Hay quienes aprovechan sus días libres para descubrir nuevos destinos y quienes prefieren regresar a aquellos lugares con los que mantienen un vínculo especial. Roberto Leal pertenece a este segundo grupo.
El presentador de Pasapalabra nació en Alcalá de Guadaíra, una localidad sevillana situada a unos 15 kilómetros de la capital andaluza y estrechamente ligada a sus primeros pasos profesionales.
Antes de convertirse en uno de los rostros más conocidos de la televisión, comenzó su trayectoria en el periódico local La Voz de Alcalá. Posteriormente pasó por Radio Guadaíra y Tele Alcalá.
Su ciudad natal reúne además numerosos atractivos para una escapada. Un castillo medieval, históricos molinos harineros y un amplio entorno natural marcado por el río Guadaíra forman parte de su patrimonio.
La localidad dispone de alrededor de 150 hectáreas de zonas verdes y una extensa red de caminos y parques que permiten recorrer algunos de sus rincones más representativos.
Las raíces de Roberto Leal
Más allá de sus atractivos turísticos, Alcalá de Guadaíra mantiene un fuerte vínculo personal con Roberto Leal. Allí pasó su infancia y creció junto a sus padres antes de comenzar su trayectoria como periodista.
El presentador regresó años después a algunos de esos lugares en El camino a casa, de laSexta. El recorrido terminó en la vivienda en la que vivió durante su infancia, a la que volvió acompañado de su madre y donde recordó emocionado a su padre, que trabajó como albañil desde muy joven.
Su relación con la ciudad también queda reflejada en el propio callejero. Desde 2019, Alcalá de Guadaíra cuenta con una calle dedicada a Roberto Leal junto al Teatro Auditorio Riberas del Guadaíra.
Un castillo con siglos de historia
Uno de los grandes símbolos de Alcalá de Guadaíra es su recinto fortificado, levantado en un enclave ocupado desde mucho antes de la Edad Media y en el que se han encontrado restos arqueológicos de la Edad del Bronce.
Buena parte de la fortaleza comenzó a configurarse durante el periodo almohade, entre los siglos XII y XIII. Tras la conquista cristiana, Fernando III impulsó diferentes actuaciones sobre el conjunto.
Con el paso de los siglos perdió progresivamente su función defensiva. Ya durante el siglo XX, el recinto también acogió durante décadas celebraciones y acontecimientos populares de la localidad.
Dentro del entorno fortificado se encuentra el Santuario de Nuestra Señora del Águila, situado en uno de sus puntos más elevados. El templo conserva elementos arquitectónicos vinculados al siglo XIV.
Tras los daños sufridos durante la Guerra Civil, tuvo que ser reconstruido entre 1941 y 1942.
150 hectáreas de parques
El río Guadaíra es otro de los elementos que definen el paisaje de la ciudad. Sus márgenes permiten recorrer parques, senderos y antiguos molinos que recuerdan la importante tradición panadera de Alcalá.
Entre ellos se encuentra el Molino del Algarrobo, del que existen referencias documentales desde el siglo XV y que forma parte de la conocida ruta de los molinos.
Se trata de un molino hidráulico que aprovechaba la fuerza del agua para poner en funcionamiento las piedras utilizadas para moler el grano.
El entorno fluvial ofrece además largos paseos entre vegetación y diferentes zonas recreativas, convirtiéndose en uno de los espacios más característicos para conocer la localidad a pie.
Otros lugares que visitar
Otro de los puntos de interés es la ermita de San Roque, situada en el Monte Calvario. Construida en el siglo XVI y reconstruida posteriormente, desempeña un papel destacado durante la Semana Santa alcalareña.
También merece una visita la Plaza del Duque, reconocible por sus elementos ornamentales de cerámica, su fuente central y los bancos diseñados por Antonio Martín Bermudo.
A las afueras se encuentra el Palacio de Gandul, mandado construir por la familia Jáuregui a comienzos del siglo XVII después de adquirir el poblado en 1593.
La familia mantenía importantes negocios con las Indias y, en 1691, Carlos II concedió el título de marqués de Gandul a sus propietarios. El palacio es uno de los principales testimonios de este antiguo núcleo rural.
Para terminar el recorrido también se puede pasar por Cueva de la Zarzamora, establecimiento conocido por haber sido una de las primeras postrerías de Andalucía.
El local ocupa una casa del siglo XIX que antiguamente albergaba caballerizas de arrieros y que hoy conserva parte de esa singular historia mientras ofrece postres de autor.
