En Marbella no basta con colocar unas hamacas frente al mar, servir buenos platos y confiar en que las vistas al mar hagan el resto. La ciudad se ha convertido en terreno de juego para grandes grupos internacionales, cocineros reconocidos y proyectos que aspiran a conquistar a un público muy acostumbrado al lujo.
El próximo en probar suerte será Fortune Family Group, la compañía londinense responsable de Lita, uno de los restaurantes que mejor ha sabido captar el momento gastronómico de la capital británica. Abierto en 2024 en Marylebone, consiguió su primera estrella Michelin menos de un año después.
Ahora el grupo mira hacia España con Cà Maréin, un club de playa gastronómico que abrirá este verano en plena Milla de Oro. Ocupará 600 metros cuadrados junto a la orilla y reunirá restaurante, bares, dos grandes terrazas y una buena colección de tumbonas situadas apenas unos pasos por encima del Mediterráneo.
Así será el nuevo Cà Maréin
La apertura será su primer proyecto en nuestro país, aunque no el último. Fortune Family prepara también la llegada de Lita Marbella y desarrolla nuevos conceptos en Londres mientras avanza con su expansión en Dubái, Hong Kong y Los Ángeles. Un crecimiento que, aseguran, pretenden abordar sin acumular aperturas indiscriminadamente.
"Nuestro objetivo es construir una cartera de marcas de hospitalidad reconocidas internacionalmente, cada una con su propia identidad y sentido de pertenencia al lugar", explican desde el grupo. Para formar parte de esa expansión, cada proyecto debe poseer "una identidad culinaria sólida, una ubicación con sentido y el equipo adecuado".
De Marylebone a la Milla de Oro
Fortune Family nació de la unión de varios empresarios con experiencia en restauración, desarrollo hostelero y negocios internacionales. Durante sus respectivas trayectorias trabajaron junto a cocineros, productores y operadores que les ayudaron a definir los pilares de la compañía que ellos resumen como "producto, liderazgo culinario, eficiencia y una experiencia capaz de permanecer en la memoria".
El punto de inflexión llegó con Lita. Su nombre procede de "abuelita" y resume valores como la familia, la generosidad, la tradición y el encuentro alrededor de una mesa. En su cocina mediterránea, el fuego acompaña a productos británicos como cigalas escocesas, pescados de Cornualles o codornices de Norfolk. "Lita representó la primera expresión completa de nuestra visión y nuestros valores", cuentan. La estrella Michelin validó el modelo, aunque consideran todavía más importante haberla mantenido: "Conservar esa distinción exige consistencia, disciplina y una cultura de la excelencia en todos los aspectos del negocio".
Lita London
El reconocimiento no ha cambiado su forma de medir el éxito. "Los premios nunca han sido nuestro objetivo principal. Queremos crear restaurantes con los que los clientes conecten de verdad y a los que regresen una y otra vez", sostienen desde Fortune Family. Marbella apareció en ese camino como una elección empresarial, pero también personal.
Los fundadores mantienen desde hace años una relación cercana con la región y consideran que la ciudad ha evolucionado hasta convertirse en uno de los mercados hosteleros más interesantes de Europa, sin perder por ello su conexión con el Mediterráneo.
"Establecernos en Marbella se sentía menos como entrar en un mercado nuevo y más como invertir en un destino que ya formaba parte de nuestra historia", afirman. La Milla de Oro, añaden, concentra los estándares de calidad, servicio y hospitalidad que buscaban para iniciar esta nueva etapa.
Una casa junto al mar
Cà Maréin no quiere definirse únicamente como un beach club. Su chef, el italiano Emanuele Pollini, prefiere hablar de "un destino junto al mar" en el que la playa y el restaurante sean distintas expresiones de una misma identidad y no dos negocios que conviven sin relacionarse.
"Quiero que la gente elija Cà Maréin Beach por las mismas razones por las que escoge un restaurante: porque aprecia su cocina, su atmósfera y la forma en la que le hace sentir", explica. Comida, servicio, diseño, música y ritmo compartirán, según Pollini, un mismo lenguaje.
Emanuele Pollini
La raíz del concepto se encuentra en su propio nombre. "Cà significa casa", aclara el cocinero. Su inspiración es la antigua vivienda de un marinero, siempre llena de vida, conversaciones y personas que entraban y salían mientras compartían el placer sencillo de encontrarse alrededor de una mesa.
Durante el día será un espacio abierto y en movimiento, conectado con el paseo marítimo y con distintas maneras de vivirlo desde la playa, las terrazas, el restaurante o las zonas de descanso. Al caer el sol, el ambiente se volverá más íntimo y romántico. "La idea es que cada hora revele una cara distinta de la misma casa", dice Pollini.
"Queremos que los invitados se sientan acogidos en lugar de impresionados, cómodos en lugar de intimidados". Toda una apuesta especialmente significativa en una ciudad acostumbrada a los despliegues escénicos.
Interior de Cà Maréin
El chef lo resume con una frase: "El lujo está hoy en todas partes. Lo que empieza a ser cada vez más raro es la autenticidad y la consistencia". Frente a los lugares elevados alrededor del espectáculo, ellos buscan provocar un sentimiento. "La verdadera elegancia es silenciosa. No necesita anunciarse ni llamar la atención".
Emilia-Romagna se encuentra con Andalucía
La cocina será el principal argumento para demostrarlo. Nacido en Cesena, Pollini pasó por restaurantes como Martín Berasategui y Maaemo antes de iniciar una estrecha colaboración con Carlo Cracco, dirigir proyectos en Milán y Moscú y abrir Pollini at Ladbroke Hall en Londres.
Marbella le resultó familiar desde su primera visita. El mar, las montañas, la luz y el clima le recordaron al paisaje de la costa adriática en la que creció. También descubrió paralelismos entre las cocinas populares de Romagna y Andalucía, dos territorios unidos por su relación cotidiana con el pescado.
"Muchas especies, sabores y tradiciones son sorprendentemente cercanos a aquellos con los que crecí", asegura. A esas coincidencias se suman las huellas de los intercambios culturales que han atravesado Andalucía durante siglos y que aportan especias, aromas y matices menos habituales en la cocina del Adriático.
Mesas en la terraza
Uno de los hilos conductores de la carta será un caldo rojo de pescado inspirado en el brodetto de Romagna. Será protagonista de distintas preparaciones y concentrará la filosofía del restaurante: sencillez, profundidad de sabor, respeto por la tradición y aprovechamiento de los pescados procedentes de la costa andaluza.
También habrá una lasagnetta de marisco y una amplia sección de crudos, carpaccios y tartares de pescado local acompañados por productos como bottarga sarda, cítricos y aceite de oliva. La parrilla de carbón se utilizará tanto para la captura del día como para piezas seleccionadas de vaca rubia gallega.
La pizza tendrá su espacio, aunque alejada del formato de una pizzería tradicional. Será fina, ligera y crujiente. Los postres recuperarán sabores reconocibles de Italia mediante helados recién hechos, tiramisú, elaboraciones de limón, cannoli sicilianos, cantucci y dulces de almendra. "No queremos hacer una interpretación nostálgica de la cocina costera italiana, sino una contemporánea, arraigada en la tradición, guiada por el mar y reforzada alrededor de un producto excepcional", explica el chef.
Una casa mediterránea
Cà Maréin aspira así a encontrar su sitio en Marbella sin competir por ser el establecimiento más ruidoso ni el que acumule más flashes. Fortune Family tiene otro indicador para decidir si el proyecto funciona: que sus clientes regresen hasta convertirlo en una parte familiar de sus vidas. "Si conseguimos que elijan volver no solo por la comida, sino porque se sienten reconocidos, bienvenidos y cómodos, lo consideraremos nuestro mayor éxito", concluyen.
