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Risto Mejide lleva años compaginando su faceta como presentador de televisión con otros proyectos profesionales. Una agenda intensa de la que trata de escapar siempre que puede viajando hasta uno de sus rincones favoritos del Pirineo catalán.

El presentador de Todo es mentira, de 51 años, encuentra esa tranquilidad en la Cerdanya, donde conserva una espectacular casa de montaña situada en un pequeño municipio de menos de 2.000 habitantes.

Rodeada de naturaleza y con las montañas como telón de fondo, la vivienda se ha convertido en uno de sus refugios particulares. Un lugar alejado del ritmo de la ciudad en el que puede disfrutar de la tranquilidad, la lectura y algunas de sus grandes aficiones.

La propiedad responde a la estética tradicional de las casas de montaña de esta zona de los Pirineos, aunque incorpora elementos contemporáneos. La piedra, la madera y las vigas vistas tienen un importante protagonismo en su diseño.

Su ubicación permite, además, que la vivienda mantenga una estrecha relación con el paisaje. Durante los meses cálidos predominan las vistas a las laderas verdes, mientras que en invierno la nieve transforma por completo el entorno.

Uno de los elementos más llamativos de la casa son sus grandes ventanales, que permiten contemplar las montañas desde diferentes estancias y hacen que la luz natural tenga un papel fundamental en el interior.

La vivienda está distribuida en varias alturas y cuenta con espacios amplios y abiertos. La decoración mantiene una línea sencilla, con colores neutros y materiales naturales que ayudan a reforzar la sensación de calma.

El salón es uno de los espacios principales. Se trata de una estancia de grandes dimensiones que se organiza en diferentes ambientes destinados al descanso, el comedor y la música.

En esta zona destaca una chimenea empotrada, que se integra en la arquitectura del salón y cobra especial importancia durante los meses más fríos del año.

Los sofás en tonos claros, los textiles neutros y las lámparas de luz cálida completan una decoración que huye de los excesos. El objetivo parece ser que las vistas y los materiales de la propia construcción sean los grandes protagonistas.

La música también ocupa un lugar destacado dentro de la vivienda. Junto a uno de los grandes ventanales se encuentra un piano negro, instrumento al que el presentador recurre para disfrutar de otra de sus aficiones.

La biblioteca

Si hay un espacio que refleja especialmente la personalidad de Risto Mejide es su biblioteca de dos plantas, uno de los rincones más singulares de toda la propiedad.

Los libros ocupan buena parte de las paredes gracias a unas grandes estanterías oscuras que se extienden prácticamente hasta el techo. En ellas reúne numerosos ejemplares que ha ido acumulando con el paso de los años.

Entre estos volúmenes también se encuentran sus propias publicaciones. Además de su trayectoria en televisión y publicidad, Mejide ha desarrollado una faceta como escritor que ha mantenido de forma paralela durante buena parte de su carrera.

La altura de las estanterías y la distribución del espacio convierten la biblioteca en algo más que una habitación destinada al almacenamiento de libros. Es uno de los lugares de la casa concebidos específicamente para la lectura y el descanso.

Esta combinación de libros, madera y vistas a la montaña encaja con el carácter de una vivienda pensada para pasar tiempo en el interior cuando las temperaturas del Pirineo descienden.

La conexión con el exterior, sin embargo, continúa siendo una constante. Los grandes ventanales permiten que el paisaje esté presente incluso en las estancias más recogidas de la casa.

El exterior

La propiedad cuenta también con una amplia zona exterior rodeada de césped y vegetación, que adquiere especial protagonismo durante la primavera y el verano.

Las terrazas disponen de distintos espacios destinados a comer, descansar o pasar tiempo al aire libre. La madera y las fibras naturales vuelven a ser los materiales predominantes en el mobiliario.

Uno de estos ambientes funciona como comedor exterior, con una gran mesa de madera desde la que disfrutar del entorno. A su alrededor se distribuyen otros rincones de descanso pensados para reuniones con familiares y amigos.

Pero uno de los elementos más llamativos de la finca es su piscina infinita. Su posición en uno de los extremos de la parcela consigue crear visualmente una continuidad entre el agua y el paisaje montañoso.

Las vistas cambian notablemente dependiendo de la estación. Mientras que en verano predominan el verde y los días despejados, durante el invierno las cumbres nevadas transforman el aspecto de todo el valle.

La casa se convierte así en un refugio que puede disfrutarse durante prácticamente todo el año, algo especialmente importante en una comarca que ofrece actividades muy diferentes dependiendo de la temporada.

Qué ver

La elección de la Cerdanya como lugar para disponer de una segunda residencia no resulta extraña. Esta comarca pirenaica destaca por sus paisajes, sus pequeños pueblos y las numerosas posibilidades que ofrece tanto en invierno como en verano.

La Cerdanya es, además, un territorio con una particular historia fronteriza. Tras el Tratado de los Pirineos de 1659, quedó dividida entre España y Francia.

La Cerdanya es un histórico valle natural de los Pirineos. E.E.

La Alta Cerdanya se encuentra actualmente en territorio francés, mientras que la Baixa Cerdanya pertenece a Cataluña y se reparte entre las provincias de Girona y Lleida.

Esta singularidad ha convertido a la comarca en un territorio en el que conviven influencias de ambos lados de la frontera y donde es posible desplazarse en pocos kilómetros entre localidades españolas y francesas.

Uno de sus lugares más curiosos es Llívia, un municipio español completamente rodeado por territorio francés. Esta peculiar situación geográfica tiene su origen precisamente en los acuerdos que establecieron la nueva frontera entre ambos países.

Más allá de esta particularidad, Llívia conserva diferentes lugares de interés histórico. Entre ellos se encuentran la torre de Bernat de So, su casco antiguo y los restos de su antiguo castillo.

También merece una visita Puigcerdà, capital de la comarca y uno de sus principales núcleos de población. Su posición próxima a la frontera francesa hace que sea uno de los puntos con mayor actividad comercial y turística de la zona.

Uno de sus espacios más conocidos es la plaza de Santa Maria, situada en pleno centro, desde donde se puede recorrer a pie buena parte del casco urbano.

El Museu Cerdà es otra de las visitas que permiten conocer mejor la historia y las particularidades de esta comarca pirenaica.

Naturaleza

Para quienes prefieren los planes relacionados con la naturaleza, la Cerdanya ofrece numerosas rutas de senderismo con diferentes niveles de dificultad.

Una de las cumbres más conocidas del entorno es La Tosa, situada a 2.536 metros de altitud y desde cuya parte superior se puede contemplar una amplia panorámica de los Pirineos y de buena parte de la comarca.

Los senderistas con mayor experiencia pueden afrontar diferentes itinerarios para alcanzar la cima. Una de las opciones parte desde la zona de Coma Oriola y permite realizar la ascensión a pie.

También existen alternativas para acercarse a las cotas más altas de la montaña sin afrontar una ruta tan exigente, aprovechando las instalaciones de las estaciones de esquí de la zona cuando se encuentran operativas.

Durante el verano, las montañas que rodean el valle se convierten en escenario para practicar senderismo, ciclismo y otras actividades al aire libre.

El invierno cambia por completo el tipo de turismo. La nieve pasa a ser la protagonista y las estaciones de esquí cercanas atraen a numerosos visitantes durante toda la temporada.

Dónde esquiar

Entre las estaciones más importantes del entorno se encuentra Masella, situada en la comarca de la Cerdanya y conocida por la variedad de sus pistas y por la posibilidad de practicar esquí nocturno en determinadas fechas de la temporada.

Muy cerca se encuentra La Molina, en el municipio de Alp, otra de las estaciones históricas del Pirineo catalán y uno de los principales destinos de nieve de Cataluña.

Ambas estaciones permiten combinar una jornada de esquí con visitas a algunos de los pueblos del valle, una de las razones por las que la comarca mantiene una notable actividad turística durante los meses más fríos.

Cuando desaparece la nieve, el paisaje vuelve a transformarse y las pistas y montañas dejan paso a rutas, excursiones y actividades en plena naturaleza.

Es precisamente esa capacidad de ofrecer planes durante las cuatro estaciones una de las características que explican el atractivo de la Cerdanya como lugar de descanso.

En este entorno de montañas, pequeños municipios y naturaleza, Risto Mejide ha encontrado su particular refugio, una casa en la que los grandes ventanales, la chimenea, el piano y su impresionante biblioteca de dos plantas acompañan unas vistas privilegiadas del Pirineo.