El final de agosto todavía guarda algunas de las fiestas más especiales del verano. Mercados al aire libre, gastronomía, música y calles engalanadas convierten durante unos días pueblos y ciudades en lugares donde apetece alargar las vacaciones un poco más.
Pero pocas celebraciones pueden presumir de llenar sus calles con cientos de miles de flores naturales. Este año, una localidad del norte de España volverá a hacerlo acompañando su fiesta más esperada con un mercado de artesanía a pocos pasos del Cantábrico.
Se trata de Laredo, en Cantabria, que celebrará su Semana Grande del 24 al 30 de agosto de 2026. Entre las propuestas estará su Mercado Artesanal, instalado en la avenida de España y la calle del Corregimiento.
Durante esos días, artesanos, creadores y comerciantes llenarán sus puestos de productos hechos a mano, complementos, decoración, artículos de autor y gastronomía, convirtiendo el paseo por el mercadillo en otro de los grandes atractivos de las fiestas.
Una batalla entre miles de flores
El momento más esperado llegará el viernes 28 de agosto con la Batalla de Flores, una celebración nacida en 1908 y reconocida como Fiesta de Interés Turístico Nacional.
Lejos de tratarse de una batalla convencional, aquí las protagonistas son enormes carrozas convertidas en auténticas esculturas florales. Este años está previsto que 14 creaciones monumentales recorran las calles entre miles de espectadores
Batalla de las Flores de Laredo.
El trabajo que esconden resulta difícil de imaginar hasta verlas de cerca. Y es que, cada carroza puede llegar a estar decorada con entre 150.000 y 180.000 flores naturales, colocadas una a una apenas unas horas antes del desfile.
Diseños cada vez más complejos, colores intensos y figuras de grandes dimensiones compiten por sorprender al público y al jurado. Mientras tanto, el confeti termina de envolver las calles en esa atmósfera festiva que caracteriza la jornada.
Una villa marinera única
La escapada permite, además, descubrir una de las villas marineras más conocidas de Cantabria. Entre el Cantábrico y las montañas del oriente de la región, Laredo conserva un pasado estrechamente ligado a la pesca y al mar.
Uno de sus grandes símbolos es la playa de La Salvé, un extenso arenal que acompaña buena parte del frente marítimo. Pasear por su orilla o recorrer el paseo marítimo al caer la tarde es un buen contrapunto al bullicio de las fiestas.
Muy cerca se encuentra el Parque de los Pescadores, donde diferentes esculturas recuerdan precisamente esa relación histórica de la localidad con los oficios marineros.
Un paseo por la Puebla Vieja
La cara más histórica aparece en la Puebla Vieja, el casco antiguo de Laredo. Sus seis antiguas rúas forman una pequeña red de callejuelas empedradas por las que merece la pena caminar sin demasiados planes.
En la parte alta sobresale la iglesia de Santa María de la Asunción, uno de los grandes monumentos de la villa y una parada imprescindible antes de continuar hacia la Atalaya.
Laredo.
También merece la pena acercarse al Fuerte del Rastrillar, parte del antiguo sistema defensivo levantado para proteger la costa. Desde esta zona elevada se abren algunas de las panorámicas más bonitas sobre el mar y la localidad.
El paseo puede continuar hasta el mirador de la Caracola, especialmente atractivo al atardecer, cuando el Cantábrico comienza a teñirse con los últimos colores del día.
Gastronomía frente al Cantábrico
La visita tampoco estaría completa sin acercarse a los sabores de Cantabria. El Mercado de Abastos permite descubrir productos locales, mientras bares y restaurantes mantienen una cocina muy ligada al pescado y al marisco.
Así, el Mercado Artesanal termina siendo mucho más que una excusa para ir de compras. Artesanía, gastronomía, playas y una de las fiestas florales más espectaculares de España se unen durante unos días en Laredo para despedir agosto entre flores y sabor a mar.
