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Buñol ha vuelto a teñirse de rojo un año más con la celebración de la edición número 79 de la Tomatina en el municipio valenciano de Buñol, una fiesta para la que han sido necesarias más de 150 toneladas de tomates, 30 más que en la edición anterior.

A las 11:59 horas de este miércoles, como marca la tradición, se dio inicio a la batalla de tomates más famosa del mundo, que colgó el cartel de completo.

En el centro de Buñol se dieron cita, un año más a unas 22.000 personas, el máximo aforo permitido por cuestiones de seguridad.

Como cada último miércoles de agosto, turistas de diferentes nacionalidades y buñoleros llenaron las calles desde primera hora de la mañana con el objetivo de participar en una fiesta que fue declarada de Interés Turístico Internacional en 2002.

Los participantes, muchos ataviados con gafas de bucear y enfundados en plástico, disfrutaron durante una hora de una batalla campal con esta fruta madura como munición.

Siete camiones fueron los encargados de repartir los tomates, procedentes de los campos de Don Benito (Badajoz). En uno de ellos, pudo verse al presidente de la Diputación de Valencia, Vicent Mompó, y el conseller de Infraestructuras, Vicente Martínez Mus, completamente cubiertos de tomate.

Mompó y Martinez Mus en un camión en la Tomatina este miércoles EFE/ Biel Aliño

Para esta edición, el Ayuntamiento ha querido que la celebración sea "un poco más accesible" y "abierta a todo el mundo", según afirmó el primer teniente de alcalde y concejal de la fiesta popular, Sergio Galarza, que señaló que participaron personas de todo el planeta: "australianos, americanos, japoneses, chinos y, ahora mismo, están viniendo mucho más de la India".

El tomate, de la variedad pera, se ha plantado exclusivamente para la Tomatina y no es apto para el consumo humano. "Ya vienen blanditos, tiene que haber un tipo de maduración para que cuando la gente lo coja, con solamente el gesto de apretar, se esclafe y se pueda lanzar sin ningún peligro", explicó.

Galarza resaltó que lo más especial de la Tomatina de Buñol es que, "después de 79 años, la gente del pueblo siga queriéndola y proponiéndola, porque al final todo el mundo que quiere colaborar entra y se le escucha".

La tomatina este miércoles en Buñol EFE/ Biel Aliño

"¿Cómo ha ido?", ha sido la pregunta más lanzada y que ha recibido multitud de respuestas, pero todas en la misma línea. "Ha sido divertido", comentaban unos participantes de Canadá, que se estrenaban en la fiesta según recoge Europa Press.

"Hay que venir a disfrutar y a llenarse de tomate. Quien venga a estar limpio, que no venga", comentaba otro grupo. Un joven de Valencia, que también se estrenaba en la fiesta, aseguraba que es una celebración de "categoría industrial".

Otro grupo, del sur de España, creen que la experiencia es "para repetir". "La fiesta es convertirse en una salsa de tomate y aceptarlo y sobrevivir".

Dos horas antes de la carcasa pirotécnica que marcaba el inicio de la batalla, los más atrevidos se animaron a escalar el palo jabón, un poste engrasado que se coloca en la plaza del municipio y que marca el inicio de la famosa fiesta, cuando se consigue el jamón atado en su parte más alta.

La espera, como no podía ser de otra manera, se amenizó con el típico almuerzo en la calle con bollos tradicionales de la zona, tortas saladas con embutidos como longaniza, chorizo y panceta.