Durante diez días, uno de los rincones más emblemáticos de Castilla-La Mancha se transformará en un pequeño escaparate de oficios, creatividad y tradición.
Un lugar en el que todavía es posible detenerse frente a una pieza y descubrir que detrás de ella no existe una cadena de montaje, sino unas manos que la han creado.
Cerámica, cuero, bisutería, cuchillería, vidrio o textiles convivirán en una cita perfecta para quienes disfrutan descubriendo objetos diferentes y llevándose a casa algo que difícilmente encontrarán repetido en otro escaparate.
El plan tiene además otro atractivo: aprovechar el viaje para conocer una ciudad que suele pasar desapercibida frente a otros destinos españoles, pero que esconde galerías modernistas, parques inmensos, calles llenas de terrazas y una cultura gastronómica especialmente animada.
Hablamos de Albacete, que del 7 al 17 de septiembre celebra su tradicional feria de artesanía coincidiendo con los días grandes de la ciudad.
Un paseo entre piezas hechas a mano
La Feria de Artesanía de Albacete se instalará en los Ejidos del Recinto Ferial y reunirá a más de 55 puestos dedicados a diferentes disciplinas artesanas. El recorrido permitirá encontrar desde cerámica y marroquinería hasta bisutería, cuchillería, velas, bordados, textiles, vidrio y otras creaciones elaboradas artesanalmente.
Precisamente ahí reside parte de su encanto. Frente a los objetos fabricados en serie, aquí cada pequeña imperfección puede convertirse en una seña de identidad. Hay piezas decorativas, regalos, complementos y objetos cotidianos que recuperan técnicas y oficios transmitidos durante generaciones
La entrada es gratuita y puede convertirse en una parada dentro de una jornada dedicada a descubrir el ambiente de la Feria de Albacete, declarada de Interés Turístico Internacional.
Pero hay otro detalle que hace especial la visita. No solo merece la pena fijarse en lo que hay sobre los puestos. También conviene levantar la mirada. Y es que, el Recinto Ferial de Albacete fue construido en 1783 y está declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento.
Su peculiar arquitectura lo ha convertido en uno de los grandes símbolos de la capital manchega. Y lo mejor es que la escapada no tiene por qué terminar allí. El centro de Albacete guarda varios rincones que se pueden descubrir caminando y que justifican reservar unas horas más para perderse por la ciudad.
Qué ver en Albacete
Más allá de la feria, Albacete guarda rincones que invitan a prolongar la escapada. El más sorprendente es el Pasaje de Lodares, una elegante galería cubierta de hierro y cristal que recuerda a los grandes pasajes europeos y permite viajar a otra época en pleno centro de la ciudad.
Muy cerca aparecen la Calle Ancha, uno de los paseos comerciales más agradables y la plaza del Altozano, corazón de la vida albaceteña. La ruta puede continuar por el Museo Municipal de la Cuchillería y la Catedral de San Juan Bautista, dos paradas que permiten descubrir parte de la historia y la identidad de la ciudad.
Pasaje de Lodares, en Albacete.
Para alejarse durante un rato del asfalto está el parque de Abelardo Sánchez. Con unos 120.000 metros cuadrados de zonas verdes, fuentes y caminos arbolados, es el gran pulmón urbano de Albacete y alberga además el Museo de Albacete.
Cuando cae la tarde, las calles Concepción y Tejares toman el relevo con terrazas, tapas y un ambiente especialmente animado. Una forma perfecta de terminar una escapada que combina artesanía, patrimonio, gastronomía y paseos sin prisas.
