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Los mercadillos semanales continúan siendo mucho más que un lugar donde llenar la cesta de la compra. En algunos pueblos, comprar directamente a los productores sigue formando parte de una tradición que reúne a vecinos, agricultores y visitantes alrededor de los sabores de cada temporada.

Así ocurre cada lunes en Gernika-Lumo (Bizkaia). Desde primera hora de la mañana cerca de un centenar de productores de la comarca de Busturialdea ocupan el mercado de la localidad con frutas, verduras, quesos, flores y otros productos llegados directamente del entorno.

La actividad comienza alrededor de las 9:00 horas. Las mesas se llenan poco a poco de género recién traído de huertas y caseríos cercanos, mientras los primeros compradores recorren los puestos hasta aproximadamente las 13:00 horas.

La oferta cambia además al ritmo de las estaciones. En verano destacan los pimientos de Gernika, tomates y frutas, mientras que el otoño trae setas y la primavera, espárragos y endivias. Con el frío llegan calabazas, puerros, acelgas, berzas, manzanas o pimientos choriceros. Una variedad que convierte este mercado en un escaparate de productos de proximidad y kilómetro cero.

Pero el lunes en Gernika nunca ha consistido únicamente en comprar. Durante generaciones, este día servía también para encontrarse, conversar y ponerse al día con quienes llegaban desde diferentes puntos de la comarca, una función social que todavía se percibe entre sus puestos.

Más de 650 años de historia

Para encontrar el origen de esta costumbre hay que viajar hasta 1366. La carta fundacional de la villa ya concedía entonces permiso para organizar un mercado semanal, aunque originalmente se celebraba los miércoles.

Desde entonces ha cambiado su ubicación y ha sobrevivido a siglos de transformaciones. También fue testigo de uno de los episodios más dolorosos de la historia de la localidad: el bombardeo del 26 de abril de 1937 y la posterior reconstrucción.

El recinto actual abrió sus puertas en 1991 y continúa manteniendo viva una tradición comercial con más de seis siglos a sus espaldas.

Además, entre junio y diciembre, el primer sábado de determinados meses llegan mercados monográficos dedicados a productos como el queso Idiazabal, el txakoli de Urdaibai, el pimiento de Gernika o el bacalao.

El pueblo que inspiró a Picasso

La visita permite también descubrir una localidad inevitablemente ligada a la memoria. El bombardeo de 1937 inspiró a Pablo Picasso para crear Guernica, una de las obras más conocidas del siglo XX y convertida en símbolo contra los horrores de la guerra.

En el centro puede contemplarse una reproducción cerámica del cuadro, mientras que el Museo de la Paz permite profundizar en lo ocurrido y en sus consecuencias para la población.

Otro lugar fundamental es la Casa de Juntas, construida en el siglo XIX. En sus jardines se encuentra el Árbol de Gernika, el roble que simboliza las libertades y las instituciones históricas vascas.

Arte entre los árboles

Muy cerca aparece el Parque de los Pueblos de Europa, un espacio verde donde el arte contemporáneo se mezcla con hayas, robles y pequeños senderos.

Aquí se encuentran obras como Gure Aitaren Etxea, de Eduardo Chillida y Large Figure in a Shelter, de Henry Moore, incorporando otra perspectiva al recorrido por la localidad.

Casa de Juntas y árbol de Gernika. iStock

También merece una parada la iglesia de Santa María y para quienes quieran conocer con mayor profundidad la cultura vasca, el Museo de Euskal Herria, instalado en el barroco Palacio Alegría.

Gernika se encuentra, además, en plena Reserva de la Biosfera de Urdaibai, con Mundaka, Bermeo y algunos de los paisajes más especiales de la costa vasca a pocos kilómetros.

Así, acercarse un lunes permite empezar la mañana entre verduras recién recogidas, quesos y flores y terminar recorriendo algunos de los escenarios que explican la historia de Gernika. Pocas compras semanales pueden presumir de más de 650 años de memoria detrás de sus puestos.