Publicada

Los mercadillos ambulantes siguen formando parte de la rutina de muchos pueblos y ciudades de España. Entre frutas recién llegadas del campo, montones de ropa y puestos que cambian cada semana, todavía conservan ese ambiente que invita a recorrerlos sin demasiada prisa.

En Marbella, los lunes tienen precisamente ese ritmo. En la zona de Las Albarizas se instala cada semana uno de los mercados ambulantes más grandes de la Costa del Sol, conocido entre muchos vecinos como el baratillo.

Desde aproximadamente las 9:00 hasta las 14:00 horas, más de 300 puestos transforman el recinto ferial y su entorno en un enorme escaparate al aire libre situado a poca distancia del casco histórico.

Más de 300 puestos

Una parte importante del recorrido está dedicada a la moda. Entre los puestos aparecen prendas para toda la familia, zapatos, bolsos, bisutería y complementos, además de textiles y diferentes artículos para el hogar.

La alimentación ocupa también su propio espacio. Frutas y verduras de temporada comparten protagonismo con aceitunas, encurtidos, frutos secos, especias, plantas y otros productos locales.

Precisamente esa mezcla explica que el mercado no sea únicamente una parada para turistas. Cada lunes se cruzan quienes hacen allí parte de su compra semanal con visitantes que buscan algún recuerdo o simplemente curiosear entre los puestos.

Para recorrerlo con mayor tranquilidad, merece la pena llegar durante las primeras horas de la mañana. También es habitual que muchos vendedores trabajen principalmente con efectivo.

Unos churros antes del mercado

La mañana puede empezar incluso antes de que abran los primeros puestos. Las Albarizas está rodeada de cafeterías y churrerías tradicionales, por lo que es fácil acompañar la visita con un desayuno muy andaluz.

En los alrededores se encuentran establecimientos como la Churrería Generalife o la Churrería de Ana donde los churros recién hechos pueden convertirse en el paso previo a una mañana de compras.

Otra alternativa es detenerse después del mercado en alguno de los bares de barrio y cambiar el dulce por unas tapas antes de continuar hacia el centro de Marbella.

Del mercado al casco antiguo

Una de las ventajas de Las Albarizas es su cercanía con el corazón histórico de la ciudad. En unos 10 o 15 minutos a pie se puede cambiar el bullicio de los puestos por las pequeñas calles blancas del casco antiguo.

La Plaza de los Naranjos es uno de sus rincones más conocidos, rodeada de edificios históricos y terrazas. Desde allí se puede continuar hacia la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación y descubrir los restos de la antigua muralla y del castillo.

El paseo puede prolongarse después hacia la Avenida del Mar y llegar hasta el Mediterráneo, donde el ambiente cambia de nuevo entre palmeras, terrazas y playas.

Más allá de Marbella

Si queda tiempo, los alrededores permiten ampliar fácilmente la escapada. A pocos kilómetros hacia el oeste aparece Puerto Banús, conocido por su puerto deportivo y su animado paseo junto a los barcos.

Hacia el este, las Dunas de Artola y la playa de Cabopino ofrecen una cara mucho más natural de la Costa del Sol, con pasarelas de madera entre dunas protegidas y el mar a pocos pasos.

Y para cambiar completamente de paisaje se puede conducir hacia el interior hasta Ojén, un pequeño pueblo blanco encajado entre las montañas. Una forma de terminar una jornada que empieza entre puestos, churros y productos locales y puede acabar mirando al Mediterráneo desde la costa malagueña.