Marc Cucurella afronta una nueva etapa profesional que también implica cambios fuera del terreno de juego. Con su llegada al Real Madrid, el futbolista y su familia preparan su instalación en la capital, donde ya son muchos los medios que lo sitúan en Boadilla del Monte como uno de los posibles lugares elegidos para establecer su nueva residencia.
Con más de 60.000 habitantes y situado al oeste de Madrid, el municipio se ha convertido en una de las zonas residenciales más apreciadas del entorno de la capital. Allí se encuentra Las Lomas, una extensa urbanización formada por viviendas unifamiliares independientes y grandes parcelas que ha atraído durante años a personalidades del deporte, la música y el mundo empresarial.
Pero más allá de sus urbanizaciones exclusivas, Boadilla del Monte ofrece suficientes argumentos para plantear una escapada desde Madrid. Palacios del siglo XVIII, construcciones con siglos de historia y cientos de hectáreas de naturaleza permiten descubrir un municipio que guarda una cara muy diferente a la de sus modernas zonas residenciales.
Un palacio del siglo XVIII
El gran protagonista monumental de Boadilla es el Palacio del Infante Don Luis, una construcción del siglo XVIII estrechamente ligada a la historia de la localidad.
El edificio fue levantado por el arquitecto Ventura Rodríguez para Luis Antonio de Borbón, hermano de Carlos III. El infante estableció aquí su residencia y reunió a su alrededor una pequeña corte en la que tuvieron cabida artistas, músicos e intelectuales.
Palacio del Infante Don Luis.
El exterior resulta igualmente interesante. Los jardines históricos se organizan en diferentes niveles y ayudan a imaginar el carácter que tuvo la finca durante el siglo XVIII.
En sus inmediaciones aparecen además elementos vinculados al funcionamiento de la antigua propiedad, como el estanque, la noria y la Casa de Aves. El conjunto forma uno de los rincones con mayor personalidad de Boadilla y ha servido también como escenario para producciones audiovisuales.
Un paseo por el Boadilla más histórico
El Palacio del Infante Don Luis puede ser el punto de partida para continuar caminando por el patrimonio del municipio.
Uno de los edificios que merece una parada es el Convento de la Encarnación, fundado en el siglo XVII. El conjunto conserva diferentes dependencias religiosas y constituye otro testimonio de la importancia que alcanzó la localidad siglos antes de convertirse en uno de los grandes núcleos residenciales del oeste madrileño.
También destaca la iglesia de San Cristóbal, cuyos orígenes se remontan a la Edad Media y que conserva diferentes elementos correspondientes a las sucesivas etapas de su historia.
A ese recorrido se puede añadir la ermita de San Sebastián, una construcción mucho más sencilla que recuerda el pasado rural de un municipio cuya transformación urbanística se produjo principalmente durante las últimas décadas.
El resultado es un pequeño itinerario histórico que contrasta con las amplias avenidas y urbanizaciones que hoy caracterizan otras zonas de Boadilla.
Más de 700 hectáreas de naturaleza
Uno de los aspectos menos conocidos de Boadilla del Monte aparece cuando se abandona su casco urbano. El municipio conserva más de 700 hectáreas de espacios forestales, con el encinar mediterráneo como uno de los paisajes predominantes. Esta superficie verde permite realizar rutas a pie o en bicicleta sin necesidad de alejarse demasiado de Madrid.
Encinas, matorral mediterráneo y caminos de tierra forman un paisaje especialmente agradable durante la primavera y el otoño, cuando las temperaturas permiten recorrerlo durante varias horas.
La cercanía del entorno del río Guadarrama amplía además las posibilidades para quienes quieran dedicar la escapada principalmente a la naturaleza. La combinación de bosque mediterráneo y cursos fluviales convierte esta zona del oeste madrileño en una alternativa para desconectar del paisaje urbano.
Una parada para disfrutar de la gastronomía
La transformación de Boadilla durante las últimas décadas también se aprecia en su oferta gastronómica. El municipio cuenta actualmente con restaurantes de estilos muy diferentes, desde establecimientos de cocina tradicional hasta propuestas internacionales.
Una de las zonas más atractivas para terminar el día es precisamente el entorno del Palacio del Infante Don Luis. Al caer la tarde, las fachadas históricas y los jardines crean un escenario especialmente agradable para pasear antes de sentarse a comer o cenar en alguno de los establecimientos próximos.
Para quienes busquen sabores más vinculados a Madrid, la cocina castellana sigue teniendo presencia, con carnes, guisos y platos contundentes especialmente apetecibles durante los meses más fríos.
