Cada 9 d’Octubre, los valencianos celebramos lo que somos: nuestra historia, nuestras tradiciones, nuestra lengua, nuestra cultura y ese sentimiento de pertenencia que nos une de norte a sur de la Comunitat Valenciana.
Es un día para mirar con orgullo a nuestra Senyera y recordar que formamos parte de una tierra que siempre ha sabido levantarse, trabajar y salir adelante, incluso ante las mayores adversidades.
Este año, además, conmemoramos el 750 aniversario de la muerte de Jaume I, una figura fundamental de nuestros orígenes y un legado que sigue vivo en nuestras instituciones y en nuestra manera de entendernos como pueblo.
Pero honrar nuestra historia exige algo más que recordarla: implica asumir la responsabilidad de decidir qué Comunitat Valenciana queremos dejar a quienes vienen detrás.
El orgullo de ser valencianos no puede quedarse únicamente en una celebración. Querer a nuestra tierra también significa defenderla, como hicieron nuestros antepasados, con coraje y dignidad.
Significa levantar la voz cuando no se nos escucha, exigir lo que nos corresponde y no aceptar que nuestros derechos y oportunidades queden supeditados a los intereses políticos de quienes gobiernan desde Madrid. Una posición que ha defendido Juanfran Pérez Llorca: una identidad valenciana que no necesita construirse contra nadie, pero que tampoco descansa.
Nuestra personalidad, nuestra historia y nuestras señas de identidad pertenecen al conjunto de los valencianos, no a ningún movimiento partidista. La Senyera, nuestras instituciones, nuestras tradiciones y nuestra lengua deben ser espacios de encuentro y nunca instrumentos de división.
Porque podemos sentirnos profundamente valencianos y plenamente españoles, sin renunciar a lo que somos ni a nuestra voluntad de formar parte de un proyecto común.
Mañana, 12 de octubre, celebraremos el Día de la Fiesta Nacional. Dos fechas, el 9 d’Octubre y el 12 de octubre, que nos recuerdan que nuestras raíces y nuestra pertenencia a España no se contradicen, sino que se enriquecen mutuamente.
Así lo expresa nuestro Himno cuando nos invita a "ofrendar nuevas glorias a España". Una declaración que refleja nuestra voluntad de formar parte de un proyecto compartido desde nuestra propia personalidad. Pero esa pertenencia también debe traducirse en un trato justo y en el reconocimiento de las necesidades de nuestra autonomía.
Y esa igualdad debe traducirse en hechos: en una financiación autonómica justa, en inversiones acordes con nuestras necesidades, en agua para nuestros agricultores, en infraestructuras que impulsen nuestra competitividad y en servicios públicos capaces de responder a las demandas de nuestros ciudadanos. No hablamos de privilegios ni de concesiones, sino de justicia.
La Comunitat Valenciana no pide ser más que nadie; exige que sus ciudadanos tengan las mismas oportunidades que los demás. Nuestro peso económico, social y poblacional debe verse reflejado en las decisiones del Estado. La lealtad a España no significa renunciar a nuestros intereses, sino defenderlos con la misma determinación con la que otros territorios defienden los suyos.
Detrás de estas reivindicaciones hay personas, familias y proyectos de vida. Hay pacientes que necesitan una sanidad a la altura de sus necesidades, familias que confían en sus colegios, jóvenes que quieren desarrollar aquí sus proyectos y municipios que necesitan recursos para ofrecer oportunidades a sus vecinos.
Hay agricultores, autónomos que cada mañana levantan la persiana y empresas que crean empleo. Por eso, la financiación y las inversiones no pueden quedarse en un debate de cifras y promesas: sus consecuencias se miden en la vida cotidiana de los valencianos, en la calidad de los servicios públicos y en la capacidad de nuestra tierra para generar prosperidad.
Por ello, no podemos conformarnos con buenas palabras ni con promesas que nunca terminan de convertirse en realidades. Necesitamos compromisos, partidas presupuestarias e inversiones. Precisamos de un Gobierno de España que entienda que la igualdad entre sus ciudadanos no puede quedar supeditada a acuerdos políticos puntuales ni a las necesidades parlamentarias de un presidente.
Debemos hacer valer nuestra posición desde la lealtad, el diálogo y la voluntad de entendimiento, pero también con firmeza, sin complejos ni ambages.
Defender los intereses valencianos no debilita el proyecto común; lo fortalece cuando se hace desde el respeto, la responsabilidad y la convicción de que ningún territorio debe quedar relegado por conveniencias políticas.
Las elecciones generales son una gran oportunidad para situar estas cuestiones en el centro del debate. Lo que se decide en Madrid afecta directamente a nuestros municipios, nuestras empresas y nuestros hogares. Por eso, debemos afrontar el momento con claridad, exigencia y sin complejos.
Ese es el valencianismo que defendemos: uno que no se limita a celebrar su pasado, sino que trabaja para mejorar la vida de los ciudadanos; que reclama igualdad, exige respeto y se niega a aceptar la resignación como respuesta. Un valencianismo integrador, orgulloso de sus raíces y convencido de que nuestra identidad debe servir para unirnos y avanzar, nunca para levantar fronteras entre nosotros.
El 9 d’Octubre y el 12 de octubre nos recuerdan de dónde venimos y el proyecto común del que formamos parte. Ahora nos toca decidir qué queremos legar a las próximas generaciones. No basta con recibir una tierra con historia, cultura, lengua e instituciones propias.
Tenemos el deber de trabajar para entregarles una Comunitat Valenciana más próspera, segura, abierta y llena de oportunidades. Respetar nuestro pasado, defender lo que somos y trabajar por aquello que merecemos. Ese compromiso está hoy en nuestras manos.
Nando Pastor es portavoz del PP en Les Corts Valencianes.
