En política, la credibilidad se cimenta en la capacidad de cumplir la palabra dada. Y si algo está caracterizando los primeros meses de Juanfran Pérez Llorca al frente de la Generalitat Valenciana es precisamente eso: la voluntad de transformar los compromisos en hechos.
Prometer solo aquello que se puede cumplir. Seis meses después de asumir la Presidencia, ha puesto en marcha el 63% de las medidas anunciadas en su discurso de investidura. De las 35 actuaciones comprometidas, 22 ya se han realizado y el resto están en marcha. Una combinación de gestión, firmeza y capacidad de diálogo que demuestra que no hacemos política ficción.
Hemos demostrado que el camino se hace andando, con paso firme y con rigor, dando futuro a nuestra tierra. Y el próximo lunes volveremos a comprobarlo con la reunión que mantendrá el president con el ministro Arcadi España, desde la convicción de que el diálogo y la defensa de los intereses de los valencianos están por encima de cualquier otra consideración. Será, a buen seguro, tan dialogante como persistente en la exigencia de un modelo de financiación justo, solidario y equitativo para cinco millones de ciudadanos.
Esa misma voluntad de cumplir es la que se refleja en unos Presupuestos para 2026 que vuelven a situar a las personas en el centro de la acción pública. Algo que debería ser normal en cualquier democracia, pero que en la España de Pedro Sánchez se ha convertido casi en una anomalía. Porque mientras esta Generalitat presenta por tercer año consecutivo unas cuentas, el Gobierno central es incapaz de aprobar unos nuevos Presupuestos Generales del Estado. Prórroga tras prórroga. Bloqueo tras bloqueo.
Dispondremos de unas cuentas públicas que ponen el foco en las políticas que más importan a los valencianos, destinando cerca del 80% de los 33.305 millones de euros al gasto social, concentrando la sanidad, la educación y los servicios sociales las principales partidas. Y no solo eso; detrás de estas cifras hay una forma de entender la gestión basada en la responsabilidad y el cumplimiento.
Resulta llamativo, por tanto, escuchar determinadas lecciones desde la izquierda. Porque mientras aquí debatimos inversiones, infraestructuras y protección para nuestra tierra, España atraviesa uno de los mayores procesos de deterioro institucional de las últimas décadas.
El sanchismo ha dejado de ser un proyecto político. Hoy es simplemente un mecanismo de supervivencia que solo gira alrededor de la permanencia de un hombre en el poder. Y mientras los valencianos esperan financiación e inversiones, el Gobierno sigue atrapado en una sucesión interminable de escándalos.
Frente a ese ruido hay una realidad incontestable. Cuando la riada golpeó a nuestra tierra y arrasó municipios enteros, los valencianos nos pusimos en pie, con nuestros propios recursos y gracias a la solidaridad de muchas personas. Los alcaldes se pusieron a trabajar, los funcionarios se pusieron a trabajar, los servicios de emergencia se pusieron a trabajar… Y la Generalitat Valenciana se puso a trabajar.
Hemos reconstruido colegios, recuperado centros de salud, reparado carreteras y recuperado infraestructuras esenciales. Hemos ayudado a miles de familias y lo hemos hecho, en gran medida, con el esfuerzo de esta tierra, prácticamente a pulmón.
Y seguimos esperando el mismo nivel de compromiso por parte del Ejecutivo de Sánchez. Seguimos esperando que los anuncios se conviertan en realidades. Porque las proclamas no protegen a nadie, las ruedas de prensa no evitan inundaciones y los titulares no salvan vidas. Lo que salva vidas son las inversiones, las infraestructuras y la planificación. Y precisamente por eso estos presupuestos son tan importantes. Frente a la política de la frase fácil, aquí hay hechos concretos.
Nuestras cuentas públicas representan, además, dos maneras completamente distintas de entender la política. La de quienes viven instalados en la prórroga constante, el tacticismo y la crisis permanente. Y la de un Consell que no pierde el tiempo, que reconstruye, invierte, planifica y gobierna. Mientras unos están ocupados intentando llegar vivos al siguiente titular, otros estamos ocupados en proteger a los valencianos.
Ya sabemos que el demonio nunca duerme. Seguro que a nosotros nos encontrará trabajando.
Verónica Marcos es diputada del Grupo Parlamentario Popular en Les Corts Valencianes
