se balancean desde el interior de mi estancia forma parte del espectáculo de la naturaleza, una constante en este pedacito de Uganda.
Continuando con el homenaje a esta tierra, las habitaciones han sido bautizadas con nombres en suajili.
La mía, Upepo, significa viento y se compone de un amplio espacio diáfano construido en madera donde no faltan una enorme cama con mosquitera sobre una tarima, un baño excepcional —con bañera con vistas al Nilo, claro— o una ducha exterior.
Si así se quiere —y por supuesto que lo queremos—, la persona de servicio encargada de atender a cada huésped durante su estancia se preocupará de servir un primer café con pastas en la terraza cada mañana, antes de iniciar la jornada.
Suite de lujo rústico con techos altos de paja y acabados en madera cálida.
Sobre la mesa, también, unos prismáticos cortesía de la casa para ir echando un ojo a qué se cuece al otro lado del río, en el parque nacional.
Pero antes de salir a explorar, hablemos de la gastronomía, otro fuerte en Nile Safari Lodge.
Su restaurante cuenta con una amplia carta de platillos elaborados con producto local pero también enfocada al huésped internacional, aunque es su menú degustación opcional lo que de verdad sorprende.
Probarlos al caer la noche, al calor de la hoguera que ameniza las veladas, resulta un fin de fiesta espectacular que suele venir acompañado de algún tipo de actuación musical que nos vuelve a regalar las raíces africanas más auténticas.
El Nilo, siempre protagonista
Grupo de hipopótamos refrescándose en las aguas del Nilo durante un safari fluvial.
Aunque el Nile Safari Lodge es uno de esos alojamientos-destino de los que, si así se quiere, no habría por qué salir jamás, la realidad es que al otro lado de su territorio se despliegan tantísimos atractivos que siempre hay que dejar hueco para vivirlos en primera persona.
Uno de ellos es el placer de brindar con una copa de vino desde una de las barcas eléctricas propiedad de Nile Safari Lodge, tras haber dado un paseo por las aguas del Nilo y a solo unos metros de las espectaculares Cataratas Murchison.
La parte de pura adrenalina la pondrá un safari privado por las entrañas del parque para contemplar la fauna salvaje en acción: es al contemplar a los elefantes, leones, leopardos o jirafas en libertad, cuando se termina de entender que la Madre Tierra, África, solo se siente cuando se vive de cerca.
