Las casas blancas de Port Bo y el Camí de Ronda marcan una escapada por Calella de Palafrugell cuando termina el verano.
Calella de Palafrugell ofrece mucho más que un día de playa. Sus calles conservan la huella del pasado pesquero y el mar acompaña el paseo de una cala a otra, incluso cuando el baño ya no es el centro del viaje.
Este núcleo costero pertenece al municipio de Palafrugell, en el Baix Empordà (Girona). Su imagen más conocida está en Port Bo, donde las casas blancas, los arcos frente a la playa y las barcas sobre la arena forman parte de un conjunto histórico protegido.
El barrio de Port Bo
Port Bo fue durante los siglos XVIII y XIX un puerto pesquero y comercial. Desde allí salían productos como el coral, el vino o el corcho hacia otros puertos del Mediterráneo. Hoy conserva el trazado original de sus calles y buena parte de la arquitectura vinculada a aquella actividad.
El sector fue declarado Bien Cultural de Interés Nacional en la categoría de conjunto histórico en 1995. La protección corresponde a Port Bo y a un entorno delimitado que alcanza zonas próximas a Port Pelegrí y El Canadell.
Uno de sus elementos más reconocibles son les Voltes, los arcos que recorren el frente de la playa. En otro tiempo sirvieron, entre otros usos, para coser redes y subastar pescado. El tramo más antiguo data del siglo XIX; otro se construyó en los años cincuenta del XX.
Desde la arena se puede continuar el paseo por las calles interiores del barrio y volver después al mar. Port Bo acoge cada primer sábado de julio la Cantada de Habaneras de Calella de Palafrugell, una cita que forma parte de la historia reciente del pueblo, aunque no se celebre en esta época del año.
Un paseo junto al mar
El Camí de Ronda es uno de los motivos para visitar Calella de Palafrugell fuera del verano. Sus tramos costeros permiten caminar entre el pueblo y localidades próximas como Llafranc, con vistas al mar durante buena parte del recorrido.
También merece la pena recorrer el frente marítimo sin una ruta cerrada. Las calas de Port Pelegrí, La Platgeta, Calau, Port Bo, Malaespina y El Canadell se suceden entre salientes rocosos. Más al sur se encuentra El Golfet.
En El Canadell, el paseo discurre junto a antiguas residencias de veraneo. Desde la Punta dels Burricaires se obtiene otra perspectiva de las casas agrupadas frente al agua. Son dos paradas que permiten apreciar el paisaje sin que la visita dependa del tiempo de baño.
Qué ver cerca
Los Jardines de Cap Roig amplían la escapada más allá del centro de Calella. Este espacio botánico, creado por el matrimonio Woevodsky, reúne especies vegetales de distintos lugares y acoge un festival de música durante el verano.
Otra visita es Sant Sebastià de la Guarda, sobre la costa de Llafranc. En este enclave se encuentran los restos de un poblado íbero, una torre defensiva y el faro de Sant Sebastià. El entorno ofrece una vista amplia del litoral.
Para terminar el recorrido, la gastronomía local mantiene el vínculo con el mar. El suquet de peix es uno de los platos tradicionales de la zona. Las garoines, o erizos de mar, tienen sus propias jornadas gastronómicas en invierno.
El cremat, una bebida caliente preparada con ron, café, azúcar, canela y piel de limón, está ligado a las habaneras. Es otra muestra de cómo las costumbres marineras siguen presentes en Calella de Palafrugell más allá de sus playas.
