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Bélgica queda, a menudo, eclipsada por el brillo de las estrellas de la bandera comunitaria. Sin embargo, lejos del relumbrón institucional y político de su capital, hay tesoros que suelen quedar injustamente relegados ante propuestas de viaje más exóticas y lejanas. Así pasa con Brujas, pero aquí te descubrimos todo lo que la hace tan especial.

Cuna de ricas estirpes y centro de comercio centenario, atesora un impresionante patrimonio artístico y cultural. Recorrer sus calles empedradas, surcar sus canales o pasear al abrigo de sus fachadas góticas, bajo la luz teñida de amarillo de las farolas, es como recorrer un diorama de trenes clásicos.

El cableado de los tranvías sobre tu cabeza pondrá el toque definitivo para que te sientas como una figurita a escala 1/72 de las que aparecen en las maquetas de ferrocarriles.

Calles recoletas y jardines serpentean entre edificios que desafían las alturas. iStock

Un viaje al pasado

Declarada como una de las ciudades más bellas de Europa y Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, su casco antiguo medieval intacto, su esmerada conservación, sus amplios canales habitados por cisnes y la grandeza de sus construcciones hace de este pequeño enclave una visita obligada (y mágica).

De hecho, su centro histórico, cerrado al tráfico y totalmente peatonal, es como un decorado de Harry Potter. Con un legado que se remonta al siglo IX, fue un importante puerto de comercio internacional por su acceso directo al mar del Norte. Con sus luces y sus sombras, su historia está llena de hitos y deméritos hasta que el turismo la convirtió en un destino inevitable.

No hay dos fachadas iguales y en su día eran símbolo de riqueza o representaban al gremio al que pertenecía su propiestario. Jerry Kavan

A ello ayudó, también, la fuerte influencia creativa de la ciudad, escuela de los grandes maestros de Flandes. La artesanía local, el chocolate, los diamantes y la cerveza son hoy un reclamo que parece infalible. Deja las prisas a un lado y piérdete por la ciudad. Los rincones más bellos son aquellos que no aparecen señalados en los mapas.

Be water, my friend

Rozenhoedkaai (Muelle del Rosario), uno de los lugares más fotografiados de la ciudad. iStock

Lo cierto es que no hay mejor perspectiva de la ciudad que la que ofrecen las embarcaciones que surcan sus canales. Navegándolos o paseando por sus orillas descubrirás jardines secretos, hermosos puentes, familias de cisnes que nadan en elegantes hileras y casas que querrás ocupar de inmediato.

  • Augustijnenrei. Es un canal desconocido, pero de los más hermosos. Excavado en el siglo XII, sobre él se levanta el Puente de los Agustinos. Aunque el convento ya no existe, aquí se respira una paz monacal.
  • Groenerei. Conocido como el muelle verde por el color de sus aguas y la vegetación que brota en sus orillas. Desde aquí verás los puentes Meebrug y Peerdenbrug, la Iglesia de Notre Dame y la Torre Belfort.
  • Gouden-Handrei. Este canal formó parte de la primera muralla de la ciudad y fue testigo del trabajo incansable de Jan van Eyck, quien vivió en las inmediaciones. Te sorprenderá el silencio que se respira aquí.
  • Rozenhoedkaai. El más célebre de todos, el muelle del Rosario. La perspectiva que ofrece parece salida de un espejo cóncavo en el que resulta difícil distinguir cuáles son las construcciones reales y cuál su reflejo en el agua.

El Godshuizen, también conocido como beaterio o las casas de caridad ofrece un paseo en calma único en la ciudad. Morgan Koh

Siete visitas clave

  • El beaterio. Se trata de un complejo amurallado que en su día daba cobijo a monjas y desfavorecidos. Hoy es un monasterio benedictino en el que las hileras de casas blancas y los jardines que las bordean son una postal única.
  • Grote Markt. Es la Plaza Mayor, uno de los puntos cardinales de la ciudad y un bullicioso centro comercial y artístico. Entre sus edificios sobresale majestuosa la Torre Campanario Belfort. Te servirá para orientarte en tus paseos.
  • Plaza de Burg. Un auténtico museo de arquitectura al aire libre. Sede del ayuntamiento de la ciudad y joya arquitectónica del gótico flamígero.
  • Museos Groeninge y Memling. Atesoran la mejor colección de maestros flamencos: Van der Weyden, Van Eyck y Memling. Tras la visita, enfila la calle Katelijnestraat y prueba las delicias dulces de De Proeverie.
  • Iglesia de Nuestra Señora y la Catedral. Dos magníficos ejemplos de gótico religioso. En el primero encontrarás la Madonna de Miguel Ángel y en la catedral te harás una idea de cómo se sentirían los feligreses en el siglo XIII ante aquel esplendor. Al salir, cruza el romántico puente de Bonifacio, detente y pide un deseo… La tradición manda y, ¡dicen que se cumplen!

Pistas gastro para los amantes del buen comer

Y como no solo de belleza contemplativa vive el hombre, la buena noticia para los foodies es que Brujas es una ciudad con pasión por la comida. De hecho, cuenta con el mayor número de galardones culinarios por habitante. Considerada el vivero de la gastronomía belga, aquí comparto mis espacios culinarios preferidos.

El rigor y la calidad no están reñidos con la fina ironía, así lo demuestran en este estrella Michelin. Sans Cravate

  • Vero Caffè. Pequeño, hogareño y el favorito de los locales. Su deliciosa selección de cafés rivaliza con sus pasteles caseros y sus famosas torres de tortitas. El mejor tentempié para un día de paseos sin fin. Dirección: Sint- Jansplein, 9.
  • Sans Cravate. El estrella Michelin más informal. Como su nombre indica, (sin corbata), aquí encontrarás una propuesta culinaria de primera, pero en un ambiente cercano y relajado. Cocina contemporánea y con personalidad, sin ampulosidad. Dirección: Langestraat, 159.
  • Bourgogne des Flandres. La fábrica de cerveza más auténtica. Aquí conocerás al propio cervecero y te mostrará cómo se mezclan dos de las cervezas más artesanales de la región para elaborar la icónica Bourgogne des Flandres.m Dirección: Kartuizerinnenstraat, 6.
  • Spegelaere Chocolaterie. Uno de los altares de la chocolatería belga y el que más tradición artesanal atesora. Son famosos sus racimos de uvas rellenos de praliné y los adoquines de chocolate. Ah, y si eres un auténtico gourmand, no te pierdas la ruta que hay dedicada a este manjar que termina en su célebre museo temático: Choco-Story. Direcciones: Ezelstraat, 92 y Wijnzakstraat,