El verano puede haber quedado atrás, pero todavía existen rincones del sur de Europa donde el otoño llega despacio. Lugares en los que septiembre y octubre permiten seguir caminando junto al mar, esta vez lejos de las grandes concentraciones del periodo estival.
Uno de ellos se esconde frente a la costa del Algarve portugués, a poco más de dos horas de la frontera con España. Una pequeña isla de arena blanca, casas de colores y caminos sin tráfico donde apenas 53 personas viven de forma permanente.
Se trata de Armona, una isla situada frente a Olhão y dentro del Parque Natural da Ria Formosa. Aquí no circulan coches, no existen grandes complejos hoteleros y buena parte del paisaje continúa ocupado por dunas, marismas y largas playas atlánticas.
Una isla sin coches
Llegar ya obliga a cambiar el ritmo. Armona está separada del continente y el acceso se realiza por mar desde Olhão, por lo que el propio trayecto permite contemplar los canales, bancos de arena y pequeñas islas de la Ria Formosa.
Al desembarcar aparece un pequeño núcleo de casas bajas, muchas de ellas antiguamente vinculadas a los pescadores. Algunas lucen fachadas de colores y terrazas que acompañan el camino que atraviesa la isla.
Aquí prácticamente todo se hace caminando. Tampoco hay grandes supermercados, discotecas ni las infraestructuras habituales de los destinos turísticos más concurridos del Algarve.
Nueve kilómetros de arena
Más allá de las viviendas comienza la Armona más salvaje. La isla se extiende a lo largo de unos nueve kilómetros, entre dunas, marismas y playas en las que el horizonte parece ensancharse.
Desde el embarcadero, un camino atraviesa el pequeño núcleo habitado hasta alcanzar las dunas. Después, una pasarela de madera conduce hasta la vertiente atlántica en un paseo de aproximadamente 20 minutos.
Isla de Armona.
Al final espera una extensa playa de arena clara y aguas azuladas. Con marea baja aparecen bancos de arena y zonas poco profundas que llegan a formar pequeñas piscinas naturales junto a la orilla.
Armona permite además elegir entre paisajes diferentes. A un lado se abre el Atlántico, a otro las aguas mucho más tranquilas de la Ria Formosa.
Vista aérea de Armona.
Este espacio protegido supera las 18.000 hectáreas y constituye uno de los grandes humedales del sur de Portugal. Sus marismas son también refugio para numerosas aves, especialmente durante las migraciones.
Flamencos, espátulas y otras especies pueden aparecer entre los canales, convirtiendo un simple paseo en otra forma de descubrir la isla más allá de sus playas.
Sabores del Algarve
La tranquilidad no significa que haya que regresar al continente para comer. Cerca del muelle existen pequeños bares y restaurantes familiares donde la cocina continúa mirando al océano.
Pescados, pulpo a la brasa o una catalana portuguesa permiten completar la jornada con algunos de los sabores más característicos del Algarve antes de tomar nuevamente el barco.
Sin carreteras, grandes hoteles ni filas de coches junto a la playa, Armona conserva así algo cada vez más difícil de encontrar en las costas del sur de Europa: kilómetros de arena y mar donde, especialmente fuera del verano, todavía es posible caminar con la sensación de haberse alejado mucho más de España de lo que realmente marca el mapa.
