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Ferran Adrià lleva más de cuatro décadas unido a uno de los rincones más especiales de la Costa Brava. El chef catalán, considerado uno de los cocineros más influyentes de las últimas décadas, reparte su tiempo entre Barcelona y Cala Montjoi, una pequeña ensenada situada en el municipio de Roses (Girona), donde conserva una vivienda y suele pasar parte del verano.

No es una elección casual. Fue precisamente en Cala Montjoi donde Adrià comenzó en 1983 su historia con elBulli, el restaurante que terminaría revolucionando la alta cocina internacional y que cerró sus puertas como restaurante en 2011. Décadas después, el cocinero continúa estrechamente vinculado a este paisaje situado dentro del Parque Natural de Cap de Creus.

A unos siete kilómetros del centro de Roses, Cala Montjoi ofrece una imagen muy diferente a la de las zonas más concurridas de la Costa Brava. Rodeada de montañas y vegetación mediterránea, su playa dibuja una pequeña media luna frente a un mar que adquiere intensos tonos azules y turquesas.

Calas de aguas turquesas y caminos frente al mar

Cala Montjoi se encuentra en un entorno especialmente atractivo para quienes prefieren descubrir la Costa Brava a pie. Una de las mejores opciones es recorrer los caminos de ronda, los históricos senderos que bordean diferentes tramos del litoral y permiten enlazar playas, calas y miradores.

Desde el entorno de Roses es posible avanzar por caminos que discurren junto a acantilados y vegetación mediterránea hasta descubrir pequeñas ensenadas alejadas de los grandes núcleos turísticos.

Cala Montjoi. iStock

La propia Cala Montjoi está rodeada por un paisaje donde los pinares prácticamente alcanzan el mar. Su arena gruesa y oscura contrasta con las aguas transparentes características de esta parte de Girona.

Además, al encontrarse dentro del Parque Natural del Cap de Creus, el entorno ofrece numerosas rutas para descubrir a pie un territorio marcado por el viento de tramontana, los acantilados y las peculiares formaciones rocosas que han dado fama a esta zona.

Uno de los paisajes más singulares

Continuando hacia el norte aparece uno de los lugares imprescindibles de cualquier recorrido por esta parte de la Costa Brava: el Cap de Creus.

Aquí, las montañas de los Pirineos llegan prácticamente hasta el Mediterráneo y forman un paisaje abrupto de pequeñas calas, paredes rocosas y miradores naturales. El viento y la erosión han ido dando formas especialmente llamativas a las rocas, creando un escenario que también tuvo una enorme influencia en la obra de Salvador Dalí.

Vista de la Costa Brava desde el Cap de Creus. iStock

Uno de sus puntos más reconocibles es el faro del Cap de Creus, levantado sobre un promontorio desde el que se obtiene una amplia panorámica del Mediterráneo y de la accidentada línea de costa.

El parque permite además seguir diferentes itinerarios de senderismo, aunque durante los meses de mayor calor es recomendable planificar bien las rutas y consultar previamente las posibles restricciones de acceso.

Cadaqués y Portlligat

A poca distancia de Cala Montjoi se encuentra también Cadaqués, uno de los pueblos marineros más conocidos de Cataluña.

Sus fachadas blancas, calles estrechas y pequeñas playas dibujan una de las estampas más reconocibles de la Costa Brava. Durante décadas, su particular ubicación atrajo a escritores y artistas, aunque el nombre inevitablemente asociado al municipio es el de Salvador Dalí.

Cadaqués. iStock

A unos pocos kilómetros del centro se encuentra Portlligat, donde el pintor estableció su residencia durante buena parte de su vida. Su antigua vivienda alberga actualmente la Casa Salvador Dalí y conserva los espacios en los que vivió y trabajó el artista.

La visita requiere planificación, ya que el acceso se realiza con aforo controlado y es recomendable reservar previamente.

Roses, mucho más que sus playas

Cala Montjoi pertenece al término municipal de Roses, una de las principales localidades turísticas del Alt Empordà y una buena base para conocer esta zona del litoral gerundense.

Su privilegiada ubicación en el golfo de Roses permite combinar las calas del Cap de Creus con un núcleo urbano que concentra restaurantes, comercios, puerto y extensas playas.

Desde Roses también se pueden realizar excursiones en barco para contemplar desde el Mediterráneo algunos de los rincones más difíciles de alcanzar por tierra. Una perspectiva diferente desde la que descubrir los acantilados y pequeñas calas que caracterizan este tramo de la Costa Brava.

Qué visitar cerca de Cala Montjoi

Para quienes quieran ampliar la escapada más allá de las playas, el interior del Alt Empordà guarda otros lugares que merecen una visita.

Uno de los más destacados es el monasterio de Sant Pere de Rodes, situado en la sierra de Verdera, en un enclave elevado con espectaculares vistas hacia el Mediterráneo. Sus orígenes se remontan a la Alta Edad Media y el conjunto constituye una de las grandes muestras del románico catalán.

Monasterio antiguo de Sant Pedro de Rodes en el Parque Nacional del Cabo de Creus. iStock

También merece la pena continuar hasta El Port de la Selva, un pequeño núcleo costero situado al norte del Cap de Creus que conserva un marcado carácter marinero y un puerto rodeado por las montañas.

Son lugares que completan una ruta en la que el Mediterráneo, el patrimonio y la naturaleza están prácticamente siempre presentes.

Cala Montjoi resume buena parte de esa Costa Brava más salvaje: aguas transparentes, acantilados, caminos junto al mar y pequeñas calas protegidas por las montañas. Un paisaje al que Ferran Adrià permanece unido desde que llegó a este rincón de Roses en 1983 y donde, más de cuatro décadas después, sigue encontrando uno de sus lugares favoritos para pasar el verano.