O lo que es lo mismo, coherencia, entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace.

Esta es precisamente la generadora de credibilidad y confianza, que cuando se pierde se invierte el efecto y produce la desafección política que incluso puede alcanzar a la pérdida de garantías en el propio sistema.

Es ahí desde donde surgen los partidos políticos denominados antisistema, porque se abre una clara oportunidad para permeabilizar en la sociedad la idea de que la situación tiene que ser declarada como fallida.

La responsabilidad de los partidos alfa, con estructura, alcance e historia de gobernabilidad, y, porque no, también de oposición y, por tanto, de control y fiscalización, es mayor, porque del eje depende el equilibrio entre los populismos y las realidades tangibles.

A golpes con uno de los mayores problemas sociales, la vivienda, que ahora ocupa el número uno de la escalada de preocupaciones, nos encontramos entre titulares de listados de haberes varios y de brotes urbanísticos repartidos a diestro y siniestro que enmarca la situación en un espacio de incoherencias que no resuelven.

La viabilidad de las políticas a largo plazo, que son las resolutivas, surgen del diálogo y el consenso entre las mayorías, no referidas especialmente a los sumatorios parlamentarios, sino especialmente a las colectividades ideológicas, con el propósito de que la norma sea sostenible en el tiempo.

Semana y media de la convocatoria electoral, sin los quehaceres para dar solución, de momento al monotema de campaña, el que nos ocupa, la vivienda, pendientes de las caras de cartel.

Y en esto no son los partidos mayoritarios los que están generando grandes expectaciones, porque la mirada está puesta en la pluralidad de la izquierda, que, por otra parte, siendo sinceros, es ya todo un clásico.

El único que no juega esta partida es VOX, el partido que, en estos momentos, no requiere de anuncios de líderes por circunscripciones, le basta con el arrastre de la marca, son fases, y ahora es el relato del argumentario antisistema lo que cala en el votante desencantado que opta por la alternativa de la derecha, pero no en el Partido Popular, que hasta no hace tanto no tenía competencia en este espacio.

Todavía queda partido para superar primero los quienes, y después cuáles son sus posicionamientos en la intención de voto centrados en cada provincia, porque, para los números no hay que olvidar que la circunscripción única no es cosa de las Cortes Generales, donde tenemos tantas elecciones como circunscripciones demarcadas por las 50 provincias y las dos ciudades autonómicas, Ceuta y Melilla, cruciales en esta próxima convocatoria.