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Encontrar una escapada diferente en España no resulta complicado. De norte a sur, el país esconde destinos para prácticamente cualquier época del año, presupuesto o forma de viajar. Pero cuando el objetivo es reunir naturaleza, descanso e historia en un mismo lugar, el Valle de Ambroz guarda una opción especialmente interesante.

Allí, al norte de Cáceres, se encuentra un pequeño pueblo perfecto para descubrir este mes de septiembre. Su atractivo no termina en el paisaje que lo rodea. Baños de Montemayor es conocido por unas aguas termales aprovechadas desde tiempos romanos y que, siglos después, continúan atrayendo a visitantes que llegan desde diferentes partes del mundo.

La historia termal de Baños de Montemayor se remonta a casi 2.000 años atrás. Sus aguas proceden de dos manantiales y presentan una composición mineromedicinal que ha marcado la identidad de esta localidad durante siglos.

Fueron los romanos, grandes aficionados a las termas como espacios para el cuidado del cuerpo y la vida social, quienes aprovecharon estos manantiales y dejaron aquí algunas de las primeras instalaciones vinculadas a los baños. De hecho, el Balneario de Baños de Montemayor y sus termas romanas están declarados Bien de Interés Cultural (BIC) desde 1995.

El paso del tiempo ha modernizado el complejo, pero todavía se conservan antiguas piscinas romanas, convertidas en uno de los elementos más singulares de este histórico balneario.

Sus aguas emergen a unos 43 grados de temperatura y contienen diferentes minerales. Tradicionalmente, han sido utilizadas en tratamientos relacionados con dolencias reumáticas, respiratorias y dermatológicas.

Esta tradición termal ha hecho que el nombre de Baños de Montemayor permanezca estrechamente unido al bienestar y al descanso, convirtiendo su balneario en uno de los grandes reclamos de la localidad.

Entre historia y bienestar

El complejo actual consigue hacer convivir ese pasado milenario con instalaciones adaptadas al turismo termal moderno. A las piscinas históricas se suman circuitos termales y diferentes espacios dedicados a la relajación.

También dispone de tratamientos de hidroterapia, masajes y zonas de agua donde disfrutar de los beneficios de los manantiales de una forma mucho más pausada.

A ello se añaden espacios destinados a terapias respiratorias y otras instalaciones para completar la experiencia. El complejo cuenta asimismo con zonas exteriores que permiten aprovechar los días agradables que todavía deja esta época del año.

En pleno Valle del Ambroz

Baños de Montemayor tiene además otro atractivo: su ubicación junto a la Vía de la Plata, una histórica vía de comunicación cuyo trazado atraviesa esta parte de Extremadura y que permite acercarse al pasado de la zona.

Fuera del casco urbano, el paisaje toma el relevo. El pueblo está rodeado de montañas y vegetación, convirtiéndose en un buen punto de partida para combinar una jornada de balneario con turismo rural.

Cascada en el Valle de Ambroz iStock

El Valle del Ambroz muestra una de sus caras más bonitas durante el otoño. Castaños y robles cambian el verde por amarillos, ocres y tonos rojizos que transforman los bosques de los alrededores.

Quienes prefieran una escapada más activa encontrarán también rutas para caminar, recorrer en bicicleta o descubrir a caballo, con la cercana Sierra de Béjar formando parte del paisaje.

Un pueblo con patrimonio

Más allá de las termas, merece la pena reservar tiempo para caminar por Baños de Montemayor. Entre sus monumentos sobresale la iglesia de Santa María de la Asunción, uno de los edificios históricos más destacados de la localidad.

Levantada entre los siglos XVI y XVII, sobresale especialmente por su torre de sillería. El templo fue declarado Monumento Histórico-Artístico en 1982 y forma parte del patrimonio protegido del municipio.

Iglesia de Santa María, en Baños de Montemayor. iStock

Otra parada es la iglesia de Santa Catalina, cuyos orígenes se remontan al siglo XV. El antiguo templo tiene actualmente un uso cultural como auditorio y espacio para exposiciones.

El recorrido puede terminar simplemente perdiéndose por sus calles, entre casas de piedra y balcones de madera que conservan parte de la arquitectura tradicional serrana. Una última imagen que ayuda a entender por qué aquí la historia no se limita únicamente a sus famosas aguas termales.