Hay pueblos que parecen haberse quedado al margen del paso del tiempo. Lugares donde las calles de piedra conducen a pequeñas plazas, las casas conservan siglos de historia y la naturaleza comienza prácticamente al otro lado de sus murallas.
Uno de esos rincones se encuentra en Girona, a menos de dos horas de Barcelona. Rodeado de antiguos volcanes, bosques y paisajes que cambian de color con cada estación, este destino reúne todos los ingredientes para una escapada de otoño.
Hablamos de Santa Pau, una pequeña localidad de la comarca de La Garrotxa que conserva uno de los conjuntos medievales más bonitos de Cataluña. Su castillo del siglo XIII, sus calles empedradas y su extraordinario entorno natural convierten la visita en un viaje entre historia y naturaleza.
Un pueblo entre volcanes
Una de las grandes particularidades de Santa Pau es su ubicación en pleno Parque Natural de la Zona Volcánica de La Garrotxa, un territorio formado por unos cuarenta conos volcánicos y numerosas coladas de lava.
Aunque estos volcanes llevan miles de años sin entrar en erupción, su presencia continúa definiendo el paisaje. Colinas de formas redondeadas, antiguos cráteres y bosques frondosos componen un escenario poco habitual en esta parte de España.
Santa Pau, Girona.
Entre los lugares más sorprendentes destaca el volcán de Santa Margarita, cuyo cráter alberga una pequeña ermita rodeada de vegetación. Una ruta a pie permite llegar hasta su interior y descubrir uno de los paisajes más característicos de la comarca.
También merece una visita la Fageda d'en Jordà, un hayedo que crece sobre una antigua colada de lava. Sus senderos, especialmente bonitos durante el otoño, atraviesan un bosque donde las hojas caídas y la luz entre los árboles crean una atmósfera muy especial.
Para quienes quieran seguir explorando, los alrededores ofrecen diferentes rutas de senderismo, como el itinerario por las tierras de los barones de Santa Pau, que permite descubrir antiguos caminos, bosques y monumentos como el castillo de Finestres.
Un castillo del siglo XIII
Pero Santa Pau también guarda un importante patrimonio medieval. Su casco antiguo, declarado Conjunto Histórico-Artístico, conserva calles estrechas, viviendas de piedra y rincones que recuerdan su pasado como villa fortificada.
El corazón de la localidad es la plaza Mayor, conocida también como Firal dels Bous, un espacio porticado rodeado de edificios históricos que conserva buena parte de su aspecto tradicional.
Santa Pau, Girona.
En uno de sus extremos se encuentra la iglesia de Santa María, mientras que el castillo de los barones de Santa Pau, levantado en el siglo XIII, recuerda la importancia que tuvo la población durante la Edad Media.
La fortaleza conserva elementos como su torre de planta cuadrada y su patio interior, aunque su aspecto actual es el resultado de diferentes transformaciones realizadas a lo largo de los siglos.
Pasear por las calles que rodean el castillo permite descubrir fachadas de piedra, antiguos portales y pequeños pasadizos que forman parte del encanto de esta villa gerundense.
Cascadas entre bosques
Más allá de su patrimonio histórico, Santa Pau es también un buen punto de partida para descubrir algunos de los paisajes naturales más atractivos de La Garrotxa.
Una de las propuestas es la Ruta de las Pozas, que sigue el curso del arroyo de la Terrada y permite encontrar pequeños saltos de agua y piscinas naturales rodeadas de vegetación.
Otro de los lugares más bonitos es el Salto de Can Batlle, una cascada escondida entre árboles y paredes de roca que ofrece una imagen especialmente atractiva después de los periodos de lluvia.
Son rincones que muestran una cara diferente de la comarca, donde los paisajes volcánicos conviven con cursos de agua, bosques y caminos rurales.
Los sabores de Santa Pau
La gastronomía es otro de los grandes motivos para visitar esta localidad. Entre sus productos más conocidos destacan los fesols de Santa Pau, unas pequeñas alubias blancas con Denominación de Origen Protegida.
Su textura suave y su sabor delicado las han convertido en uno de los ingredientes más apreciados de la cocina local, presentes en numerosas recetas tradicionales.
Los restaurantes del municipio ofrecen también otras especialidades de la gastronomía catalana, con platos elaborados a partir de productos de temporada y recetas vinculadas a la vida rural.
Y para quienes quieran prolongar la escapada, la cercana ciudad de Olot permite seguir descubriendo el paisaje volcánico de la comarca, con lugares como los volcanes Montsacopa y Montolivet.
Así, Santa Pau se presenta como uno de esos destinos donde no hace falta elegir entre historia, naturaleza o gastronomía. Un pueblo medieval que invita a caminar entre volcanes, descubrir cascadas y terminar el día disfrutando de los sabores de La Garrotxa.
