Juanfran Pérez Llorca, en el Palau de la Generalitat.
Génova prevé ahora no ratificar a Pérez Llorca hasta que se celebren las generales tras el adelanto electoral
El PP se marca el objetivo de obtener 15 diputados pese a la situación en el partido. Susana Camarero se perfila como número uno por Valencia.
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Génova planea posponer todas los asuntos orgánicos pendientes tras la convocatoria de las elecciones generales, lo que incluye -pese a la excepcionalidad que se vive en la Comunitat Valenciana- la confirmación de Juanfran Pérez Llorca como candidato autonómico.
La decisión más previsible a ojos de la dirección nacional -y que genera un importante desconcierto en la organización valenciana- es la que se ha acabado cumpliendo. Algo que deja la ratificación del cabeza de lista a la Generalitat a las puertas de las elecciones autonómicas de mayo.
Con una celebración de comicios el 29 de noviembre y una posible conformación de Gobierno sobre enero, el nombramiento se podría posponer como pronto a febrero. Una situación equiparable, como muchos temían, a la de Alberto Fabra, quien fue señalado solo dos meses antes de los comicios de 2015.
La convocatoria de las generales retrasará previsiblemente, por ejemplo, los 21 congresos planeados para este otoño, según las fuentes consultadas. Ahora Génova se quiere centrar en la campaña y solo importa llegar a la Moncloa.
En ese listado de prioridades que realmente tiene únicamente una -la victoria de Feijóo-, los problemas de la Comunitat Valenciana pasan a un plano más secundario del que ya estaban. La ebullición en la que se encuentra el PPCV no parece importar demasiado y el líder del PP será capaz de hacer mítines en el territorio sin mucho miramiento sobre la fortaleza o debilidad de Pérez Llorca, que gobierna en uno de los principales graneros de voto para los populares en toda España.
El objetivo que se ha marcado el partido, de acuerdo con algunas fuentes, es el de llegar a los 15 diputados en el Congreso -actualmente tiene 13-. Sin embargo, entre las filas de la organización valenciana existe cierto escepticismo de que se logre sin un partido unido y fuerte. A ello se añade la necesidad de movilización interna para llenar plazas o auditorios, para lo que tampoco queda claro si la formación está del todo preparada en este momento.
Lo cierto es que los comicios estatales pillan a contrapié al PP valenciano, no solo con su líder autonómico sin ratificar como candidato, sino abierta en canal por el dosier de origen desconocido encargado para derribarle e incluso con peticiones de expulsión si se probara que fue confeccionado, ordenado o conocido por gente del partido.
Pese a esta situación enrevesada y seguida con preocupación en el PPCV, algunas fuentes señalan que la dilación hace más probable que la hoja de ruta natural se cumpla con Pérez Llorca y su candidatura esté salvada a tan pocos meses de elecciones.
"Quien moleste se retrata"
A ello añaden que los movimientos de confrontación serán mucho más seguidos -y anotados- desde la dirección nacional, que ahora pide unidad total ante la campaña. Como comenta algún cargo, quien moleste se retrata. Y esta vez ante Génova. Estará por ver si se logra cumplir con la tregua.
Lo que de manera inmediata se empezará a mover es la confección de las listas. En otra demostración -léase la ironía- de la autonomía de la que goza el PP valenciano, resulta reseñable no solo que esté dirigido por una gestora, sino la configuración del Comité Electoral.
Este órgano, el que se encarga de elaborar las candidaturas que posteriormente avala la dirección nacional, está presidido por Esteban González Pons, vicepresidente del Parlamento Europeo. Fue nombrado por Feijóo y no mantiene la mejor de las sintonías con Pérez Llorca.
Mientras se cierran los nombres de quiénes irán al Congreso, un perfil aparece como posible: el de Susana Camarero, vicepresidenta del Gobierno valenciano y consellera de Vivienda, como número 1 por Valencia.
Algunas fuentes señalan que desde hace tiempo su voluntad es regresar a Madrid pese a que se le ha incluido entre las quinielas para la candidatura a la Generalitat. Si finalmente ocurriera, el movimiento obligaría a reconfigurar el Gobierno valenciano por su salida.