Publicada

Treinta años después de una nueva etapa para la que hoy es una gran marca reconocida, su CEO, Enrique Valero, ha agradecido que esa abadía "lleve nueve siglos presidiendo la finca". Es una frase que ha repetido en los distintos encuentros de celebración que ha mantenido con accionistas, directivos, equipos, asesores y amigos.

El directivo siempre dice que el primer empleado de este mágico y mítico lugar fue el río Duero. Es el mismo que sigue regando las más de 700 hectáreas de las que surgen los caldos Abadía Retuerta y pone el marco natural a la abadía y al hotel de 30 habitaciones.

Durante las celebraciones, ha dejado clara una idea central. Esa de que él y su equipo no vinieron a Abadía Retuerta a vender habitaciones o vinos, sino a ser gestores de felicidad. Está claro que lo consiguen.

Lo que un día fue el lugar de residencia de decenas de monjes, hoy acoge a viajeros con la intención de desconectar en un entorno arraigado al río Duero. Abadía Retuerta

Mucho más que vino

En Sardón de Duero, a 30 minutos escasos de Valladolid y a dos horas (en coche) de Madrid, Abadía Retuerta Le Domaine es una oda a lo que comúnmente se conoce como territorio. Y este va más allá de los viñedos y el paisaje en el que se encuadran. Se extiende a su zona, a su provincia, a su Comunidad, Castilla y León de la que forma parte y a la que honra con su actividad económica y cultural.

En Abadía Retuerta se cultiva y se vendimia su reconocido vino. En Abadía Retuerta se disfruta de un restaurante estrella Michelin, Refectorio (por cierto, el mismo que lo fue para los monjes), que se surte del propio huerto y de proveedores de cercanía.

En Abadía Retuerta se sirven comidas y bebidas con servicios provenientes de localidades cercanas. Desde Abadía Retuerta se reconoce el valor del legado, ese que se respeta, se mima y se entrega al futuro.

En el corazón del Valle del Duero, Abadía retuerta elabora un vino muy aclamado por el sector. Abadía Retuerta

Por eso la celebración ha contado con quienes crean cada día el proyecto, con quienes crecen con él y lo hacen crecer, con quienes creen en él. Es su demostración de que, entre la excelencia de sus vinos y su capacidad de hospitalidad, las personas se sitúan en el vértice. Es la capacidad de crear valor construido sobre aquello que fue recibido.

En la celebración de este trigésimo aniversario ha quedado clara la pasión por construir un lugar que cada día es más sostenible. Y no solo desde el punto de vista medioambiental, sino también desde el social y cultural.

En las paredes levantadas hace 900 años, se sigue respirando tradición y cultura. Abadía Retuerta

Ninguno de los presentes ha podido abstraerse, por ejemplo, a la visión de un móvil de Manuel Marín en el jardín, ese escultor que tanto y bien fue inspirado por Calder o Miró. Se ha recordado así la apuesta de la empresa por el arte; no únicamente por el más establecido, sino igualmente por el contemporáneo.

Festejar estas tres décadas no es solo mirar hacia atrás. Es la celebración de una responsabilidad, esa de preservar lo que otros entregaron y que debe entregarse en una versión mejorada. Al fin y al cabo, eso es también el lujo.