Tras varios años instalado en México, Miguel Bosé ha comenzado una nueva etapa a menor distancia de España. El cantante ha trasladado su residencia al principado de Andorra junto a sus hijos Diego y Tadeo, preservando la privacidad que siempre ha procurado mantener en el ámbito familiar.
En concreto, el artista ha elegido Escaldes-Engordany como nuevo refugio. Se trata de una de las siete parroquias que forman Andorra y, al mismo tiempo, de una de las áreas residenciales más valoradas de este pequeño país enclavado en los Pirineos.
Según las últimas informaciones publicadas, Bosé habría optado por mudarse de la urbanización de Guem a la zona de Can Diumenge, otra zona tranquila, con poca densidad de viviendas y privilegiadas vistas a las montañas. Pero, al margen de la privacidad, Escaldes-Engordany guarda numerosos atractivos para una escapada.
Con cerca de 15.000 habitantes, la parroquia reúne aguas termales, una animada zona comercial, rincones históricos y un entorno natural que comienza prácticamente a las puertas de su núcleo urbano.
A ello se suma que parte de su territorio forma parte del valle del Madriu-Perafita Claror, reconocido como Patrimonio Mundial por la Unesco y uno de los espacios naturales y culturales más valiosos.
Aguas termales en pleno Pirineo
Escaldes-Engordany no se entendería sin sus famosas aguas termales. Los manantiales de agua caliente que emergen de su subsuelo han estado ligados durante siglos a la historia y al día a día de sus habitantes.
Con el paso del tiempo, este recurso natural también favoreció el desarrollo del turismo de bienestar. Su máximo representante es hoy Caldea, el conocido complejo termal cuya inconfundible torre acristalada forma ya parte del paisaje urbano de Andorra.
Un puente con siglos de historia
El pasado de Escaldes-Engordany también aparece en algunos de sus rincones más antiguos. Uno de los más interesantes es el puente de Engordany, que atraviesa el río Valira d'Orient en pleno centro de la parroquia.
La construcción que puede contemplarse actualmente data de 1785, después de que una riada destruyera el puente anterior en 1772. Cuenta con un único arco de medio punto y una curiosa estructura asimétrica adaptada al desnivel existente entre sus dos extremos.
Puente de Engordany.
Durante mucho tiempo fue una pieza esencial para comunicar los antiguos núcleos de Escaldes y Engordany. En la actualidad se integra en uno de esos recorridos que permiten descubrir con calma la arquitectura y el pasado de la parroquia.
Desde aquí, el paseo puede prolongarse hasta la iglesia de Sant Pere Màrtir, otro de sus edificios destacados, o continuar por las calles donde aún sobreviven pequeños vestigios de la Andorra más tradicional.
Compras, cultura y un paseo por Andorra
La vertiente más urbana del destino se concentra alrededor de la avenida Carlemany, uno de los grandes ejes comerciales del país. Convertida en buena parte en espacio peatonal, invita a recorrer tiendas, sentarse en sus terrazas o descubrir su amplia oferta de restauración.
La cultura también ocupa un lugar destacado en Escaldes-Engordany. Entre sus principales espacios se encuentra el Museo Carmen Thyssen Andorra, que acoge exposiciones temporales con obras pertenecientes a diferentes colecciones.
Uno de los atractivos de esta parroquia es precisamente ese contraste. En pocos minutos es posible dejar atrás las tiendas y cafeterías del centro para adentrarse en caminos rodeados de bosques y montañas en pleno paisaje pirenaico.
Un valle declarado Patrimonio de la Humanidad
Pero uno de sus mayores reclamos aparece al alejarse de las calles más urbanas. Una parte de Escaldes-Engordany se encuentra dentro del valle del Madriu-Perafita-Claror, incluido por la Unesco en la lista de Patrimonio Mundial en 2004 como paisaje cultural.
Montañas, bosques, caminos tradicionales, bordas y refugios dibujan un paisaje que permite comprender cómo las poblaciones de los Pirineos aprovecharon durante siglos los recursos naturales de este territorio manteniendo buena parte de su esencia.
Actualmente, el valle es además uno de los grandes escenarios para practicar senderismo en Andorra. Sus diferentes itinerarios atraviesan prados, bosques y zonas de alta montaña, ofreciendo opciones de distinta dificultad para adentrarse en su naturaleza.
Qué visitar cerca de Escaldes-Engordany
Entre las excursiones más conocidas de los alrededores destaca el lago de Engolasters, situado a más de 1.600 metros de altitud. Rodeado de montañas y vegetación, es uno de los lugares más agradables para visitar durante los meses de verano.
Desde esta zona parten diferentes senderos para conocer el entorno sin prisas y conectar con otros caminos cercanos. Para quienes prefieran un recorrido más accesible, el Camí de les Fonts propone un paseo entre vegetación, fuentes y varios puntos panorámicos sobre el valle.
Lago Engolasters en Andorra .
También existen otras rutas que comienzan cerca de Escaldes-Engordany y permiten internarse poco a poco en algunos de los paisajes más tranquilos y menos urbanizados de los Pirineos andorranos.
Todo este entorno demuestra que la parroquia tiene mucho más que ofrecer que las compras o el esquí, dos de los atractivos que tradicionalmente han estado más asociados a Andorra.
Aguas termales, patrimonio histórico, rutas de montaña y un paisaje reconocido por la Unesco se concentran así en el rincón del Principado que Miguel Bosé ha escogido para iniciar esta nueva etapa.
