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Es sábado por la mañana y la cola frente a la boutique de lujo no es para conseguir el bolso más buscado de la temporada, sino para saborear un capuchino con el logo de la firma espolvoreado en cacao. En la era del clic rápido, donde comprar una prenda o un sérum desde el sofá apenas lleva treinta segundos, el comercio físico se enfrentaba a su mayor crisis de identidad.

¿La solución de la industria? Apelar a los cinco sentidos. Las marcas han descubierto que el antídoto más eficaz contra la frialdad del e-commerce no es un descuento, sino el café recién hecho, los dulces firmados por grandes pasteleros o la posibilidad de pasar un rato dentro de ese lugar muchas veces reservado a otros. Si internet ofrece el producto inmediato, la tienda física ahora te invita a sentarte y pertenecer a su club.

El objetivo ya no es únicamente que entres, compres y te vayas, sino aumentar el tiempo de permanencia creando un oasis sensorial. Se trata de una democratización brillante del estilo de vida de las marcas. Y es que quizá no todos puedan desembolsar miles de euros en una prenda de alta costura, pero una inmensa mayoría sí puede (y quiere) pagar una porción de tarta servida en una vajilla de diseño para sentirse parte de ese universo exclusivo.

Shiseido se adelantó más de un siglo

Mucho antes de que las firmas de moda descubrieran que un café podía resultar casi tan fotogénico como uno de sus bolsos, Shiseido ya servía helados y refrescos en Ginza. Lo hacía desde 1902, cuando abrió en Tokio una pequeña soda fountain inspirada en los establecimientos que comenzaban a triunfar en Estados Unidos. Allí sirvieron el primer Ice Cream Soda de Japón, una mezcla de helado artesanal, sirope y agua carbonatada en copa alta que fascinó a la alta sociedad tokiota. La idea, insólita entonces, terminaría convirtiéndose en uno de los pilares de la marca.

Shiseido recupera el espíritu de su histórica soda fountain con bebidas de fresa y una estética tokiota E.E

Más de un siglo después, el icónico edificio de Shiseido continúa siendo una de esas direcciones de Ginza a las que se puede entrar sin intención de comprar algo de belleza. Tras su fachada rojiza conviven una pastelería, diferentes espacios gastronómicos y restaurantes como Faro, además de la histórica Shiseido Parlour, convertida ya en toda una institución de la ciudad donde su clásico parfait de fresa o su legendario Omurice, una delicada tortilla que envuelve arroz, se sirven con toda la delicadeza nipona.

Las galletas Hanatsubaki de Shiseido Parlour reproducen la camelia de la firma y se guardan en codiciadas latas metálicas E.E

En sus vitrinas de la planta baja se alinean tartas, pequeños dulces y sus famosas galletas Hanatsubaki, unas piezas de mantequilla horneadas con el icónico relieve de la camelia —el emblema de la firma— y guardadas en preciosas latas metálicas de coleccionista. Todo está empaquetado con el mismo lujo con la que la firma presenta sus codiciados productos cosméticos. Todo parece formar parte de un lenguaje común y una idea muy japonesa de la belleza.

Permanecer dentro de la marca

A partir de aquí, fueron muchos los que se han ido sumando. El comercio físico lleva años buscando aquello que una compra a través de internet no puede ofrecer. Y algunas firmas de lujo han llevado esta idea hasta sus últimas consecuencias. En ciudades como París, Londres, Nueva York, Tokio o Seúl, las grandes boutiques incorporan restaurantes dirigidos por cocineros reconocidos, cafeterías que requieren reserva...

Maxime Frédéric transforma los monogramas y las flores de Louis Vuitton en esculturas de chocolate E.E

Louis Vuitton ha sido una de las casas que más ha explorado esta relación entre moda, viaje y gastronomía. Proyectos como su imponente LV The Place Seoul muestran hasta dónde puede llegar el modelo. En un mismo edificio que reúnen moda, exposiciones y alta cocina. Otro de sus espacios míticos está en París, en su espacio LV Dream, donde el maestro pastelero Maxime Frédéric convierte los icónicos monogramas y las flores de cuatro pétalos de la lona recubierta en delicados pasteles de praliné y chocolate que da pena comerse.

En el número 30 de Avenue Montaigne, Dior reúne alta costura y gastronomía bajo la dirección de Yannick Alléno E.E

Dior, por su parte, ha convertido su mítica sede del número 30 de la Avenue Montaigne en París en un destino de peregrinación donde la alta costura abraza la alta cocina. Bajo la batuta del chef Yannick Alléno, galardonado con una estrella Michelin por el restaurante Monsieur Dior, el espacio invita a degustar el archivo de la Maison. Desde un refinado brunch rodeado de naturaleza en Le Jardin hasta un café acompañado de su icónica repostería de autor.

Ralph’s Coffee ha convertido el verde oscuro, la estética preppy y el Polo Bear en una fórmula reconocible en todo el mundo E.E

¿Otro fenómeno global? El de Ralph's Coffee. Lejos de limitarse a Nueva York, Ralph Lauren ha exportado su estética preppy a ciudades como Londres, Múnich, Tokio, Hong Kong y Doha (además de sus recientes pop-ups en España como una croqueta foodtruck en La Roca Village). El éxito reside en la atmósfera que han creado con madera pulida, mármol y ese verde oscuro tan característico y en su menú, donde pedir la mítica tarta de zanahoria basada en la receta familiar del diseñador o un latte servido en una taza con el ya icónico Polo Bear.

Prada Caffè llevó a la mesa el verde, el damero y la atención al detalle que definen a la casa italiana E.E

Prada Caffè, instalado en Harrods entre 2023 y junio de 2026, trasladó a la mesa el verde de la firma, el suelo ajedrezado y hasta su vajilla. También cuenta con espacios permanentes en Seúl y Singapur. Pero el verdadero legado gastronómico del grupo está en Marchesi 1824, la histórica pastelería milanesa que Prada adquirió en 2014. Su panettone es el gran emblema navideño y, durante todo el año, destacan la Torta Aurora, los pequeños pasteles, chocolates y pralinés.

La Rose Agora convierte la rosa de Lancôme en un postre de chocolate blanco, almendra, vainilla y frutas de temporada E.E

El camino que abrió Shiseido lo continúan hoy otras grandes casas de belleza. En el número 52 de los Campos Elíseos, Lancôme ha concebido su Café de la Rose como un encuentro entre cosmética y alta pastelería. La propuesta dulce está ahora en manos de Étienne Leroy, campeón del mundo de pastelería y chef de Lenôtre. Su creación emblemática es la Rose Agora, una flor de pétalos de chocolate blanco que esconde crujiente y bizcocho de almendra, mousse de vainilla con agua de rosas y un corazón que cambia con las estaciones: pera y lichi en su versión original, y melocotón y lichi durante la primavera y el verano.

De todo el mundo a la calle Hermosilla

La fórmula hace tiempo que dejó de pertenecer exclusivamente al lujo. Zara inauguró su primer Zacaffè en Madrid dentro de su tienda de la calle Hermosilla, trasladando al gran consumo una estrategia que hasta entonces parecía reservada a las firmas más exclusivas. El espacio no se limita a colocar unas mesas junto a la zona de cajas. Su diseño dialoga con el edificio y con la ciudad mediante referencias neomudéjares, azulejos y tonos cálidos. La carta reúne café de especialidad tostado por Waco Coffee, flat white, matcha latte o golden milk, junto a croissants, palmeras y kouign-amann. Ahora suman otra dirección también en A Coruña.

La Cookie Pie XL resume el espíritu desenfadado y goloso de Brownie Coffee Club en Madrid E.E

A pocos metros, en Hermosilla 26, Brownie ha seguido un camino parecido con la apertura de Brownie Coffee Club. Su carta es de lo más apetecible y parece prolongar en la mesa el universo juvenil y colorista de la firma: Matcha Cloud con agua de coco, limonadas de fresa o mango y fruta de la pasión, strawberry matcha, cinnamon rolls de matcha y pistacho y una enorme Cookie Pie XL. Café de especialidad, repostería y un coqueto patio ajardinado casi secreto, hacen de la tienda un lugar idílico.

SNEAKS, dentro de la tienda insignia de HOFF, combina zapatillas, diseño, café y cultura urbana E.E

El modelo se repite en la gran tienda de HOFF de Velázquez, concebida no solo para exponer zapatillas, sino como un espacio social capaz de acoger talleres, cenas y colaboraciones temporales. Una de las últimas que entró en Sneaks fue la de Luna & Wanda, que instaló allí un rincón con café de especialidad, sus conocidas tartas de queso y La Dopamina, una creación de mango y fruta de la pasión inspirada en una colección de la marca.