Pocas localidades gallegas pueden presumir de una relación tan estrecha con el mar como esta pequeña villa de las Rías Baixas. Aquí el Atlántico marca el paisaje, pero también la mesa, las costumbres y buena parte de una forma de vida que todavía conserva su carácter marinero.
Hablamos de O Grove, una península a la entrada de la ría de Arousa, en Pontevedra, donde las playas de arena fina conviven con puertos pesqueros, bateas, pequeñas calas y algunos de los restaurantes de marisco más conocidos de Galicia.
Su ubicación privilegiada ha hecho que este rincón sea uno de los destinos más atractivos para una escapada por las Rías Baixas.
O Grove.
A ello se suma un clima generalmente suave y una costa que permite alternar jornadas de playa con senderismo, paseos en barco y rutas gastronómicas.
Pero si existe un producto especialmente ligado al nombre de O Grove es el centollo. La riqueza de la ría de Arousa, la tradición pesquera de la zona y la actividad de su lonja han convertido a este crustáceo en uno de los grandes protagonistas de las mesas locales.
Una villa marinera para recorrer sin prisas
El corazón de O Grove sigue mirando hacia el puerto. Buena parte de la actividad cotidiana gira alrededor de este espacio y de su lonja, donde pescado y marisco recién llegados del mar pasan cada día por las subastas antes de terminar en pescaderías y restaurantes.
Muy cerca comienza un paseo marítimo de varios kilómetros que permite recorrer tranquilamente buena parte de la fachada costera. Por el camino aparecen la playa de Cofín, pequeñas esculturas vinculadas al mundo marinero y diferentes perspectivas sobre la ría.
Merece la pena, sin embargo, abandonar durante un rato el paseo y adentrarse entre las calles del centro. Casas tradicionales de piedra, pequeñas plazas, tabernas y restaurantes conservan esa imagen de la villa pesquera que continúa siendo uno de sus principales encantos.
Así lo resumen desde el canal de YouTube Viajando a nuestro aire: "En su casco viejo vamos a ver muchos restaurantes y bares de tapas", destacan. Precisamente la gastronomía es una de las mejores excusas para perderse por esta parte de la localidad.
Y precisamente opciones para probar el producto local no faltan. Desde el mismo canal recomiendan tres establecimientos para pedir raciones: O Chiringuito, O Peirao y Lavandeiro, tres nombres que encajan a la perfección en una ruta gastronómica por la localidad.
Además del centollo, las cartas están marcadas por productos como nécoras, percebes, almejas, vieiras, ostras, mejillones o diferentes pescados procedentes de las aguas gallegas.
El centollo, uno de los grandes tesoros
Hablar de O Grove significa inevitablemente hablar de marisco. La localidad mantiene una intensa tradición extractiva y su lonja ocupa un lugar destacado en la comercialización de algunas de las especies más apreciadas de las Rías Baixas.
Entre ellas sobresale el centollo capturado en la ría de Arousa, muy valorado por la calidad de su carne. Su presencia en restaurantes y marisquerías forma parte de la identidad gastronómica de una localidad que ha hecho del producto del mar uno de sus grandes reclamos.
Centollos.
Esta cultura marinera alcanza su máxima expresión con la Festa do Marisco, una de las celebraciones gastronómicas más conocidas de Galicia, que cada año convierte O Grove en punto de encuentro para quienes quieren descubrir el producto gallego prácticamente a pie de ría.
La experiencia también puede continuar sobre el agua. Desde el puerto parten embarcaciones que recorren la ría de Arousa y permiten acercarse a las bateas, las grandes plataformas flotantes utilizadas para criar mejillones y otros moluscos.
De La Lanzada a las Piedras Negras
Más allá de su gastronomía, la península guarda algunos de los paisajes costeros más atractivos de Pontevedra. Uno de los grandes protagonistas es el extenso arenal de A Lanzada, que supera los dos kilómetros y se abre directamente al Atlántico.
Su arena fina, las dunas y el oleaje la han convertido en un lugar especialmente apreciado para practicar surf y windsurf, aunque también resulta perfecta para caminar junto al mar o esperar a que llegue el atardecer.
La Ermita de Nosa Señora da Lanzada.
En uno de sus extremos aparece otro rincón cargado de historia: la ermita de Nosa Señora da Lanzada. El pequeño templo románico se encuentra junto a un enclave ocupado desde hace siglos y rodeado de antiguas leyendas.
Otra perspectiva completamente diferente aparece desde el monte Siradella, uno de los puntos más elevados de la península. Desde allí, la mirada alcanza la ría de Arousa, A Lanzada y buena parte de la línea costera que dibuja este extremo de las Rías Baixas.
Ría de Arousa desde Siradella.
También merece un lugar especial el Sendero de las Piedras Negras, en San Vicente do Mar. Sus pasarelas de madera avanzan junto al océano entre rocas redondeadas, vegetación y pequeñas playas de aguas transparentes.
El recorrido permite descubrir un litoral mucho más salvaje y tranquilo, especialmente fuera de los meses de mayor afluencia. En apenas unos kilómetros se suceden pequeñas calas donde el granito y el azul del Atlántico crean algunas de las imágenes más reconocibles de la zona.
Además, la costa de O Grove ofrece suficientes arenales como para dedicar varios días únicamente a descubrirlos. Cada tramo tiene un carácter diferente, desde playas abiertas al océano hasta pequeñas ensenadas protegidas de los vientos.
La isla de A Toxa
Basta cruzar el puente que parte de O Grove para cambiar nuevamente de escenario. Al otro lado espera A Toxa, una pequeña isla cuya historia quedó profundamente marcada por el descubrimiento y aprovechamiento de sus aguas y fangos termales.
A finales del siglo XIX comenzó a consolidarse como destino de descanso y salud, atrayendo a visitantes que llegaban atraídos por sus propiedades medicinales. Aquella tradición continúa actualmente en sus hoteles, balnearios y espacios dedicados al bienestar.
Isla de la Toxa.
Uno de sus rincones más curiosos es la capilla de San Caralampio, conocida popularmente como la capilla de las Conchas. Su fachada está recubierta por numerosas conchas de vieira, creando una imagen difícil de confundir con cualquier otro templo gallego.
La isla también cuenta con zonas verdes, campo de golf y la peculiar Aldea dos Grobits, un pequeño espacio inspirado en las construcciones fantásticas de El Señor de los Anillos que se ha convertido en una parada especialmente popular entre las familias.
Capilla hecha con vieiras en la Toxa.
O Grove reúne así muchas de las imágenes que explican el atractivo de las Rías Baixas: playas abiertas al Atlántico, senderos junto al mar, islas protegidas, puertos llenos de actividad y una gastronomía que difícilmente puede entenderse sin mirar primero hacia la ría.
Y quizá sea precisamente alrededor de una mesa donde mejor termine cualquier visita. Porque en esta villa pontevedresa el mar no solo se contempla desde la costa: también llega al plato en forma de mejillones, vieiras, almejas y, por supuesto, ese centollo que ha terminado convirtiéndose en uno de sus grandes emblemas.
