Barcelona es una ciudad de mercados. Desde los puestos gastronómicos más famosos hasta pequeños espacios donde comprar productos de proximidad, recorrerlos forma parte de la experiencia de cualquier visita. Sin embargo, hay uno que escapa por completo de lo habitual.
En el mercado al que queremos acercarte hoy no predominan las frutas, las flores, ni los productos gourmet. En su lugar aparecen lámparas centenarias, muebles de otra época, cámaras analógicas, vajillas olvidadas, ropa vintage, discos de vinilo y objetos imposibles de clasificar. Cada puesto guarda una historia diferente y nunca se sabe qué pequeño tesoro puede aparecer tras el siguiente pasillo.
Hablamos de Els Encants, también conocido como la Feria de Bellcaire, un mercado que lleva siglos reinventándose y que hoy continúa siendo uno de los lugares más singulares de Barcelona.
Más de siete siglos de historia
Pocas ciudades europeas pueden presumir de conservar un mercado con un origen tan remoto. Los primeros antecedentes de Els Encants se sitúan alrededor del siglo XIV, cuando a las afueras de la antigua muralla de Barcelona, comenzaron a reunirse vendedores especializados en objetos de segunda mano.
Aquellas primeras ventas tenían poco que ver con la imagen actual. Los artículos se colocaban directamente sobre el suelo y cualquier rincón al aire libre servía para improvisar un pequeño mercado. Esa esencia abierta, espontánea y cercana ha acompañado a Els Encants durante toda su historia.
Con el paso de los siglos, el mercado ha ido cambiando de ubicación al mismo ritmo que crecía la ciudad. Pasó por enclaves tan conocidos como la Plaza Nova, las Atarazanas, la Rambla o los alrededores del mercado de Sant Antoni hasta asentarse definitivamente en la plaza de las Glòries, donde continúa siendo un punto de encuentro para vecinos, coleccionistas y curiosos.
Una cubierta dorada
En 2013, Els Encants estrenó su imagen más reconocible. El mercado abandonó las antiguas instalaciones para instalarse en un edificio contemporáneo diseñado para mantener su carácter abierto sin renunciar a la comodidad.
Lo primero que llama la atención es su enorme cubierta de espejos dorados, suspendida a unos 25 metros de altura. Bajo ella, la luz cambia constantemente y el reflejo de los puestos, las personas y el cielo convierte el recinto en un escenario sorprendente.
Aunque la arquitectura es completamente actual, el espíritu del mercado sigue siendo el mismo. Más de 500 comerciantes llenan sus pasillos con antigüedades, muebles restaurados, libros, obras de arte, ropa vintage, objetos de decoración, herramientas, juguetes y piezas difíciles de encontrar en cualquier otro lugar.
Parte del encanto de Els Encants consiste precisamente en no ir buscando nada concreto. Hay quienes llegan con la intención de encontrar una cómoda antigua, una silla de diseño o una vajilla especial y terminan marchándose con un cartel esmaltado, una máquina de escribir o un vinilo que llevaban años buscando.
A lo largo de su historia, del mercado han salido piezas que hoy forman parte de colecciones privadas, museos y anticuarios. Por eso, muchos visitantes recorren sus pasillos con la sensación de que, en cualquier puesto, puede esconderse un hallazgo inesperado.
Negociar el precio, rebuscar entre cientos de objetos y conversar con los vendedores forma parte de una experiencia que conserva el carácter de los mercados tradicionales y que resulta cada vez más difícil de encontrar.
Las subastas marcan el ritmo del mercado
Uno de los momentos más especiales tiene lugar antes de que la mayoría de visitantes llegue. Los lunes, miércoles y viernes, a primera hora de la mañana, Els Encants celebra sus tradicionales subastas, una costumbre que se mantiene viva desde hace generaciones y que continúa siendo una de las pocas de estas características que sobreviven en Europa.
Coleccionistas, comerciantes y amantes de las antigüedades se reúnen para pujar por lotes de objetos cuyo contenido muchas veces solo se descubre al final. Es un espectáculo tan curioso como desconocido para muchos viajeros y uno de los elementos que hacen diferente a este mercado.
Mercado de les Encants.
La visita no termina cuando se dejan atrás los puestos. En el propio recinto hay cafeterías y pequeños espacios donde hacer una pausa mientras se contempla el ir y venir de compradores y vendedores.
Además, la entrada es gratuita, por lo que recorrer Els Encants se ha convertido en uno de los planes más recomendables para quienes buscan descubrir una Barcelona diferente, lejos de los itinerarios más habituales.
Qué ver cerca de Els Encants
Su ubicación permite completar la visita con algunos de los edificios más representativos de la Barcelona contemporánea. A pocos minutos a pie se encuentra la Torre Glòries, cuyo mirador ofrece una de las mejores panorámicas de la ciudad.
Muy cerca también está el Museu del Disseny de Barcelona, dedicado al diseño, la moda y las artes decorativas, además del Teatre Nacional de Catalunya y L'Auditori, dos de los grandes referentes culturales de la capital catalana.
Aunque muchos llegan atraídos por la posibilidad de encontrar una ganga o una pieza única, la verdadera magia de Els Encants reside en otra parte. En demostrar que algunos objetos nunca dejan de tener valor y que, entre cientos de puestos y miles de historias, siempre hay espacio para una segunda oportunidad.
