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Al sur de Pontevedra, donde el río Miño se abre camino hacia el Atlántico, hay un municipio que combina playas extensas, monte y un patrimonio que se remonta a los dólmenes prehistóricos.

Entre sus siete parroquias se reparten arenales conocidos por los bañistas, calas más recogidas y un puente medieval que todavía se cruza a pie.

Ese entorno, mitad costa y mitad interior verde, ha convertido a la zona en un destino habitual para quienes buscan playa sin renunciar a la tranquilidad.

A pocos minutos de Vigo, el paisaje cambia por completo: dunas, marismas protegidas y montes que en algún momento ardieron y hoy vuelven a estar cubiertos de vegetación.

Ese municipio es Nigrán, en la comarca del Val Miñor. Su parroquia de San Pedro de A Ramallosa conserva un puente de origen románico del siglo XIII que salva el río Miño y une Nigrán con el vecino municipio de Baiona, además de restos arqueológicos que van desde mámoas prehistóricas hasta vestigios de calzadas romanas.

Un municipio de playas, monte y patrimonio milenario

El territorio de Nigrán estuvo habitado ya en el Paleolítico, aunque fue en época medieval cuando sus parroquias crecieron y se fortificaron, bajo el control de distintos nobles y del Monasterio de Santa María de Oia.

La pesca y el comercio, favorecidos por la cercanía a Baiona y a Portugal, impulsaron la economía de la zona durante siglos.

Hoy el municipio combina ese pasado con algunos de los arenales más conocidos de las Rías Baixas, como la Playa América, con bandera azul, o la Playa de Patos, un referente para los surfistas.

En la desembocadura del Miño, el estuario de A Foz forma marismas y dunas declaradas espacio protegido, un contraste natural que se completa con pazos, iglesias medievales y petroglifos repartidos por todo el término municipal.

La Molinera, la parada gastronómica junto al río

En la parroquia de San Pedro de A Ramallosa, con Solete de la Guía Repsol, se encuentra el restaurante La Molinera, con una terraza sobre el río que, según la propia guía, se disfruta especialmente con la marea alta.

Su carta incluye platos como el entrecot de black angus a la brasa, la brocheta de rape y langostinos, el revuelto de pulpo con grelos y el atún a la brasa, con precios que van de los 6,90 a los 32,90 euros.

Quienes prefieran una opción cerrada pueden optar por su menú, que incluye entrante, plato principal, bebida, postre, café y licores.

Entre las reseñas de sus clientes se repiten los elogios al servicio rápido y amable, a la calidad de la comida y a las vistas desde la terraza.

El restaurante abre todos los días de la semana, tanto para comer como para cenar, de 13:00 a 16:00 horas y de 20:00 a 00:00 horas.