Menorca nunca ha necesitado parecerse a Ibiza. Mientras otras islas miden cada verano en aperturas multitudinarias, fiestas y nombres internacionales, ella ha seguido avanzando a su propio ritmo, más pendiente de lo que llega a sus puertos, de las huertas del interior y de una despensa marcada por lo que la hace única.
Esa discreción, lejos de dejarla atrás, empieza a jugar a su favor. La más tranquila de las Baleares atraviesa uno de sus momentos gastronómicos más interesantes, con nuevos restaurantes que se suman a una escena consolidada durante décadas por casas como Sa Llagosta, Café Balear, Smoix o Ses Forquilles.
Lo verdaderamente significativo es el perfil de quienes están eligiendo Menorca para comenzar una nueva etapa: cocineros procedentes de restaurantes reconocidos, jóvenes talentos de la isla y grupos locales que crecen sin perder de vista el producto ni el paisaje.
El antiguo jefe de cocina de El Poblet comienza de nuevo
La apertura que mejor representa este cambio se encuentra en Cala’n Bosch, dentro de Lago Resort Menorca. Allí, el valenciano Luis Valls ha iniciado una nueva etapa profesional al frente de Micat después de dirigir durante años la cocina de El Poblet, el restaurante de Quique Dacosta en Valencia distinguido con dos estrellas Michelin.
Luis Valls construye en Micat una cocina contemporánea ligada a la pesca de lonja y a la huerta menorquina
En lugar de trasladar a Baleares una réplica de su trabajo anterior, el cocinero ha apostado por un lenguaje propio alrededor del campo, la lonja y la memoria menorquina. El menú degustación, se presenta precisamente como un recorrido por la identidad, el paisaje y los recuerdos de la isla.
Los primeros aperitivos adelantan sus intenciones: un buñuelo de queso Cala Blau, un rubiol reinterpretado y una croqueta cremosa de carabinero de la zona, acompañados por pan artesano, aceite de oliva y mantequilla menorquina. Después llega un pequeño pícnic dedicado al tomate de ramellet, seguido de una berenjena blanca con pino mediterráneo.
El arroz de la tierra y la vaca vermella muestran la mirada de Micat hacia el interior de la isla
El recorrido continúa por el mar con el tartar de gamba roja al ajillo y mousse de erizos, y un suquet de salmonete al azafrán con hinojos de la huerta. El arroz de la tierra de Micat y la vaca vermella con bolets miran hacia el interior antes de llegar a los postres, donde los cítricos, la tonka y las diferentes texturas de chocolate toman el relevo. Este nuevo espacio supone el comienzo de una nueva etapa para Valls y demuestra que Menorca empieza a atraer proyectos gastronómicos con una ambición diferente.
Una Menorca reconocible, pero servida de otra manera
El nuevo momento gastronómico menorquín no se explica únicamente por los cocineros que llegan desde fuera. En el hotel rural Morvedra Nou, cerca de Ciutadella, José María Borrás dirige Aquiara, reconocido en 2026 con su primer Sol Repsol.
Su menú, titulado Mano a mano, comienza mucho antes de que el plato llegue a la mesa. La propuesta reivindica el trabajo conjunto de quienes siembran, pescan, recogen, cocinan y sirven, y convierte algunos de los productos y recetas más reconocibles de Menorca en un recorrido contemporáneo.
Aquiara ocupa uno de los espacios de Morvedra Nou, un hotel rural situado a pocos kilómetros de Ciutadella
La experiencia arranca con “La charcuterie de Aquiara”, formada por picaña, sobrasada, cuixot de lengua y carn i xua. Después llega un vermut propio acompañado de espuma de cereza y ralladura de limón negro, antes de detenerse en la oliaigua, aquí fermentada y servida con pescado curado en sal de Menorca y un cannoli de tomate y berenjena.
Uno de los pases más singulares está dedicado a las distintas edades del queso D.O. Mahón-Menorca. El recorrido comienza con cuajo de leche y caviar, sigue con queso tierno y anchoa y continúa con un semicurado acompañado de caldo de setas secas. El curado aparece en una elaboración mimética, mientras que el añejo se presenta dentro de un choux.
El menú Mano a mano de Aquiara reinterpreta productos y recetas reconocibles de la despensa menorquina
También el pan de xeixa encuentra su lugar junto al aceite de Morvedra, mantequilla de Es Mercadal, una terrina greixera de pie de cerdo y encurtidos de la casa. Después llegan platos como la fideuá de salicornia con ortigas de roca, higuera y yema de huevo, o los tradicionales caragols amb cranca convertidos en cappelletti.
El pescado salvaje se cocina a la brasa y se acompaña de sabayón al palo cortado, brioche de algas y foie gras elaborado con su propio hígado. Incluso la popular pomada menorquina aparece en formato postre en su “Pomada Pie”, una versión del lemon pie que cierra el círculo entre el recetario local y una cocina más técnica.
El sur se asoma al puerto de Mahón
En el puerto de Mahón, Jondo supone el primer proyecto completamente personal de Pruden Izquierdo. Gaditano de nacimiento y menorquín de adopción, el cocinero reúne aquí las diferentes etapas de su trayectoria: los sabores del sur, el pescado que llega a la isla y una manera de trabajar marcada por su admiración por la precisión japonesa.
El nuevo restaurante de Pruden Izquierdo se asoma al puerto de Mahón
Su cocina no busca una fusión sin sentido. Cádiz aparece en los aliños, los fritos y los recuerdos familiares. Japón, lo hace en el cuidado del corte, las maduraciones y el respeto por el producto. Menorca pone el pescado, el paisaje y el puerto frente al que se ubica esta ya codiciada terraza.
La txuleta de atún rojo de Jondo se sirve en carpaccio con ponzu de ajo frito y sus propias huevas
La carta se mueve entre bocados de raíz andaluza, pescados tratados con diferentes procesos de curación o maduración y piezas terminadas a la brasa. La corvina madurada, el pez espada ahumado acompañado de piriñaca o el sashimi de tarantelo de atún permiten entender mejor esa relación entre tres territorios que, sobre el papel, podrían parecer muy alejados. El restaurante aspira a convertirse en una casa a la que regresar, no en una experiencia reservada para una única noche de vacaciones.
Arroces y pescado de lonja con los pies en el agua
También los grupos nacidos en la isla continúan creciendo. Grup Ses Forquilles ha abierto Caladeru, su cuarto restaurante, en Cala Torret, en pleno Binibèquer. El nombre procede de los propios caladeros, el lugar donde los pescadores lanzan sus redes, y anticipa una carta centrada en el Mediterráneo que se extiende frente a la terraza.
El pescado depende de lo que llegue cada jornada a la lonja y la gamba roja menorquina se prepara a la brasa. Los arroces, herencia directa de la experiencia de El Rais en el puerto de Mahón, suponen el otro gran eje de la propuesta: pueden elaborarse con pescado del día, gamba de Menorca o bogavante y llegan a la mesa en formato para compartir.
Caladeru traslada a Cala Torret la cocina mediterránea y desenfadada del grupo menorquín Ses Forquilles
La carta es breve y cambia con el mercado y la temporada. También hay excelentes propuestas carnívoras como lomo o chuletón de vaca madurada, mientras que la bodega se inclina hacia vinos ligeros, minerales y mediterráneos.
Menorca sigue siendo la isla de la caldereta de langosta, el queso Mahón-Menorca, la sobrasada, la oliaigua y el pescado de primera. La diferencia es que ahora todos esos productos pueden aparecer en bocados muy distintos: dentro de un choux, versionados en una charcutería particular, acompañados por técnicas aprendidas en restaurantes con estrellas Michelin o servidos a la brasa junto al mar.
Entre todos ellos, están consiguiendo que Menorca sea algo más que una isla donde se come bien durante las vacaciones. Sin hacer demasiado ruido y sin adoptar los códigos de ninguna de sus vecinas, la más tranquila de Baleares comienza a tomar ventaja. Su nueva revolución sucede a la hora de sentarse a la mesa.
