Publicada

Emilio Aragón ha pasado buena parte de su vida entre platós, escenarios y proyectos audiovisuales, pero existe un pequeño rincón de Asturias al que permanece especialmente unido. Se trata de Ceceda, una localidad del consejo asturiano de Nava con poco más de 400 habitantes, situada entre montañas, prados y construcciones tradicionales en plena Comarca de la Sidra.

El vínculo del actor, presentador y productor con este lugar llega a través de la familia de su mujer, Aruca Fernández-Vega Feijóo. Allí se encuentra Campuloto, una gran finca familiar que se ha convertido en punto de encuentro para celebraciones y reuniones de la familia.

La propiedad conserva buena parte de la estética de las grandes residencias rurales asturianas. En el centro aparece una casona de planta cuadrangular distribuida en dos alturas. Alrededor, el verde domina prácticamente todo el paisaje con las montañas dibujando el horizonte.

Ceceda, un pueblo sobre una colina

Para entender por qué este rincón resulta especial basta con recorrer Ceceda sin demasiadas prisas. El pueblo se encuentra elevado sobre una colina, a unos 250 metros de altitud, desde la que domina el entorno del río Piloña. Su posición permite contemplar un paisaje típicamente asturiano formado por pequeñas montañas, bosques, pastos y casas dispersas.

Ceceda pertenece al concejo de Nava, uno de los territorios que forman parte de la conocida Comarca de la Sidra. Sin embargo, aquí el atractivo no está en los grandes monumentos, sino en un conjunto rural donde aparecen hórreos, paneras, antiguas viviendas campesinas y elegantes casas levantadas por indianos.

Se cree, además, que el actual núcleo pudo desarrollarse sobre el emplazamiento de un antiguo castro, aunque uno de sus elementos más curiosos se encuentra precisamente a la entrada del pueblo.

Un puente que se creía medieval

El puente de Ceceda es uno de esos lugares cuya historia resulta más interesante de lo que aparenta a primera vista. Durante años, la tradición popular situó su origen en época medieval. Sin embargo, los trabajos de restauración realizados en 2011 permitieron estudiar con mayor detalle su construcción y localizar materiales relacionados con el siglo XIX y con el antiguo trazado ferroviario.

Este no es el único elemento patrimonial del pueblo. Ceceda conserva también la capilla de Santa Lucía, construida entre los siglos XVII y XVIII y especialmente interesante por los restos de pintura mural de su interior.

A ella se suma la iglesia de San Miguel, reconstruida después de la Guerra Civil, además de diferentes ejemplos de arquitectura popular repartidos por sus calles.

Entre hórreos y grandes casas de indianos

Uno de los mayores atractivos de caminar por Ceceda es precisamente esa mezcla arquitectónica.

Los hórreos y paneras recuerdan el pasado agrícola de la localidad y la importancia que estas construcciones tuvieron durante siglos para almacenar y proteger alimentos de la humedad y los animales.

Pueblo de Ceceda. iStock

Junto a ellos aparecen casas tradicionales y viviendas mucho más ornamentadas vinculadas al fenómeno de los indianos, aquellos asturianos que emigraron a América y, después de hacer fortuna, regresaron a sus pueblos de origen construyendo grandes residencias.

Entre las construcciones más interesantes se encuentra el conjunto relacionado con Juan Antonio Llamedo, donde aparecen elementos de inspiración modernista.

Todo ello convierte el paseo en una pequeña ruta por distintas etapas de la arquitectura rural asturiana, siempre con las montañas y los prados como telón de fondo.

Nava, territorio de sidra

Ceceda también es una buena puerta de entrada para descubrir Nava, cuya identidad está profundamente relacionada con la sidra.

El concejo reúne numerosos llagares y la bebida forma parte tanto de su gastronomía como de sus celebraciones. En el centro de la villa se encuentra el Museo de la Sidra de Asturias, dedicado a explicar todo el proceso que rodea a uno de los grandes símbolos gastronómicos del Principado: desde el cultivo de la manzana hasta el escanciado.

El recorrido por la villa permite descubrir también la iglesia parroquial de San Bartolomé y diferentes ejemplos de arquitectura de principios del siglo XX, como Villa Maximina, construida en 1925 y reconocible por su combinación de estilo montañés y elementos decorativos eclécticos.

Torazo, uno de los pueblos más bonitos de Asturias

La ubicación de Ceceda permite además organizar pequeñas excursiones por los pueblos próximos. Una de las más interesantes conduce hasta Torazo, en Cabranes.

Este pequeño pueblo fue reconocido como Pueblo Ejemplar de Asturias en 2008 y posteriormente pasó a formar parte de la asociación de Los Pueblos más Bonitos de España.

Torazo, Asturias. iStock

Su atractivo está en un casco rural que mantiene hórreos, casas tradicionales y antiguas residencias perfectamente integradas en el paisaje. En la parte alta se encuentra la iglesia de San Martín el Real, mientras que la capilla de Nuestra Señora de la Sienra aparece rodeada por vegetación.

También merece la pena acercarse al mirador de La Cotariella. Cuando el día está despejado, la mirada puede alcanzar las montañas que se levantan hacia el este de Asturias.

Espinaredo, un pueblo rodeado de hórreos

Otra escapada conduce hasta Espinaredo, ya en el concejo de Piloña. Esta pequeña localidad reúne una de las concentraciones de hórreos y paneras más interesantes del Principado.

Algunos ejemplares conservan varios siglos de historia y permiten entender hasta qué punto estas construcciones fueron esenciales en la vida cotidiana de las familias asturianas.

Espinaredo. iStock

El pueblo se extiende junto al río y está rodeado por montañas y bosques, por lo que la propia carretera para llegar hasta allí forma parte de la experiencia.

Desde esta zona parten además diferentes rutas hacia el interior de Piloña, convirtiéndola en una buena opción para quienes quieran combinar patrimonio etnográfico y naturaleza.

Ovín y las montañas de Peñamayor

Mucho más cerca de Nava se encuentra Ovín, una pequeña aldea que sirve como punto de acceso hacia el entorno de la Sierra de Peñamayor.

La montaña vuelve aquí a dominar el paisaje. Los caminos atraviesan prados y zonas forestales antes de ganar altura, ofreciendo diferentes panorámicas sobre los valles del centro-oriente asturiano.

Durante el otoño, estos montes son además uno de los escenarios donde puede escucharse la berrea del venado, uno de los grandes espectáculos naturales de la temporada.

Ovín cuenta también con una pequeña tradición quesera que completa la vertiente gastronómica de la escapada.